Carta a Lulú

Bubú, en unos años tal vez leas esto y te sea más fácil entender algunas cosas. Es una gran oportunidad esta que tienen los niños de ahora de poder reconstruir con tanta facilidad su propia historia: todo está ahí, al alcance de la mano. Los viejos como yo sólo tenemos un puñado de fotos amarillas.

En nuestro pasado no hay movimiento ni sonido.

Si leés esto cuando seas más grande, quiero que sepas que hoy, a la vuelta del trabajo, te compré tu regalo de cumpleaños. Por estos días jugás a los Ponys con la Niki en el pasillo mientras yo le tiro el humo a las hojas de un libro. Se las ve disfrutar mucho…

Entonces, además de las Ponys y para presumir, les compré unas Barbies que me costaron un huevo y medio. En el baúl del auto tengo las bolsas. A pesar de que las Barbies, ya sabés, me caen bastante como el ojete, las compré porque entiendo que los cumples para ustedes son días especiales y vale todo.

Bueno, una tiene vestido rosa –como me pediste– y el pelo con una chula, está sosteniendo a un bebé; la otra está medio de coté dentro de la caja, enseñándole a hacer los deberes a una nena que se parece a tu hermana.

Si el día de mañana conversás con alguien sobre cómo era este mundo de 2014, buscá esto que te escribí para tener el dato posta de que una Barbie de esas cuesta siete gambas. O sea, setecientos pesos. O sea, tres cuotas con un diez por ciento de recargo. Una locura.

Pero ahora es antes, cuando estás por cumplir seis años y sos mi compañerita en miniatura, y yo quiero regalarte algo que te guste mucho. Ahora todavía tenés ganas de charlar conmigo y eso me hace bien. Ahora, a punto de cumplir los seis, cada vez que nos vemos nos reconocemos como dos bandidos románticos tras un tiroteo, palpándonos el corazón para ver si estamos lastimados o sanos.

Mi niña, cómo me gusta que me preguntes si estoy bien, si comí rico, si tengo amigos. Cómo me gusta caminar con vos entre un rompecabezas de sol por la Buenos Aires al mediodía, y que me desafíes la imaginación pidiendo que te cuente historias de cuando yo iba al colegio: te miento de una manera vergonzosa y los dos lo sabemos y la pasamos genial.

En este pasado todavía son chiquitas y me asesoran con el vestuario. En este pasado disfruto viéndolas cachetear mis camisas y voltear las perchas.

Amo sus cabecitas hambrientas de conocimiento, que me pidan de la nada que les explique cosas rarísimas. Me encanta inventar definiciones que las puedan ayudar a entender un poquito todo esto que nos rodea. Me encanta que entiendan que los padres no lo saben todo.

Quiero que sepas que mirando cómo vos y tu hermana ven, también aprendo un montón de cosas. A veces pienso que los adultos sólo son niños que olvidaron cómo ver el mundo. Lo pienso porque a mí me está empezando a pasar. Tal vez crecer sea dejar de ver como ven los niños. Ya me dirás.

Pero ahora es antes y es de noche y te estoy escribiendo una carta porque me gusta charlar como hacemos siempre, aunque sea en diferido (diferido es que uno dice una cosa y el otro demora en escucharla y cuando le contesta también le llega tarde al otro).

Quiero que sepas que nuestras conversaciones me dan mucha felicidad.

Ahora que es antes, quiero que también sepas que pienso en ustedes todo el tiempo, desde que me levanto hasta que me acuesto. Que imagino a toda hora qué hacen, a dónde están, cómo las estará tratando este mundo extraño lleno de reglas caprichosas.

Intento hacer todo para entorpecer lo menos posible el camino que quieren domar. Creo que eso deben hacer los padres. Aunque a veces te haya parecido distante, quiero que sepas que la distancia es, de alguna manera, respeto a la libertad. Por eso insisto tanto con que pidas la cuenta si tomamos un jugo en un bar, por eso te jodo tanto para que te sientas igual a la par de los demás, por eso te animo a que ensayes cosas de grandes. La libertad es un animal brioso que hay que saber domar.

Con seis años tal vez sea difícil de entender, pero un día te vas a encontrar patinando en estos mismos pensamientos, y el mundo te parecerá vertiginoso y quizá te sientas confundida. Estaría bueno que sepas que a mi edad todavía hay cosas que no entiendo, que el dominio total de las cosas no existe.

Creo que nunca se termina de aprender. Y creo que querer aprender es, de alguna manera, mantenerse joven.

Me hace ilusión pensar que ya sos más grande y que en este presente tuyo tan futuro mío, sos feliz, que de algo te sirvieron nuestras charlas. Antes, cuando yo era chico, no se trataban estos temas con los padres: los niños con pasado mudo y sin movimiento éramos bastante pelotudos.

Si en algún momento llegás a tropezar de casualidad con estas líneas, quiero que sepas que es tu cumpleaños, y que cuando no están cerca, me acuesto en alguna de sus camas y le robo todo el aire a las almohadas, y me emborracho con sus perfumitos y se me pone calentito el corazón.

Ustedes van a ser siempre mi casa.

Ahora, en este antes desde el que te estoy escribiendo, ya soy medio grande, hago cosas de gente grande, tengo conversaciones con gente que también finge que es grande. Y me aburro mucho y meto la pata y trato de mejorar.

Ser padre es, digamos, complejo. No a todo el mundo le sale de taquito. Ser padre es errar y acertar.

El tiempo pasa volando, Bú. Y mientras estas líneas van montando las agujas del reloj hasta alcanzarte, yo estoy un montón de almanaques atrás, sintiendo sus cuerpitos despeinados a los tumbos en la oscuridad, desafiando la madrugada. Sintiendo que trepan con dificultad a mi cama y me convierten los brazos en bufandas.

Que los cumplas lindo, Bubú. Te deseo que al leer este saludo viejo, sientas que el viaje sigue valiendo la pena.

Ojalá en ese futuro tan presente en el que estás, ya se sepa verdaderamente qué es amar. Yo sigo en este pasado espiándolas, ensayando con ustedes nuestra propia fórmula de la felicidad.

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16 respuestas a Carta a Lulú

  1. Ximena dijo:

    Que lo parió Playo… Me hiciste llorar… Gracias! Soy una de las del pasado de fotos amarillas, pero tengo la enorme fortuna de haber tenido un papá como vos, que me contaba las historias de la escuela,que me enseñó como era el mundo.
    Es cierto, ser padres no nos sale de saquito, pero seguí como vas, que cuando la Bú lea esto se va a sentir tan orgullosa de su papá como yo lo estoy del mío. Gracias de nuevo… Feliz cumple Bú!!!

  2. Ximena dijo:

    Taquito, quise decir taquito. Cochino editor de estos teléfonos demoníacos! Jajaja

  3. Adriana Ortiz dijo:

    ¡Qué linda carta! Me hiciste emocionar y desear poder escribir algo así a mis hijos…

  4. Desert69 dijo:

    ¡Concha’e tu madre, José!

  5. cecilia dijo:

    no será la única carta que reciba

  6. Javier dijo:

    Gracias Playo!!!

  7. paco dijo:

    la puta que te parió, lloré

  8. Irene dijo:

    ¡Qué afortunadas tus niñas!
    Es una felicidad que se irradia más allá de ustedes.
    Gracias.

  9. Isidoro dijo:

    Me hiciste moquear como un pelotudo!!! Muchas gracias.

  10. Quien no quisiera alguna vez recibir una carta semejante. Aunque más no sea en uno solo de sus párrafos.

    Muy bien escrito, con mucha emoción, José, muy bueno.

    Saludos

    J.

  11. alberto baru dijo:

    Muy bueno lo suyo, Playo, gracias.

  12. Missunsh dijo:

    Me encanta cuando un escritor puede cambiar de chip con tanta, aparente, facilidad. La Lulú va a leer esto y va a moquear en el futuro más que todos nosotros

  13. fabi dijo:

    me hiciste llorar como una nena, que genio que sos

  14. hugo dijo:

    matones a sueldo profesionales garantía total, estamos a su disposición cuando y donde nos necesite,póngale un alto a sus enemigos. escribanos a: la.mesa.de.los.santos1223@gmail.com

  15. Alice dijo:

    Gracias por tan maravillosos relatos! Soy de las ultimas generacione y sus palabras me enseñan a valorar un poco mas a mis padres, saludos José

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