Nace un artista emergente

Era tal la obsesión de mi madre y de mi abuela por la limpieza, que cuando me fui a vivir solo me pasé tres años en la más rotunda de las mugres. La regla por excelencia que establecí fue no volver a tender una cama nunca jamás. Ni siquiera tener escoba. Ni usar la vajilla. Ni lavar la ropa.

Tenía a mi favor la cercanía de un lavadero y un ejército de motos delivery dando vueltas a la manzana. Durante tres plácidos años me limité a revolcarme en el barro como un chancho.

Durante ese período, mi familia y yo nos vimos poco. No aceptaba el mandato familiar, me sentía un guerrero.
Siempre que iba al pequeño departamento era como entrar a un quirófano. Y apenas me veía mi madre, decía: “Hola, hijo. Estás gordo”.

En verdad lo estaba; era una vaquillona cebada con pizza, lomito y empanadas. “Tenés la ropa y el pelo sucios. Ni se te ocurra ir a saludarla así a tu abuela”, solía despedirme. De esto se desprende que no nos frecuentáramos tanto con mi abuela en esos años.

Yo sabía que la familia de mi madre había sido el epicentro de aquella obsesión por eliminar motas de polvo, hacer frecuentes limpiezas generales y bañarse como si hubiera que mudar la piel. Pero lo extraño es que ese trastorno de obsesión con trapo y lavandina sólo había atacado a mi abuela y a sus tres hermanos: no era herencia directa de sus padres. Es como si un gen perdido en el ADN de pronto se hubiera encontrado con un lampazo y ahí se hubiese desatado el Big-Bang de productos de limpieza.

Esos tres años sin la necesidad de lidiar con el avance natural de la pelusa debajo de la cama hicieron de mí un hombre más relajado, menos dependiente del entorno. Además, me permitieron cultivar mis ínfulas de artista emergente.

Así se lo hice saber en una de las últimas visitas a mi abuela en aquel período:

–Todos ustedes tienen un problema –dije con tono solemne–: viven atrapados en un orden militarizado cuya misión es pelear un combate interminable contra las migas en el piso. Por suerte, renací de la grela y por eso ahora escribo y soy un artista emergente, abuela.

–Un artista detergente, deberías ser vos. Tu madre está segura que debajo de toda esa mugre, algo de talento debe haber.

A veces, mientras refriego la mesada de la cocina, me pregunto cuánto faltará para saber si esta gente tenía razón.

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2 respuestas a Nace un artista emergente

  1. cele dijo:

    aummmm!!! que tiernor si me preguntan a mi , tu mama tiene razon

  2. Cobayo Cuisface dijo:

    Es la misma abuela que contaste que creia que los artistas traían piojos y liendres (la crónica de tu Tío)? Muy bueno lo de artista “detergente”…una pionera de la linguística, tu abuela!

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