Nuevas formas de aprendizaje que dejan en bolas a padres como, por ejemplo, yo

Ahora estamos en esa extraña etapa en la que hay que hacer la tarea. Niki tiene dificultades en matemática, y algunas dudas con ortografía. En esta última puedo aportar un poco: dictado, pequeñas historias que crear con palabras difíciles de escribir. Las lleva bien, aunque viene cansada del cole y me da pena por ella.

La compadezco; doble escolaridad, levantarse temprano, intentar moldearse para encajar en un mundo extraño y repleto de reglas que, a cierta edad, parecen bastante pelotudas: hacer lo que a uno se le cante el ojete, como motor de desarrollo, está mal.

Y agregale a eso que están a mi cargo. O sea, a cargo de mí. Ahora no tengo dudas gracias a esa ficha: soy un pésimo ayudante para las tareas. Apenas si puedo sumar lo que tengo en el bolsillo para pagar unos chicles, así que lo que trae en el cuaderno me desconcierta casi tanto como a ella.

Matemática. La forma de enseñar parece haber cambiado. No termino de entenderlo, pero resulta que ya no se suma como antes, poniendo un número sobre otro. Ahora los números van uno junto al otro. Intento explicar esas cuentas –más para mí que para ella- y al final nos quedamos mirándonos. Yo pongo cara de que sé qué estoy diciendo, ella pone cara de que está sentada frente a un adulto responsable.

La vida siempre es un juego y el trato en casa es que yo tengo a cargo esta parte.

Pero los colegios han cambiado. La educación ha cambiado. Y la gente de mi edad, gente que antes se pajeaba, fumaba porro y manejaba borracha, ahora son padres y madres. Y por alguna extraña razón, parecen mucho más maduros que yo. Los veo todas las mañanas. Me choco con ellos en la puerta del cole, les juego carreritas mientras acarreamos un pulpo gigante hecho de hijos y mochilas. (Hay un pelado hijo de puta que siempre estaciona atrás y llega primero. Hay una mamá que siempre va con calzas negras. Veo el preludio de su culo, que es su pie, saliendo de un auto blanco. Nunca alcanzo a verle la cara. Cuando se va a veces le pudo ver el culo).

“Vamos que llegamos taaaardeee”. Ese es todo mi diálogo en esta escena. Y esta escena se repite con alarmante frecuencia de lunes a viernes, como una alegoría alucinante.

Mis colegios eran chotísimos. Por empezar, no había mujeres. No sé qué perverso credo les había inculcado eso de que las pijas con las pijas. Un horror. Y las maestras, dios mío, las maestras… A la gran mayoría del plantel le dedicábamos pajas forzando la imaginación para no caer en la gerontofilia o en alguna de esas categorías porno donde la gente se mea la cara. Ahora no sé qué pasó. Las maestras son jóvenes y piolas. Y la directora no es una vieja de mierda.

Igual sufro por mis hijas, ya no por la institucionalización, sino por TODO el resto. Comparto con ellas el mismo sentimiento al amanecer: despertarse temprano es atroz. Vestirse con uniforme es abominable. Barrer el sueño de la cara con agua fría es un castigo bíblico. No me jodan.

Yo siento que aporto algo si le pongo mucho empeño a la mañana. Me cuesta un huevo y la mitad del otro, pero le pongo así unos huevazos. Recorremos la distancia al cole conversando los tres y yo parezco Mrs. Doubtfire. Se lo merecen. Porque además tiran temas súper interesantes para hablar. No importa que Lulú pregunte cosas difíciles de responder a la hora en la que el sol te funde las retinas (“¿por qué hay gente que va en colectivo y otros en moto y otros en bici y nosotros en auto, pápulo gordo?”). Nunca sé qué contestar así que ensayo una respuesta, que la mayoría de las veces no está nada mal. En cambio cuando la pregunta es complicada, le cedo el turno a su hermana, que no andará bien en matemática, pero inventado respuestas es mucho mejor que yo.

El punto, supongo, es que ya soy una persona grande. En algún momento creo que crecí, me salieron canas y llevo a mis hijas de la mano al colegio. Y para que no se te olvide ni por puta, en el colegio todo el mundo te dice “papá”.

-Mañana Luisina tiene que venir disfrazada de astronauta, papá.

-Niki no trajo firmado el cuaderno, papá.

A veces directamente me piden que le avise a la “mamá”, porque es evidente que yo no entiendo un sorete y que soy un irresponsable. O sea, me dice papá pero no deben tener duda de que soy bastante boludo. Soy el típico grandote boludo. Esa denigrante confirmación es lo primero que me regaló la paternidad.

La vida es un juego. Yo juego a ser mayor de edad.

Los colegios han cambiado, digo. Ahora hay muchas mamás lindas. No como antes, que rogabas que a Dávila lo cagaran a pedos para que viniera la bestia de su madre. Pero también hay de las otras; son las menos, pero si te fijás bien, las enganchás. Son las chicas que en otra década saltaban sobre los parlantes de los boliches y que ahora van con equipo de gimnasia arrastrando mochilas que pesan toneladas, sonriendo con arrugas a otras mamás y otros papás igual de hechos mierda.

Y algo curioso: se saludan y se acompañan como si fueran amigos de toda la vida, como si compartieran un código que no me ha sido dado en convite. No sé qué mierda dicen, ni cómo intervenir, ni para qué. Me asustan, parecen sectas. A mí, en cambio, me saluda poca gente. Yo voy repartiendo “buenos días” para todos lados, pero sin mucho éxito, todos parecen muy ocupados con cierres relámpago, dedos con saliva para limpiar un cachete o teléfonos con Wasap al palo. Es al pedo, donde tengo que comportarme como un adulto, pierdo el interés por la otra gente.

Eso quizá le pase a los viejos, por eso se quedan solos. Supongo que para mi integración ayudaría un poco que no vaya con un cigarro armado en los labios. Parece droga, a nadie le gusta la droga en los colegios.

Mis hijas no dejan de sorprenderme. No sé en qué momento se acostaron una noche siendo bebés para despertar al día siguiente convertidas en niñas que hablan, discuten, evalúan y me cuestionan con justa razón cada puta cosa que hago. A veces pienso qué imagen tendrán de mí. Las veo estudiar mis movimientos en la casa, las veo tratando de entender por qué carajo las reto cuando se rompe algo. Qué etapa confusa para ellas. No saber qué quiere este gordo de nosotras, ni qué hace todo el santo día. Imagino que en un futuro no muy lejano entenderán algo que ni yo mismo sé. Son inteligentes, mucho más que nosotros. Pero por el momento Niki me miraba los otros días mientras le dictaba palabras:

-¿De qué trabajás vos? Mamá es psicóloga, vos, ¿qué sos?

-Cuentapropista, Niki.

-¿Qué es cuentatista? –interviene Lulú.

-Oh, Luisi, ¡que cuenta cuentos! –me salva Niki.

-Ah –dice Lulú.

Imagino el quilombo que se les hará cuando les pregunten estas cosas en el colegio. Me da culpa cristiana no haber estudiado abogacía, medicina o contador público. Esas son profesiones que uno puede ponerle a un monigote que acaba de dibujar. A veces, como la semana pasada que tuve que viajar a Rosario, las chicas indagan a fondo de qué se trata lo que tengo que hacer.

Siempre lo explico mal, pero la predisposición las deja tranquilas.

De todas formas, yo nunca paro de pensar en estas cosas. Tener hijos es nunca más, de acá hasta que te mueras, dejar de pensar. De ahí la demencia senil, debo arriesgar. Literalmente se te quema la cabeza. Pensaba en eso mientras viajaba a Rosario. Pensaba en que yo soy el pasajero del asiento número uno y en que a los choferes siempre les veo cara de recién salidos del casino. Y pensaba que ahora había en el mundo dos personas más que sufrirían si yo pasaba derecho por ese vidrio. Mentira. En realidad pienso en esto desde que nacieron, a los diez minutos. El día en que volvés a tu casa con un bebé entre los brazos, sabés que todo cambiará para siempre.

Elijo siempre que puedo ese asiento porque es mi pequeño acto de rebeldía. Una cosita chiquita como para no sentirme eunuco.

La paternidad es una balanza que hay que saber apuntalar para que uno de los platos no nos aplaste los dedos de pie.

A veces veo sus fotos. Y me sorprende ver que han crecido tanto y ya no son los bebés de esas imágenes. Me sorprende casi tanto como entender que me había olvidado por completo de esas caritas. Y que por mucho que las haya estudiado, jamás pude acertar sobre cómo se verían con los años, a pesar de que tienen los mismos gestos que ahora.

La vida es un juego y el mundo es un tablero. Esta línea seguro salió de una película. Mientras la analizo, presiento mi futuro precipitándose. En mi familia hay muchos locos. Y yo estoy segurísimo de que voy camino a comprar acciones en un loquero. Siempre siento que me quedan años de cordura, no de vida. Esa es la premisa que elijo desde que pude volver a caminar solo por la calle. “Aprovechar los años de cordura”.

Eso, a diferencia de las escuelas, la gente, los padres y la relación con los hijos, no cambia. Para mí es un convencimiento absoluto. Me da cierta valentía que antes no tenía. Y tras superar algunos problemas de salud, sumé uno más uno y me dio “vayan todos a la mierda”.

Eso me digo cada mañana. Esto que estamos haciendo es nuestra historia, la que contendrá repeticiones que no fueron tantas, conversaciones que no se dieron. La historia sobre la que estamos planeando, sin saber, un futuro. Mi cara, al igual que la de las chicas, también ha cambiado. Y en mi caso no me beneficia en absoluto. Empiezo a sentirme en un punto medio porque pronto seré viejo. Qué loco que de eso se trate el cuento.

Por el momento las tengo todavía. Todavía no les molesta mi presencia. Yo aprovecho. Las amo con locura y son la única chance que tendré en la vida para tratar de entender a las mujeres.

Me siento afortunado.

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28 respuestas a Nuevas formas de aprendizaje que dejan en bolas a padres como, por ejemplo, yo

  1. El_Agustín dijo:

    ¡Muy bueno!
    Las caras de las pendex cuando te miran absortas son increibles…

  2. hola dijo:

    linda historia! la verdad es que no se si me alienta o me tira mas para atras para pensar alguna vez en tener hijos, lindas experiencias pero que dificil nunca dejar de pensar

  3. José Playo dijo:

    Parafraseando al sabio árabe, “culiá, nomá”.

  4. Bangis dijo:

    Comparto lo de las seños! porque nos llaman asi?? me revienta que terminen las frases con “mamá”… sino saben los nombres que no digan nada!

    Tambien comparto lo de nunca dejar de pensar… y preocuparse. Muchas vecoes dan ganas de huir jaja pero no imagino una vida mas feliz que al lado de mis pequeños retoños jeje!

  5. Monica dijo:

    Morí con este texto. Es como si lo hubiera escrito yo. Tengo tres hijas de edades tan diferentes (20, 14 y 8) pasé por todas las etapas, a punto de ser abuela (imaginate) y realmente… no dejo de asombrarme de lo que significó en mi vida ser madre. Tener tres vidas a cargo, soltarlas de a poco, amarlas como a ninguna otra. Y aunque pasen los años y la vida, siempre vas haciendo el camino a los tumbos. Es magia, no encuentro otra explicación.

  6. nicobonder dijo:

    Hay profesiones que hablan así. Como las secretarias que dicen Querida, las enfermeras que dicen mamita aunque seas varón o abuelo a cualquiera que tiene pinta de viejo.
    Y las maestras jardineras que hablan con disminutivos.

  7. Sabalero dijo:

    Mis hijos tienen más o menos la misma edad que las tuyas y me pasa lo mismo con las madres cuando lo busco al más grande, sólo que ni intento socializar.
    Esta muy bueno el texto, habrá que envejecer nomás…

  8. Liliana dijo:

    Lo que no deja de asombrarme es que sigan pareciéndonos nuevas las cosas que ya sufrimos como hijos ¿no?
    Muy lindas (como siempre) tus palabras.

  9. Dayana dijo:

    Hermoso post!

    Coincido con quien comentó que tiene 50% y 50% de darte ganas de tener hijos y de ser anticonceptivo. Por ahora me quedo solo con mis tres gatos, me salen más baratos de mantener 😛

  10. nana dijo:

    Al final sos un tierno, Playo. De la locura nadie escapa, quizás sea porque es el único escape. ¡¡Qué hermosa esa Niki!! Chamuiera vieja.

  11. Lorena dijo:

    jajajaja Las caras de los padres en la puerta del cole. Muy bueno, Playo. Ni te cuento si vivís en otro país y tenés dos divorcios encima. Perdidos estamos todos, y seguro que nuestros viejos también lo estaban pero jugaban a poner caras de superados como vos con tus peques. Un abrazo desde España

  12. Moro dijo:

    Dos porteros, uno saluda, el otro duerme.. La vuelta a la esquina con las mismas risas en el quiosco(nunca las entendí tan temprano)al auto con recorrido idéntico casi automático(truman show)lo miro por el retrovisor y pienso en como cambio la vida para todos..
    La mamá pide ampliar la familia con aires de arquitecta y yo creo que así esta controlada la situación, lo pienso y siento que otra raiz va a dificultar rodar..
    Nunca pensé pensar y mirar debajo de la tierra..
    Como vos,
    #Me siento afortunado.

  13. elrober dijo:

    me pasa exactamente lo mismo con los otros padres!!! como lograron hacerse taaaan amigos viéndose dos segundos a la mañana y tres al mediodía, no le conozco el nombre a nadie, y cuando me saludan la mayoría de la veces estoy demasiado dormido para ser todo lo simpático que debería, las calzas de la petisa que va en bici son para un cuadro en la ESMA, ahí debe haber desaparecido gente, lo juro

  14. Tania dijo:

    ¡Qué casualidad! justo desperté reflexionando sobre estas nuevas formas de aprendizaje, de ir a la escuela, de ser adulto. Si cuando yo era niña parecía que ser adulto era lo más sencillo del mundo y ahora que estoy en esa etapa me doy cuenta que no tengo respuestas, sólo preguntas, que no sé a qué hora crecí ni a que hora crecieron mis hijos y que sigo jugando a ser la superhéroe de una historia que ruego termine con un final feliz.
    Saludos.

  15. Juan Bolas dijo:

    Grande Playo, muy buen texto. Y sí, por las reflexiones que hacés, estás viejo. Pero lo importante es conservar el niño de adentro, mas allá de nuestra edad cronológica. Y vos lo tenés, se nota en boludeces como hacer esas carreritas hasta la puerta de la escuela, boludeces que nos permiten divertirnos con poco, como hacen los niños. Esas mismas boludeces que hago yo con mi hija, a veces somos dos niños, y no me molesta para nada que me digan que soy un grandote boludo, es mas, me siento orgulloso de no haber perdido el niño interior, y nunca lo voy a perder, no voy a ser como esa gente adulta que pasa los 30 y su vida se vuelve adulta, madura, aburrida diría yo.
    Ah, tengo 33 cronológicamente, pero a veces parezco de 8.

    Abrazos Playo.
    Así que como dijiste vos, sumá uno más uno y que se “vayan todos a la mierda”.

  16. analia dijo:

    me morí de risa y/o de identificación. muuuuy bueno!!

  17. Marcelo dijo:

    Estoy en la etapa en que todavía me ven como héroe, esperando que la etapa en que me ven como un viejo pelotudo no llegue nunca. Igualmente el tiempo pasa y después llega la etapa en que uno valora de nuevo a sus padres. Gracias por el relato.

  18. Despeinada dijo:

    Tu aguanta… que si tus hijas te derriten tus nietas serán lo más lindo (por el tema que a los abuelos le toca consentir, no educar). Eso de llamar papás y mamás nunca me molestó… es más, se me hizo tan práctico que a todas les digo “Oye maestra” y me quito de problemas. Lo que sí me sacó un poco de base, es que de chico eres el hijo de pedro o de juana, luego pasé a ser yo… y al entrar al cole con mi hijo… ya no soy más yo… sino la mamá de fulanito. En los móviles grabas un tel y pones… Ana… (mamá de tal) porque si no lo haces así… un cuerno que te acuerdas quién carajos es Ana y cómo llegó a tu móvil. 🙂 Qué linda tu vida rodeado de reinas

  19. Gabriela dijo:

    Excelente. Es muy genial la forma tan informal que tenes de escribir.

  20. Ale Drallny dijo:

    Apostillo: no insistas en el proyecto de entender a las mujeres, de todas maneras aunque sean tus hijas no lo vas a lograr.
    Los otros padres son igual de pajeros que vos, y las madres si pudieran se subirían al parlante. Vos creés en el acting de ellos y aunque no te parezca posible, ellos creen el tuyo.
    Y finalizo con una pregunta José Luis ¿No has pensado en circuncidarte? Dos textos más como este exudando neurosis, ansiedad y culpa, y te damos el título de judío honorario.

  21. Pancho dijo:

    Lo de las sumas, en línea en lugar de vertical, también me llamó mucho la atención cuando las vi por primera vez. Según mi novia, que es maestra y fonoaudióloga, y si no la entendí mal, es para que los pibes no se apoyen, justamente, en esa representación vertical con la que aprendimos nosotros. Aparentemente, lo que aprendimos nosotros es una boludez y es mejor si está todo horizontal.

    Mucha de la gente que se pajeaba, fumaba porro y manejaba borracha, lo sigue haciendo. Al menos una de las tres cosas, que nadie te diga lo contrario.

    Por lo demás, alucinante tu texto. Cada vez estoy más convencido de que no tener hijos ha sido una de mis mejores decisiones… aunque la baba dichosa y enamorada que destila tu texto da un poquito, no de envidia, pero sí de intriga. 🙂

    Abrazo.

  22. Sil dijo:

    “La vida es un juego y el mundo es un tablero”…
    el tablero ya lo pateaste hace mucho Playo! ahora sentate a jugar con las chicas!!! A jugar en serio, no vale hacerlo mientras hablas por teléfono o mirás la compu… 15 minutos al menos, ¿parece poco no? pero hacerlo no es fácil… estar de verdad 15 minutos jugando sin pensar en trabajos pendientes, operaciones matemáticas difíciles, la cara de las doñas del colegio o la insoportable levedad del ser que nos deviene… es un desafío!!! después contanos cómo te fue… ;D

  23. Alfredo dijo:

    Grande Josè!! Te cuento que soy de Hudson, Pcia de Bs As y al fin conseguì uno de tus libros en Yenny, fue de pedo porque ya habìa ido a varias de las librerias de esa cadena y nada habìa, pero esta vez que fui sin fè apareciò el volumen 2 en uno de los estantes y lo llevè contento!. Ojalà pueda conseguir el vol 1.! Sos un groso, Josè, espero te sigas recuperando bien, abrazo de gol y siga adelante con su pluma que lo hace bien!. PD: Le mostrè tu libro a mi vieja y le pareció delirante y bueno! Vas bien en cualquier target, Playo!

  24. nato dijo:

    Genial José! Nos representás a tantos!
    La primera vez que lo leí lloraba de risa, la segunda se me hizo un nudo en la garganta… voy para atrás con mis años de cordura.
    Y la última… mi auto NO ES blanco! juaaaa.

  25. eli dijo:

    esas cosas raras de la vida que uno no logra entender.
    Me encanta como escribis.

  26. Hola te dejo mi correo y mi página web para que la visites y me dejes tus comentarios por favor. Sería bueno que veamos que aportes nos podemos hacer.
    Un gran saludo.

    Eduardo Muñoz

  27. Federico dijo:

    Hola José, espero deduzcas quien soy, y bueno me veo lidiando con una laguna mental al tratar de ordenar lo que pienso y dedicarte algunas palabras, antes que nada me alegro mucho de tu recuperación. llegue hasta aquí de la mano de la nota de La voz, y en parte lamento que haya sido de esa forma. me hubiese gustado que fuera de la forma que la mayoría de la gente imaginaria como la mas simple, debido al contacto frecuente (pero escueto) que tenemos. Eso me entristece como primera impresión, porque me pongo a pensar en todas esas personas “ricas” que tenemos a nuestro alrededor y pasamos de largo por “X” razones, por el trajín del día, por esta apatía o careteada que propone la sociedad,etc, etc. coincido con vos en eso de verme extraño ante esas personas que se saludan como si se conocieran de años. Pero bueno, luego de pensarlo apenas un rato, la siguiente impresión es mucho mas reconfortante, porque nuestro presente se muestra mas alentador y espero el futuro aun sea mas prometedor referido a nuestro contacto. Te felicito por el blog, te seguiré leyendo y nos vemos a la tarde quizás, un abrazo!.

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