Los ovillejos de Nóres Martínez

GUÁUDesde chico conviví con un texto que aparecía cada tanto en las sobremesas de casa. Se trataba de un cuadernito de tapas blandas, caseramente abrochado, con un montón de rimas repletas de malas palabras. Cuando la conversación antes de los postres viraba hacia el humor, los textos del autor cordobés salían para contagiar risotadas.

La información que manejábamos sobre el mentor de esos ovillejos (una suerte de poesía medida en caracteres con tono burlesco) era que se trataba de un hombre de leyes, llamado Alejandro Nóres Martínez, quien dedicó buena parte de su vida privada a crear estas composiciones alucinantes que le valieron aplausos a escondidas y repudio en la vía pública.

Pero en honor a la verdad, es difícil adjudicarle la autoría, puesto que no hay confirmación oficial que lo certifique. De todas maneras, aunque se trate de versos anónimos (no creo que así sea), son una genialidad.

Esta modalidad, en la Córdoba de antaño, causaba molestias en un círculo aristocrático bastante pequeño, así que no es tarea fácil conocer detalles de los aludidos, más de lo que podemos imaginar por el tono de los textos. Y aunque rebosante de curiosidad encaré averiguaciones, sólo pude confirmar lo que dicen los sobrevivientes de esa época: algunos destinatarios se ofendieron, otros no.

El cuaderno en cuestión tiene muchos ovillejos y hasta una pequeña obra de teatro. Reproduzco, a continuación, algunos que me gustan mucho. Por ejemplo este, dedicado a dos estatuas que están sobre Boulevard San Juan. Se llama A dos estatuas:

En el Boulevard San Juan,
Dalmacio, bien arropado
y un indio desabrigado
en dos estatuas están.
Hacia el hermoso gabán
tiende los brazos con brío
el indio, y Dalmacio mío
le suplica de este modo,
¡prestame tu sobretodo
porque me cago de frío!

A un tal señor Manuel Pizarro, el autor también le dedicó un homenaje, haciendo mención a la devolución de un libro. Veamos cómo se las rebuscaba:

Me has devuelto el libro aquél
Manuel
con unas disculpas tales
González
que no “arreglan” y hacen barro
Pizarro.
Tu bonita carta agarro
y en público como a solas,
me la paso por las b…
Manuel González Pizarro.

El oprobio y la caricaturización del personaje le permitían, con libertad incisiva, burlarse de gente con la que seguramente tenía encono. Por ejemplo este, a un tal Félix T. González:

Antítesis del gigante,
sosías de Pulgarcito;
puras bolas, puro ppito,
petiso insignificante.
Lo viste el Niño Elegante,
fornica en la Gran Muñeca,
y aunque lo niega y depreca,
pienso que es el resultado
de algún polvo mal echado
por una pinchila chueca.

A continuación, más ejemplos:

A Laureano Pizarro
(un señor que fumaba cigarros)

Defecó un sorete flor
doctor
y lo agarró con la mano
Laureano
como si fuera un cigarro
Pizarro,
Yo nunca la mierda agarro,
la mierda nunca se toca
y Ud. la lleva en la boca
Dr. Laureano Pizarro.

A Eduardo San Romón

San Romón, el Oso aquél,
más pinchador que jeringa,
se casó con una gringa
que puede ser hija de él.
Si tiene hilo el carretel
lo sabe sólo el colchón;
porque, cojudo o capón,
lo mismo que pingo viejo,
no le queda en el pellejo
más que el pedo y el envión.

También en el pequeño ejemplar de los ovillejos se retrata a un tal doctor Vesco (Abogado de Bell Ville), que tuvo su homenaje, pero se lo tomó de mal modo. El texto, en efecto, es lapidario:

El hijo del pastelero,
abogado y radical,
tiene, por ley ancestral,
grafía de repostero.
El trazo redondo, huero,
y ordinario como cerdo,
no sé por qué me recuerda
con rotisera prestancia,
palabras de crema rancia
sobre una torta de mierda.

De muy mal humor por la afrenta, parece que el destinatario se defendió diciendo que no lo aceptaría con el humor que se lo tomaron otros dos personajes de la época. Así lo cuenta en el libro el autor: “El Dr. Vesco dijo que no era Baquero Lascano ni Ricardo Smith y que no se quedaría con el ovillejo primero, por eso fue necesario hacerle el segundo”. Es tremendo. Es este:

No sos Baquero Lascano
ni Ricardo Smith tampoco,
pero el “ovillejo” loco
circula de mano en mano.
Tu enojo resulta vano
como vano tu entrecejo,
porque aunque mueras de viejo
y tu memoria sucumba
hasta después de la tumba
¡te seguirá mi ovillejo!

El hijo de Vesco, ofendido por la poesía burlesca contra su padre, se vengó con un escrito en el que cargaba contra Nóres Martínez. Así le respondió el autor con el ovillejo Al hijo de Vesco:

El hijo mayor de Vesco,
que tiene olor a calostro
me quiere llegar al rostro
con un brulote grotesco.
Yo que el escarnio aborrezco
por tosco, burlesco y hosco,
junto al brulote me enrosco,
y con asco versallesco,
me cago encima de Vesco
y el chico, que no conozco.

Honrado el poeta, podemos despedirnos, aunque no sin antes decir que de esos libros sólo hay contadas copias. Tuve oportunidad de conversar con algunos señores que conocieron en persona al autor (algunos de ellos, inclusive, tienen ovillejos dedicados). Ninguno mencionó sentirse insultado: más bien se sentían halagados por ser blanco de tanto talento.

Del autor (de ser Nóres Martínez, y yo estoy seguro de que lo es) se conocen además dos libros (agotados): Poesía, de Editorial Assandri en la década de 1960, y Poeta en Alto Alberdi, de la década de 1970. Aunque no se trata del mismo tono con que trabajó el volumen clandestino, ya que esta es una poesía en la que no hay humor ni burla como eje.

Alejandro, además de poeta fue abogado, juez federal y pintor. Su hermano Agustín es el creador de la raza canina Dogo argentino. Se cree que es el autor solapado más original de estas pampas. O al menos eso piensa la gente que tiene el pequeño libro, donde también se encuentran versos como estos:

Nocturno

Vencidos por los hachazos
de una chinche macanuda,
sobre la tierra boluda
se cae el cielo a pedazos.

La luna que es en mis trazos,
morfinómana desnuda,
sobre una cópula aguda
se está dando de pinchazos.

Los fantasmas con la noche
fornican a troche y moche.
Y, para cerrar el frente

de este cuadro que relaja,
el río se hace la paja
bajo los arcos del puente.

Una Novia

Por el antoxo de ver
las cosas del otro sexo,
voy con mi novia y la dexo
xunto a un charco, por xoder.
Su secreto de muxer
en el agua se reflexa
y mi pixa genuflexa
xode baxo mi xubón…
¡Caraxo, qué metexón
tengo con esa pendexa!

Lección

Con su botella de vino
y ante un auditorio lego
despotricaba un gallego
contra el idioma argentino.
“No es chupar sino beber,
es marchar y no piantar;
y no se dice agarrar
sino prender o coger”.
Y la lección aprendieron
dos puntos que se avivaron:
al vino se lo bebieron
y al gallego lo cogieron…
hecho lo cual se marcharon.

Escribir sobre este personaje se siente casi tan bien como la sobremesa en la que se destapan sus textos. No es una buena actitud mantener en la oscuridad estas genialidades. Y para una correcta despedida, transcribo una poesía en la que deja en claro que es hora de abandonar la vida de excesos. Se llama Propósito:

Yo dejo la vida impura
y me consagro a la mí­stica:
abandono la estadística
la raya y la calentura;
pues buscando la aventura
me queda tras de la farra,
la cara como guitarra,
los ojos como cabrito,
y el pito verde y blandito
como gusano de parra.

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4 respuestas a Los ovillejos de Nóres Martínez

  1. alberto baru dijo:

    Extraordinario humor el de este señor talentoso.

  2. alberto baru dijo:

    Es tan gracioso el señor
    Que con su humor nos contagia
    Que intentamos, a esa magia
    Copiarla de lo mejor.
    Pero no hay caso, no sale
    Ni parecido el poema
    Solo unos versos de mierda
    Que no le joden a nadie.
    Tratándolo de emular
    Te quedás como boludo
    El mi diría, seguro,
    Y si te vas a cagar?

    Disculpe don playo,
    fue sin querer

  3. Tristan Alberto MALBRAN dijo:

    Desde hace varias décadas conozco y disfruto del ingenio del autor de los ovillejos de Nores Martínez. Agrego aquí uno que no encontré más arriba, para ir completando el libro:

    A GUTO GARZON
    Guto Garzón que es doctor
    Por no se que azar extraño,
    A más de bruto y huraño,
    La va de conquistador.
    Aquí viene lo mejor
    Un caso que le ocurrió.
    A una beldad propio,
    Y ella le dijo: usurero
    Viejo verde, pijotero
    La puta que te parió

  4. Agustin dijo:

    Hola soy nieto de Alejandro , y me gustaría tener esa copia para ver si es la que tengo yo. Slds

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