000: La decrepitud del mueble con rueditas

La última vez que festejé mi cumpleaños fue a los doce. Hay una foto horrorosa de una fiestita en el campo, con compañeros de colegio preadolescentes, simiescos, enfundados en trajes de baño, posando junto a una torta.

Nunca me gustó festejar.

Me especializo en montar elaboradas excusas para escaparle a las celebraciones en las oficinas y a los brindis en los asados. Nunca sé qué cara poner cuando me cantan el felizcumpleaños.

El lunes llegué a los treinta y ocho. Uno arriba del otro. Y siento que me convertí en uno de esos tíos a los que en mi adolescencia solía llamar “viejo de mierda”, tipos que, cercanos a las fronteras de los cuarenta, se veían realmente grandes. Parece mentira, pero ahora tengo esa misma edad que antes me parecía lejana e inalcanzable.

Y ya empieza el ciclo de pensar en los viejos de mierda de sesenta.

Para mi sorpresa, todos mis preconceptos juveniles sobre las cuatro décadas eran sólo eso, preconceptos. Yo solía pensar que la gente grande, por ejemplo, abandonaba las prácticas onanistas. “Listo, soy un grandote pelotudo y ya no me la casco nunca más”.

Mentira. El hábito hace del monje un vicioso.

Los años traen desilusiones y achaques. De un día para el otro, por ejemplo, te da acidez cuando tomás vino blanco. O tenés unas diarreas caudalosas cuando comés tomate y cagás pergaminos rojitos. No hay aviso previo, no hay sospecha. Púm. Ahí tenés al señor de treinta y ocho, con ojeras, acidez y diarrea del otro lado del espejo.

Empecé a pensar en mis achaques a raíz de mis problemas de espalda. Ya había sufrido uno que otro episodio fuerte, pero esta vez, en vísperas de mi onomástico, la ferocidad me dejó pasmado.

El jueves anterior al cumpleaños, empecé a sentir la presión latente en las cervicales.

Ya estoy acostumbrado a ella. Se presenta por la mañana y me hace abandonar la cama con cara de ojete. Es el primer indicio, una molestia que pasa por contractura y que se alivia momentáneamente con un baño caliente. Luego el dolor crece y se va intensificando, y al día siguiente, amanecés como si te hubieran clavado un puñal entre los omóplatos.

El contratiempo termina con una combinación de calmantes y relajantes musculares que hacen que, al cabo de tres días, la morsa deja de masticarte la nuca.

Pero esta vez fue distinto. El dolor llegó de buenas a primeras, sin progresión, con la puñalada directa que me hizo saltar de la cama a las cuatro y media. Las descargas bajaban con latidos eléctricos por ambos brazos hasta las manos, que me temblaban y se me dormían. Me levanté y me metí en la ducha para tirarme encima cien litros de agua a punto de hervir, pero nada.

Salí, busqué en la bolsa con mis pastillas y apuré un vaso de agua para pasar un par de analgésicos y un relajante. No pude volver a la cama, así que desayuné y me puse a leer de parado en el patio, mientras caminaba en círculos.

La luz del día me descubrió con la nariz enterrada en un libro de Tusquets, colección “La sonrisa vertical”, escrito por Marcelo Birmajer.

Literatura erótica.

Cuando mi chica se despertó, insistió y volví a pedir turno con una señora que hace masajes. Fui a verla esa misma noche.

Ivonne vive cerca de mi casa, en un barrio del otro lado de la Julio A. Roca. Usa un guardapolvos verde. Siempre está sonriente y te atiende en el living, dividido en dos por una cortina. En la parte que no se ve, hay una camilla.

Mientras Ivonne pone música de palitos que entrechocan y aguas que gotean sobre piedras, vos te sacás los zapatos. Ella empieza haciendo un reconocimiento por zonas. Te pone una mano abajo de la espalda y resopla. Después te agarra una pata y te la mueve de un lado para el otro. Tiene manitos chicas pero enérgicas.

A medida que sus dedos me exploraban, yo miraba el techo. No puedo evitar pensar en cosas sexuales cuando una mujer me pasa las manos por encima, o me masajea las orejas. Además, venía con sobredosis de estímulo erótico-literario, porque en el libro de Birmajer sobreabundaban las escenas picantes.

Pensar en sexo me distrae. Tengo treinta y ocho y sigo usando gran parte de mi cabeza para estos recreos mentales.

Mirando el ventilador desganado que giraba arriba de mi cabeza, imagino encuentros hipotéticos con personas. Encuentros sexuales fugaces. Me tranquiliza y me desconecta del dolor. A decir de un conocido, “lo mejor de la paja es que te podés coger a quien quieras”.

Joder con la literatura erótica.

En un momento, Ivonne se puso guantes de cirugía.

—Ahora tenemos que destrabarte las nervaduras de las encías —anunció.

Yo no dije nada. Me limité a dejar que me metiera las manos en la boca y empezara a sobarme. La sensación era agradable, el roce del látex sobre la superficie lubricada de los dientes, la búsqueda de la profundidad del paladar, la presión sobre los puentes detrás de las muelas de juicio. Todo lo que hace ella me parece extraño, pero sin dudas, el movimiento más raro es cuando te pone una mano debajo del culo y hace como unos soplidos antes de sacarte la mano rápido, como si se la hubieras quemado con un pedo.

La sesión duró una hora y me fui a dormir masticando un calmante, completamente seguro de que al día siguiente estaría como nuevo.

Eso no pasó.

Amanecí a las cinco, con lágrimas en los ojos y las manos llenas de espasmos. Se me habían dormido los antebrazos y cada movimiento de la cabeza hacía que se me clavaran mil agujas en la médula. Me arrastré como pude hasta el baño, me bajé el calzoncillo y me lo saqué con el dedo gordo del pie para entrar a la ducha. Tuve que ponerme de rodillas.

El dolor no cedía. Demoré casi diez minutos en secarme y vestirme, y terminé otra vez en el patio, leyendo el libro de la gente que culea.

Para mi cumpleaños mi chica me regaló un Kindle Touch, de Amazon. Aunque hay pocos libros argentinos, la oferta pirata es inconmensurable. Tengo —al pedo, porque no la voy a leer nunca— la colección completa de los libros de Shakespeare, Borges, Cortázar, Aira, etc..

Pero hasta leer en el Kindle me jodía. Así que a las nueve de la mañana estaba parado en la guardia de la Reina Fabiola, esperando al primo de mi mujer, que es especialista en cerebros. El Emilio tiene un trabajo delicado, que es abrirle la cabeza a la gente y toquetearle los buñuelitos. Para mí, que no puedo ni enhebrar una aguja, lo que hace este muchacho pertenece al reino de la ficción.

En el pasillo descubrí que las minas que hay en la Reina Fabiola son, lejos, las mejores de la plaza médica de la ciudad.

Había visto un par de culos respetables en la Chutro, una que otra teta en el Clínicas, una gamba con taco alto en el Privado; pero acá el desfile era constante. Tal vez estaba sugestionado por la lectura porno, ya lo sé, pero mis ojos no me engañaban: la chica que esperaba con una venda en la mano tenía así unas tetas; la doctora que se asomaba del consultorio tres era Tera Patrick; la enfermera que llevaba una bandejita con una jerigna guiñaba el ojo como Daryl Hannah.

Cuando el Emilio llegó, me identificó a una cuadra: de lejos me parecía a un mueble con rueditas girando entre la gente.

—Che, ¿qué hospital es este? Parece una película de Olmedo —observé.

Él se rió y me llevó a la guardia. Ahí me hizo que le apretara las manos, que bajara y subiera el mentón hasta donde pudiera y me miró la radiografía. En la camilla contigua, por entre las cortinas, había un señor sin camisa que también tenía tetas grandes. El Emilio llamó a una enfermera para que me empalara con una jeringa llena de dulce de leche.

Nunca me tocó una enfermera linda. Siempre caigo en manos de señoras mayores que me hacen mierda los cachetes del culo con agujas.

Nos despedimos con el Emilio y me llevé unas recetas para unos calmantes y un pedido para una resonancia, que deberé hacerme cuando se me disuelva el entrevero de pijas paradas que tengo en las cervicales.

IMAGENTengo que hacer natación, parece. Pero las piletas me dan asco. La última vez que estuve en una, fue en Villa Elisa. Ya que estábamos en la zona dando vuelas al pedo, fuimos por curiosidad a las termas, que son natatorios llenos de meada salada, adonde flota un montón de gente con várices, supuraciones y eccemas. Era un predio grande y te daban una bata, con la que podías disfrazarte de Sandro e ir a almorzar. La gente hace cosas muy extrañas para engañar al calendario, para no envejecer y reventar como un sapo. Así como los adultos mayores flotan en la meada en las termas, yo giro como un mueble con rueditas para mirar culos en un pasillo.

La desesperación es un mecanismo de defensa al que se le ha roto el timón.

He sobrevivido a la pelotudez de un montón de gente, pero me dobla la voluntad un dolor de espalda. Voy camino a la salida del hospital con treinta y ocho años apilados en las cervicales. Miro de reojo a un gordito que se retuerce con una migraña fulminante. “Mejor él que yo”, pienso. Paso junto a las piernas que fuman en la entrada. “Me cago en el Kindle y en la literatura erótica”, me digo. El tiempo se dilata, las calles hierven. El calor pesado del mediodía se ensancha y el interior del auto, al sol, huele a tapizado en llamas.

Pienso en llegar a casa y ponerme el cuello ortopédico. Encorsetarme en esa mierda de bufanda en verano. Intento mirar hacia el cielo y todo se vuelve blanco. El señor que cuida los autos me avisa que le debo veinte pesos.

—Cuídese —me dice—. Mire que con cada muerto pierdo un cliente.

Me incorporo al tráfico y los taxis tienen que esquivarme; no puedo mover la cabeza para consultar los espejos y estoy encandilado. Entre bocinas, avanzo buscando una calle que me lleve al centro. En los semáforos los motores humean y el aire sobre las chapas se distorsiona. Apago la radio y me dedico a pensar cuánto tiempo habrá de pasar hasta que vuelva a sentarme a escribir. Me contesta la voz dentro de mi cabeza. Es la misma voz que siempre, para esta época, dice:

—Noviembre está repleto de semanas largas, pibe. Paciencia.
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26 respuestas a 000: La decrepitud del mueble con rueditas

  1. Dave dijo:

    Chin chin por tu cumple, José!
    Se te extrañaba.
    Esa columna pide resonancia ya, ojalá te mejores pronto. Saludos!

  2. Martín - PUGLIESE PUGLIESE PUGLIESE dijo:

    tendría que haber comentado sin leer, ahora ni podio meto

  3. Sabalero dijo:

    Feliz cumple vieja, yo que anduve mucho por el Allende te digo que ahí también hay lindas minas, pero ahora ya no sé. Igual que te pongas bien y sigas escribiendo.

  4. nana dijo:

    No le puedo decir mi nivel de empatía para con ud.
    ¡Gracias por volver! Dígale a esa voz interior que lo deje quedar o volver de vez en cuando.

  5. Martín - PUGLIESE PUGLIESE PUGLIESE dijo:

    Qué flojo que sos, José Luis. Bancate una doble hernia de disco y sesenta kilos de más como hago yo y después vení a hablarme de un dolor de espalda.
    Pppffffffffffffffffffff

  6. Desert69 dijo:

    ¡Qué post tan hipervinculado!

    Se vino el Playo 2.0, nomás…

  7. veronica dijo:

    Hola Jose!!! esta vez me entrometo para alentarte a probar la natacion, es increible la mejoria en los problemas cervicales, y los dias q lo practiques vas a dormir como un angelito, dale una chance no te vas a arrepentir!! 😉

  8. Natushka dijo:

    Una vez más reboto entre la risa y el dolor con tus letras. AUCH, carajo. Dale con la natación dicen que es lo que va, eh? (Me lo digo a mí misma también, que me la vienen recomendando desde los 16).
    Siempre es bueno volver a leerte, pese a pensar en el dolor que puede haberte ocasionado sentarte a hacerlo, qué egoístas somos a veces, no?
    Un aplauso para esta frase: “La desesperación es un mecanismo de defensa al que se le ha roto el timón.” Muchos aplausos.
    Ojalá pase pronto, José (no mágicamente, lamento decir, pero igual, ojalá). Un abrazo grande pero suavecito, no queremos que te rompas, y feliz cumpleaños de nuevo.

  9. Pedro dijo:

    Trato de alejarme del porno y me ponés un link a Tera Patrick para recordarla y la rep. que te parió vos y tu kindle.

  10. Irene dijo:

    No nos une el amor, sino el dolor de espalda.
    Y nunca pienses que es preferible tener cefaleas!!!
    Suerte, paciencia y obediencia.

  11. Pancho dijo:

    “El hábito hace del monje un vicioso”. Ramen! Suscribo sus palabras. Lo viejo no quita lo onanista… iba a poner “jeropa”, pero no te voy a andar relajando el blog.

    Feliz cumpleaños. Espero te hayan regalado un juego de cervicales nuevo.

  12. Acá en Baires, hay un especialista muy carismático (no hay tetas en la sala de espera, eso sí) llamado Ricardo Park y que por casa llamamos familiarmente “el chino” aunque creo que es taiwanés o no sé de dónde mierdas. Cuestión que llegás a este chino con un dolor de hombro que no podés poner ni primera manejando y salís bailando coreografía de madonna. Es acupunturista pero no muy convencional. Ha llegado a decir “Pincho acá, no más dolor cervical. Pincho acá, usted morir y no salir en la autopsia” Ah bue… (Igual creo que el uso del infinitivo es para alimentar el mito) pero es un poco movilizador eso de “no salir en la autopsia” cuando estás boca abajo a su merced. Con una calma tibetana habla de minas de tipos, la vida misma. Un personaje que recomienda entre otras cosas dos aceitunas y un café amargo a los señores antes de… y encima te saca el dolor. Cómo lo quiero a ese señor!!!!
    Saludos van ,José

  13. Feliz cumpleaños.
    El año pasado te avisé que acercarse a los cuarenta era bravo, pero como habrás notado, no hay nada como la experiencia.
    Suscribo a lo que dice más arriba Irene, probá con la migraña y después contame.
    ¿Probaste ir al psi? (Ah,cierto que vos no eras judío) Sirve para que descubras de que circunvolución enferma del cerebro viene la contractura. A mi ya no se me duermen las manos de la contractura pero sigo igual de angustiado.
    Última: no puedo evitar pensar que tanto vos como Martín corrieron a comprarse el Kindle después de pisperar el de Montoya.
    Saludos (que viene de salud, que es lo que te anda faltando)
    Alejandro.

  14. Walterio dijo:

    Pero… ¿Qué pasa José que cada cumpleaños te me ponés más hipocondríaco? Dejá los lamentos para más adelante, para cuando ni las tetas, ni los culos, ni nada de nada te motiven lo suficiente como para sentirte vivo. Lo demás es propio de quien ha vivido una buena vida sin cuidarse mucho porque la verdad hay que decirla, ¿para qué preservarse cuando la salud y la juventud abundan? Seguramente para llegar a viejos y luego quejarse porque no se te para, porque no ponés ponerla, porque ni para una paja, ya te sirve lo poco que queda entre manos. Aún así para ese entonces, por lo que estoy aprendiendo tras la muerte y el alien a bordo de mi Nostromo orgánico, quedará lo que se compartió y seguramente la compañía vital de quien supo valorar tanto amor en complicidad.

    Te mando un abrazo! Un ahora semi jovato que está a cuatro años del medio siglo, pero con un corazón reinaugurado por el amor….

  15. Laura dijo:

    “O tenés unas diarreas caudalosas cuando comés tomate y cagás pergaminos rojitos.”
    Estas imágenes me hacen atragantar de risa.
    ¡Que te mejores de tu espalda, Playo! En mi pueblo natal había un indio mapuche que arreglaba los huesos, Quemehuencho se llamaba. Ni sé si existe actualmente, che. Cuando yo era chica, la gente llegaba en colectivos charter desde los pueblos vecinos, para hacerse atender.
    ¡Un abrazo!

  16. Roxi dijo:

    Me sentí muy identificada.. tengo 37 y el diclofenac con miorelajante es mi mejor amigo, sobretodo luego de hacerme la pendeja y bailar toda la noche en alguna fiesta o boliche.. jejejeje

  17. elrober dijo:

    TRANQUI JOSÉ, YO DEBUTÉ MIS 39 CON UN UNA HIPERTROFIA DE GL.ANDULA HIPÓFISIS QUE CASI ME DEJA CIEGO, DESPUÉS DE UNA PEQUEÑA NEUROCIRUGÍA Y UN MES DE CARPETA MÉDICA, LO ÚNICO QUE PERDÍ FUÉ LA VISIÓN DEL 50% DEL OJO IZQUIERDO Y 30% DEL DERECHO,UNA GANGA, ¡¡¡ FELIZ CUMPLE !!

  18. Nany dijo:

    Feliche Cumple Don Jose !

  19. nana dijo:

    Luego de leer los comentarios de tus lectores, ver cómo te queremos, sentirnos identificados, alentarte desde la comprensión por la vivencia propia, llego a una conclusión: Estamos todos hechos pija.

  20. Mónica dijo:

    Bienvenido al Cub de los Cogotes Duros! Dos hernias, consecutivas y un brazo que quedó de adorno por casi seis meses (el derecho).
    Tiene razón nana, estamos hechos pelota!!

  21. Sebastianbeatle dijo:

    Con diez año menos, creo que voy por el mismo camino, José!!

  22. Vagina Way dijo:

    jjajajja me reí mucho, con el texto y los comentarios!!
    Ponete las pilas jjaja viejito choto!! jajaj que como me decía “mi abuela” VIEJOS SON LOS TRAPOS!!
    Que tengas unos maravillosos y sanos 38!!

  23. Nacho dijo:

    ¡Feliz cumpleaños, Playo! Súper atrasado, pero bueno. Un placer tenerte de vuelta.

    Estuve ausente en el blog, porque estaba poniéndome al día con la lectura de Orsai Revista. Por cierto, me gustaron mucho los cuentos que publicaste allí.

    ¡Suerte con este dolor de espalda, che! Que te mejores. Sigo leyendo el resto de las entradas; aunque a juzgar por los títulos me parece que la cosa, a partir de este episodio, se fue pintando de marrón oscuro tirando a negro… Ojalá me equivoque

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