Amanecer contento

Esta mañana mi hija se despertó dando gritos de alegría. Yo estaba inmerso en mi ritual silencioso de café y casi me trago la cuchara. Nunca he tenido esa suerte: resucitar del sueño con una sonrisa, pararme sobre el colchón y dar saltitos, buscar a alguien y abrazarme fuerte a sus piernas para compartir la magia de un momento.

Qué rápido va todo, pienso. Si hace diez años me hubieran mostrado una foto de mi desayuno de hoy, me habría dado un soponcio.

Y mientras en el mundo hay países que se cagan a bombazos, o gente que se amasija por una diferencia económica o simplemente porque están aburridos, yo sostengo un café y miro cómo mi hija le da besos a nuestros perros.

Los rituales de hoy, hace unos años, eran inimaginables.

¿Qué me preocupaba antes? ¿Convertirme en un escritor, vivir de lo que me gustaba? Cuando presenté mi primer libro, recuerdo, temía. Estábamos en la recta final de un embarazo, y no comprendía el preaviso de que mi vida iba a cambiar para siempre.

Mientras el bebé está en la panza, todavía te podés dar el lujo de planear futuros matemáticos.

Nosotros atravesábamos un embarazo complicado cuando saqué Peguelé hasta dejarlo morado, y Naty pasó casi completos sus nueve meses en la cama. Complicaciones, pérdidas. En uno de los remansos que le dio el cuerpo, pudo levantarse y esa noche estuvo, con su carita sonriente, entre el público.

Parece que fue ayer cuando nos daban miedo las contracciones.

El tiempo pasa y uno termina por aprender que los temores no desaparecen, cambian. Lo que antes era torcerle el brazo a una obra social y elegir un moisés, ahora es chequear si tiene antecedentes penales un transportista. Lo que fue el primer bronco espasmo, ahora es asegurarse de que los niños no se embuchen un bife mal cocido.

El crecimiento de un hijo, quizá, es un proceso dual, porque vos crecés a la par, y es difícil tomar real conciencia de ambas cosas al mismo tiempo.

A mí no deja de asombrarme esa niña que, día a día, va cambiando mientras desayunamos en la mesa, así como no deja de asombrarme que estemos todo el tiempo descubriéndonos.

Yo aprendo mucho de ella, y se lo digo cada vez que puedo.

No me gustaría olvidar con liviandad esos pequeños descubrimientos, el increíble capital del ritual de la cotidianeidad.

—Pápulo, escribí con mayúscula porque a las letras chiquitas no las sé leer.

Me pregunto en qué momento esta personita aprendió a hablar, a pensar. ¿Recordaré más adelante su cerebrito lleno de chispazos? ¿Seré tan pelotudo como para olvidarme de cada uno de los momentos en los que la real conciencia de algo deja una muesca en la madera de su entendimiento?

—¿Es cierto que la gente no debe comer frutos silvestres, viejo?

—Sí, Niki. O te morís o te da diarrea.

Vivimos en un mundo voraz, en el que todo pasa demasiado rápido. Las personas parecen descartables, y nos acostumbramos sin escándalo a eso.

—¿Qué querés comer hoy, flaquita?

—Algo saludable, pupo.

Veo a mi pini, toda flaquita y delicada, con un sapo en su regazo, o abrazada a un perro que huele a un conteiner de linyeras, y la veo contenta. Así de pequeñita como es, tiene gran apetito por el mundo que la rodea.

Los dos, en cada punta de la mesa, jugamos a encontrar el lugar que nos corresponde en esto de ser una familia, de ser personas, de evitar los malos momentos.

En un ensayo en el que no abundan las segundas oportunidades, Niki aprende a usar una computadora, a nadar, a cuidar a los animales, a defender a su hermana, a ir a la cama cuando ya son las diez.

Y con mi mujer, en un acuerdo tácito, aprendemos a soltar de a poco la soga.

Estamos en esa etapa en la que los niños ya se pueden limpiar solos (aunque mal) el culo, en la que pueden desvestirse sin quedar enredados y al borde de la asfixia con una remera, o jugar en el patio sin comerse las cucarachas.

De pronto, el bebé que golpeaba la taza y daba grititos en la sillita, te pregunta qué gusto tiene el café. De buenas a primeras, el cuerpito que paseabas en brazos hasta que se durmiera, te pide la dejes atender el teléfono:

—Hola, soy la Niki, ¿quién es?

De todos estos años que pasan como flechas, me quedarán un puñado de anécdotas. Alguna que otra salida graciosa, el susto de un golpe, las vacaciones en que se nos rompió el auto en las sierras. Todo lo demás serán costras en la piel de los recuerdos, certezas infundadas.

Cada día para ella, aprendo hoy, es una posibilidad de algo nuevo, un motivo para festejar. Su padre chupa un café agrio, sin ganas de salir a la calle, mirando de reojo la temperatura en el televisor, y ella tiene ganas de aplaudir y cantar.

La observo con cierta ansiedad: yo a su edad ni sospechaba la proximidad de los abominables pasillos del primario y el secundario, ni la horrorosa incertidumbre de la universidad, ni la preocupación angustiosa de no perder un trabajo. Miro para atrás y me cuesta cada vez más reconocerme, detrás de una niebla añeja, disfrutando del mundo cuando tenía su edad.

En algún momento nos damos por vencidos y empezamos a parecernos a lo que antes odiábamos. Nos convertimos en padres.

¿Se puede cambiar eso? ¿No es cada generación un intento por conseguirlo?

Quién sabe.

Abrazo a Niki y le doy muchos besos. Junto a su cama, mamá le ha dejado un cuadrito. Ella está contenta y le pido que me lo lea. Va deletreando y sumando sílabas (todas mayúsculas):

—FE-LIZ-CUM-PLE-A-ÑOS-NIKI-TE-AMA-MOS.

Acompaño su alegría con torpeza. Su sonrisa es alucinante. Le pido que grite otra vez y entonces me mira con unos ojazos enormes, hermosos e hinchados por el sueño:

-¡HOY ES MI CUMPLEAÑOS, PA!

Y mientras abrazo fuerte su cuerpito, me doy cuenta de lo importante que será para mí, en un futuro, atesorar este miércoles veintiuno.

Algún día tal vez sea bálsamo.

Quizá, en el vaivén de una silla cómoda, esta mañana de noviembre cumpla su cometido en el futuro, me haga salir de mi sopor y mis cavilaciones de viejo. Intuyo que con una sonrisa caminaré con el paso ya lento, buscando un cartelito en una pared adonde pueda imaginar que se repiten, igual de luminosos, estos momentos perfectos.
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38 respuestas a Amanecer contento

  1. Irene dijo:

    Muy emocionante. Es maravilloso tener un niño cerca, día a día, y verlo crecer.
    Ojalá hayan pasado un hermoso día de cumpleaños.

  2. nana dijo:

    :'( Me hace emocionar hombre. ¡Qué bello! ¡Feliz cumple, Niki!

  3. nana dijo:

    Hasta dan ganas de tener hijos. Y afuera llueve y está mojada la carretera, entonces me acuerdo de que Julio Iglesias es padre de Enrique y, por suerte, se me van las ganas de nuevo.

  4. Irene dijo:

    @nana: Me has hecho reir!!!!! Pasé de la emoción a la carcajada sin estaciones intermedias!!

  5. Pancho dijo:

    F L LI Z C U M P L E A Ñ O S, N I K I! 🙂

    Qué grande, Playo!

    Ahora, vo… qué esa mariconada de los frutos silvestres? La vas a dejar sin probar las moras, a la gurisa? Con lo ricas que son?
    Los burucuyá? Las pelotitas amarillas de los talas?
    Los diversos frutos del bosque como se los llama: naranjas y mandarinas y sandías que uno se lleva abajo ‘el brazo donde las encuentra? 🙂

  6. pucha que se me metió una basurita en el ojo y ay! muy identificada. Yo también cuelgo mirándolos y ahora que son adolescentes digo ¿en qué momento se me escurrieron como peces de las manos?
    Textazo, José! Se agradece. Un abrazo!

  7. Walterio dijo:

    Parece que todos fuimos creciendo como una gran familia virtual. Me hiciste llorar a cántaros.

  8. Liliana dijo:

    Tiempo hacía que no recibía ‘Peináte …’ pero valió la pena esperarla. El relato está buenísimo.
    Pasa, sí señor, pasa. Ni te digo cuando de pronto esos chiquillos cara-sucias están cumpliendo cuarenta con varios niños a su alrededor (de sus otros hermanos, amigos y familias políticas que ya tienen la misma edad o por ahí).
    Adelante con todo, José!!!

  9. Talita dijo:

    Precioso Playo!

    A veces los cronopios de olvidan de su odio innato a los padres y los hacen pasar momentos como éste.

    Abrazo!

  10. Mónica dijo:

    Hermoso y emocionante!!

  11. Otro año más de padre, ¡qué viejo de mierda!!
    ¡Jajajaaaaa!!
    Felicitaciones a Niki y a los padres.

  12. Viejo dijo:

    Hola José,

    hacía mucho que no pasaba por acá. Me sigue gustando mucho cómo escribís. Me alegro que seas un buen padre, yo creo que es parte de la adultez sentarse con la mirada perdida a tomarse café, no te preocupes. Al menos tu hija te hace recordar que hay razones para alegrarse y sorprenderse un día cualquiera porque sí, pero más aún porque es su cumpleaños.

    Feliz cumple a tu hija, un abrazo!

  13. anitaX dijo:

    Encantador… y más aún porque son las ideas que me estaban rondado ultimamente: cómo hacer para no olvidarse?????

  14. nana dijo:

    @Irene: 😀 Es que este culiado me dejó con la lágrima en la pestaña. Tenía que salir de ahí. La lluvia colaboró, en ambos sentidos. Y adoro las carcajadas 🙂

  15. Juan Bolas dijo:

    Muy bueno que te pasen estas cosas y que además las compartas con todos.
    Abrazo y feliz cumple para Niki.

  16. elrober dijo:

    TE AMO JOSÉ.. Y TE ODIO… DAME MÁS..

  17. Juan Bolas dijo:

    @elrober: Jajaja, qué buen comentario!!!

  18. Vagina Way dijo:

    Qué hermoso! Gracias por compartirlo!!

  19. VICTORIA dijo:

    Hermoso… simplemente bello, al igual que la forma de redacción. Textos que hacen emocionar.

  20. Pablo dijo:

    Hace un tiempo llegué acá gracias a Orsai! y hoy comento por vez primera…Gracias! Por poner en palabras esos sentimientos que generan las pequeñitas…en especial en nosotros, los papás!!

  21. Carlitos dijo:

    Me hiciste llorar, pelotudo….

  22. Nico V dijo:

    Qué hermoso, José… GRACIAS.

  23. Javierito dijo:

    José: como siempre un placer leerte de nuevo. Felicidades a tu pequeña Niki y para vos (tambien es tu cumple)

  24. Julio dijo:

    Antes que nada debo reconocer que nunca comento aunque si te leo siempre y hace rato venía viendo esa «transformación» que se notaba en la forma de escribir y no podía determinar si se trataba un aburgesamiento, de los años o que mierda era, hasta que un día (hoy) leo algo que me me aclara todo y digo «y claro, que boludo que no me había dado cuenta, el chabón es padre y es feliz con eso». Lo mejor para vos y los tuyos.

  25. Julio dijo:

    @nana:

    Jajajaja me mató el comentario.

  26. nana dijo:

    @Carlitos: Un comentario muy atinado.

    @Julio: Julio, por fffffavor, ¡decime que era un chiste y estás vivo! *saleacomprarunahuija*

  27. Cruz de Malta dijo:

    Estupendo Post. Sigo leyendo tus entradas. Saludos desde España.

  28. Me hiciste piantar un lagrimón, cabrón!. muy bueno.

  29. Tincho dijo:

    Bien ahí, José! Mucha ternuva, me dieron ganas de salir cagando a abrazar al hijo mío!

  30. La curiosa dijo:

    Puta Playo, sos un tiernecito. Hermosas palabras, sé que tu hija cuando el día de mañana lea estas cosas frenará y dirá «Que buen viejo me tocó» Salud!

  31. Lulilu dijo:

    Hola Jose!!! Hace años que no te escribo, pero te leo. Me pego mal lo que acabo de leer, tengo una niña de 13 años que hasta hace poco le buscabamos el chupete debajo de la cama y que hoy a las 16 hs tiene turno con la depiladora…lo que paso en el medio, a veces,me parece un cuento. Besito

  32. Rhapso75 dijo:

    José: La puta que te parió….. Otra vez ando a los mocos, secandome las incipientes lágrimas con un pedazo de papel repleto de números y cálculos…..
    Efectivamente, esos días, que deberían ser los de mayor cantidad en nuestras vidas, se convertirán en los bálsamos que apacigüen el infierno de los errores que vamos a pagar. Darse cuenta, hoy, en este momento, es un gran paso. Reconocerlos, para valorarlos.

    Nada más… me se me caen los mocos sobre el informe de rentabilidad probable que debo presentar a mi jefe mañana. Creo que ese tipo no cumple años…..

    Un abrazón enorme José!!!

  33. Miquita dijo:

    Se me puso la piel de poio. Imaginé a un tipo grandote enredando con sus brazos a una criaturita que lo adora, que lo puede.
    Me han pasado cosas parecidas a las que nombrás, la experiencia de la maternidad para mí es como una metamorfosis… no sé en qué bicho me voy a terminar convirtiendo. Estos enanos vienen a replantearnos el mundo, a destruir esquemas y a enseñarnos tantas cosas.

    Disfrutala mucho, disfrutate padre que es maravilloso. Nosotros mientras tanto disfrutamos tus letras con mate en mano y lluvia ahí afuera.

    Un abrazo.

  34. No me di cuenta, pensé
    y tomé la servilleta de papel
    para no salpicar la mesa
    con mis lágrimas frágiles.

    No me di cuenta, pensé
    y vi desfilar en mi mirada interior
    un cúmulo de paisajes
    casi propios, casi ajenos.

    No me di cuenta, pensé
    y despacio fui hacia el baño
    a juntar
    pedacitos de mi alma.

    No me di cuenta, pensé
    y mis manos desnudaron
    la magia de aquello
    que engendré.

    Hermoso relato. Muchas gracias por compartir.

  35. sabalero dijo:

    Que groso José! mi hijo más grande tiene casi la edad de la Niki así que voy sintiendo lo mismo que vos desde que leo el blog (más o menos hace 5 años), sólo que no lo se expresar tan bien y debo ser medio insensible porque, pensaba recién mientras leia, que me cuesta aprender de mis hijos y salirme de mis estructuras, pero se hace lo que se puede. Gracias por este texto.

  36. Nacho dijo:

    Sublime. Nada más que añadir.

  37. lore73 dijo:

    Acabo de llegar, por recomendación de un amigo. Tendré que agradecérselo infinitamente.
    Estarás contento, José, con esto de hacer llorar a la gente.
    Esos momentos en que alejás el zoom y te das cuenta del milagro son impagables.
    Desde el invierno del hemisferio norte, un abrazo enorme con olor a mate y Chocolinas de importación

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