¿Hay o no hay vida extraterrestre?

El gran problema de los defensores acérrimos de los extraterrestres en la Tierra es que se visten muy raro. No se trata de una cuestión científica sino de corte y confección. Entre los que testimonian que fueron abducidos y los peritos que dan pruebas o muestran videos todos movidos, siempre hay bufandas raras, moños y camisas estrafalarias. Ni hablar de los peinados estilo científico de Volver al futuro. Lejos de ser este un señalamiento discriminador, la observación apunta a que al creyente enfervorizado le hace falta trabajar el marketing para conseguir empatía.

El otro día en una cena uno de los comensales empezó con el tema ovni. No sé si estábamos conversando de gastronomía, política internacional o el Carrera de mente, él se limitó a enganchar el tema con los aliens.

–Ellos nos conocen más de lo que creemos– dijo.

No le preocupó quién lo escuchaba, y en cierta forma admiré el compromiso con su creencia, por más infundada que el resto de los que estábamos en la mesa pensáramos que era. En mi favor debo decir que lo escuché atentamente. Me gusta entender qué piensan los demás y por qué.
Según nos explicó, los extraterrestres son buenos y quieren ayudarnos, pero no se animan a bajar.

–Imaginate cómo nos ven de arriba, con las bombas atómicas, las hambrunas, las dictaduras y Donald Trump –comentó.

–¿Vos decís que sintonizan Canal 10 y ven cómo viene la gestión de provincia y municipio?

–Vos te reís, pero ya vas a ver. Ellos están entre nosotros.

Es probable que así sea. La justificación no es del todo descabellada. Nadie en su sano juicio, por más extraterrestre que sea, bajaría después de un viaje interespacial a un planeta con semejante hostilidad.

Ante el obvio requerimiento de la incredulidad, siempre se piden pruebas. Y entonces el tipo sacó el celular, preguntó la contraseña de wi-fi, y le dijo al teléfono que le buscara fotos de un alien muerto.

Entre los resultados aparecieron unos nabos en un cumpleaños disfrazados con cabezas enormes, también unas fotos en blanco y negro tipo ecografías, y Chiche Gelblum.

–¿Ves? Este de acá es un extraterrestre.

Me señaló la fotito de un cuerpo pequeño, semicarbonizado, en una mesa de autopsias. No tendría más de 30 centímetros de largo. Era cabezón. Me dio no sé qué.

–Lo encontraron (no sé dónde me dijo), en un accidente. Y en el Area 51 están probando sus tecnologías.

–¿Los del Area 51 son los mismos de Capilla del Monte?

Dudó. Calculo que no quiso parecer arrogante mostrándose como un doctor en ciencias totales.

–No te lo puedo asegurar. Lo que sí te puedo decir es que no hay nada más práctico para esconder un hecho que desacreditarlo, ridiculizarlo. A los yanquis que controlan el conocimiento sobre los extraterrestres les conviene que haya embusteros, videos dudosos y mucha información contaminada.

–Y Chiche Gelblum.

–Y Chiche –reconoció.

–O sea que vos decís que el contacto está hecho desde hace un montón y que no lo cuentan… ¿por qué?

–Porque no les conviene a las grandes corporaciones. Las empresas petroleras, las centrales nucleares, Epec y Ecogas, todos se quedarían sin trabajo. Los aliens tienen una tecnología que reemplaza todo eso y no hace falta contaminar nada.

–¿Sabés si van a hacer algo con el Itv y el Internet? El otro día le regalé un aguinaldo a esta gente.

–Vos te reís, pero en el fondo, el problema es económico. A los tipos que están en los sillones importantes no les conviene.

–¿En materia de salud traerán algo? –pregunté con total franqueza. Hay un montón de porquerías contagiosas dando vueltas.

–La salud va a ser una cosa del pasado. Estos tipos pueden curar cualquier cosa.

Me quedé pensando en el bichito rostizado en la mesa de autopsias.

–¿No tendría que pagar más el Apross si vienen?

–No se pagará más nada.

Cómodos planes extraterrestres
“Las enfermedades serán cosa del pasado, como los vehículos tracción a sangre y las inyecciones en los brazos”, comenzó a enumerar tomando uno a uno los dedos de su mano. “¿Enfermedades terminales, escorbuto? Tachadas para siempre”.

–¿Cómo va a ser el sistema de transporte? Los colectivos andan como la mona. Y un taxi sale un ojo de la cara.

–No te sé decir puntualmente, pero si se eliminan los hidrocarburos y la industria petrolera, todo va a estar mejor. ¿Vos te creés que estos bichos viajaron todo lo que viajaron usando nafta súper?

Recordé el precio del litro y evidentemente no me cerraron las cuentas.

–Lo más importante para las empresas es dominar todo, controlar a las personas, mantenerlas en un estado de necesidad permanente.

–¿El capitalismo souvage?

–Claro.

–¿Los alien son socialistas?

–No. Los aliens sólo valoran la vida, la simpleza y la conexión con las energías del universo.

–Si a eso le sumás que son pelados, me estás describiendo a un hare krishna.

–Vos te reís, pero el desenlace de esto va a ser peligrosísimo.

–Jodeme. ¿Por? –inquirí haciendo equilibrio con un hilo de queso que se salía de la pizza.

Según la teoría conspirativa de mi desburrador, a las grandes corporaciones con acciones en la bolsa les conviene reinar sobre un clima de conflicto. Y les conviene que haya guerras, enfermedades y gobiernos de derecha. En el quilombo se benefician.

Los extraterrestres hippies son una amenaza porque vienen con las manos abiertas –según lo que decía este muchacho–dispuestos a ayudarnos a salir de la era de las cavernas económicas.

Convicciones fluctuantes
La teoría, debo reconocerlo, me sonó totalmente lógica. A esto hay que sumarle cuál va a ser la estrategia para mantener el control: una guerra mundial, pero contra los visitantes interplanetarios. Todo muy distópico, como se dice ahora.

–Los magnates de las farmacéuticas y las petroleras no son nenes de pecho. Y ya están acostumbrados a torcer el rumbo de la Historia a su antojo. Cuando Kennedy quiso desclasificar lo del Area 51, le metieron un cuetazo. Y ningún presidente de los Estados Unidos sabe bien qué hay detrás de esos alambrados en el desierto.

–¿Qué hay para vos?

–Naves espaciales fabricadas acá para hacerlas pasar por extraterrestres, claro.

–¿Para qué construir un plato volador si no vas a poder salir a pistear como un campeón?

–Porque con esas naves van a atacar un par de ciudades importantes así nos hacen creer que estamos bajo amenaza. Con eso tienen excusa para seguir recolectando con el petróleo y las fábricas militares.

–¿A Kennedy no lo mató Oswald? ¿O querés decir que Oswald era marciano?

–Lo que digo es que los norteamericanos que son grandes empresarios también son expertos en confundir a la gente. Ellos mataron a Kennedy, le armaron un quilombo a Clinton y después voltearon las Torres gemelas. Mirá si no van a bombardear un par de capitales haciéndose pasar por extraterrestres.

Me agarró una cosa rara que me corrió por el cuerpo. Recordé el caso Lewinsky. De ser cierta la teoría, no me cabía en la cabeza tanta maldad. Además, me jodió la idea de que no nos dejen conocer a los aliens para ver si arreglan lo del Apross, Epec y el Itv. Lo que es pensar en chiquito.

–Entonces va a ser un pandemónium –dije, contento por haber usado esa palabra de una vez por todas en una frase.

–Va a ser el peor período en la historia de la humanidad. No estamos preparados psicológicamente para asimilar lo que se viene.

Pensé en mis hijas y en mi compañera. Siempre tuve la convicción de que la mayor amenaza para la humanidad era una epidemia zombi, de la cual ya tengo todo planeado para escaparnos como unos duques. Pero para esto no tengo estrategia. Esto es demasiado traído de los pelos. Hasta para mí.

–¿Qué se puede hacer, che? –le pregunté con ánimos colaborativos.

–Apostar por la posibilidad de presentar a los extraterrestres en sociedad para que conozcamos sus buenas intenciones.

–Yo una vez entrevisté a Horacio French, que dice que vio unas cosas en Capilla del Mont… –… apelar al entendimiento general de la gente –siguió contando con la mirada perdida en una ventana.

–¿Se podrá hacerles una nota? ¿Tendrán un prensero que les maneje las gacetillas con quien se pueda coordinar una telefónica aunque sea?

–Tenemos una tarea enorme por delante, quizá la más importante desde que el hombre se bajó del árbol y empezó a caminar derecho.

La charla continuó y acabó con la recomendación de varios documentales que hablan del tema. Incluso uno en el que esta cofradía de comunicadores aficionados ya trabajan mancomunadamente desde distintos puntos del globo para crear un puente con los aliens. Se llama Unacknowledged (algo así como “lo no reconocido”).

–Te vas a quedar de cara con el documental –me dijo.

–¿Hay videos de cámaras hogareñas de los ’90 y esas reconstrucciones con humo y luces para mostrar cómo se llevan a la gente en la madrugada?

–No. Es más que eso. Hay testimonios que te van a dejar de cara.

Esa misma noche me puse a buscar el documental con tres milanesas con gusto a freezer en el regazo. Tuve un extraño atisbo de esperanza. Ojalá estos tipitos cabezones lleguen antes que los impuestos municipales, que son un descaro.

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Una respuesta a ¿Hay o no hay vida extraterrestre?

  1. Cobayo Cuisface dijo:

    En la facultad tuve varios compañeros de Mina Clavero que creian fielmente en platos voladores, hombres de negro (mucho antes de la película!) y todas esas cosas. Además eran simpatizantes nazis y algunos de ellos tenían “Mein Kampf” como libro de cabecera. O sea, gente con la cabeza bien podridita. Hasta el dia de hoy me cuesta creer que jóvenes (lo éramos en esos dias!) podían creer en ese tipo de cosas. Supongo que habrá vida en otros lugares del universo, pero no la conoceremos através de semejantes personajes, seguro.

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