Adiós Barcelona y aquí tienes Sant Celoni

Veintiocho de marzo de dosmilonce. Estoy a bordo de un tren que me lleva a Sant Celoni, donde el Chiri y el Hernando han prometido limpiarme al poker y hacerme cosas para las que el catalán todavía no tiene palabras.

—Vale. Venga —respondo.

En este país, esas dos palabras son un comodín verbal muy versátil. Sirven tanto para despedirse en una reunión como para invitar a alguien a una cama. Los argentinos tenemos el “boludo”, pero no es tan abarcativo, y además, distingue género.

Desde que estoy en esta tierra he visto algunos modismos y expresiones que son como firmas que la cultura del país le estampa a los extranjeros. Acá la gente, por ejemplo, resopla mucho:

—¿Me marca mucho las celulitis este bikini?

—Ffff.

Esa onomatopeya se repite de manera constante, tanto para evaluar la calidad de un jamón como para decir si alguien es un pesado. “Ffff”. Y lo usan todos. Antenoche hice una pregunta general al grupo con el que estaba y las cinco personas soltaron uno casi al unísono. Nadie parece darse cuenta.

—Ffff.

Antes de ayer fue el cumpleaños de mi padre, lo llamé y le dejé un mensaje. Quiero llevarle un regalo de acá, pero es un poco complicado. Ya veré cómo me las arreglo. Las tarjetas para hablar te cuestan cinco euros y te rinden para una hora a Argentina.

También estuve con Silvi y Lunita, amigas cordobesas aunque hayan nacido en Cataluña. Son la mujer y la hija de mi mejor amigo, y lo pasamos muy bien; fuimos a la playa, paseamos en bus y nos metimos al parque de Gaudí. Ese lugar está hecho para que la gente entrene el índice apretando el obturador de la cámara. Increíble la cantidad de turistas al pedo.

El sábado terminó Kosmopolis, un ramillete de experiencias interesantes. Hasta tuve que leer cosas en portugués para que lo escucharan personas que hablan bien ese idioma; hasta el momento es lo más osado que hice en mi vida (además de esto, claro).

Caminamos mucho con Silvi, turnándonos para llevar a Luna en brazos mientras me mostraban otros lugares de Barcelona. La pequeña me preguntó mucho por Niki y por Lulú, así que le dije que fuera a visitarlas, que estarían encantadas. A la noche volví a caer como si alguien me hubiera robado el piso.

—Ffff.

Los suburbios de la ciudad se deshacen sobre los vidrios del tren. Pronto empezamos a transitar una zona muy similar a los caminos para llegar a Carlos Paz, pero bien cuidada. Estoy sucio, cansado, hinchado y feliz. Y me duermo como de un palazo.

(Lo último que veo es el paisaje convirtiéndose en la maqueta de un tesista de arquitectura).

Me he acostumbrado a llevar mi chupa pija a todos lados. Ahora está en el asiento del lado, parece mirarme, su gesto es servil, predispuesto. No puedo despegarme de ella, la necesito. Después del paseo que hice por la zona del Raval, en el que las señoritas centroamericanas me miraban y piropeaban porque les parecía irresistible, descubrí que lo único que les atraía era que compartimos el código de las chupa pijas. Ffff.

La voz del Chiri me despertó en el teléfono y así no perdí la parada. Sant Celoni es hermoso, una ciudad prolijita, bien llevada; es como una señorita coqueta de picnic al pie de una montaña. Desayunamos unas cervezas en lo de Christian y María, después vino el Hernando, y nos fuimos a comer con ellos y Cristina. Fuimos a un lugar que se llama algo así como Montsein, y empecé a tragar cosas riquísimas en unas mesas al aire libre. Cristina nos enseñó a tomar vino con una jarra que tiene un piquito y pronto parecíamos linyeras con parkinson. Hasta ahora, uno de los vinos más ricos que probé en mi vida.

De entrada pedí unos caracoles y entonces se ve que el cocinero salió al patio y agarró una fuentada de los mismos bichitos que andan por los patios de las casas. No había comido nunca, están riquísimos y te sentís en un documental de Discovery Channel. El plato principal fue como un desafío del Lejano Oeste, pero para ver quién se comía un bifacho de un kilo con papas fritas. Sólo el Hernando y yo desenfundamos. Todo muy rico.

Los chicos son unos anfitriones increíbles. Terminamos la tarde en lo de Hernán, tomando carajillo y levantándonos un estado bastante importante, hasta que llegó Comequechu. Ahí jugamos con una pelota cargada que giraba para cualquier lado y me pidieron amablemente que fuera a bañarme, porque a la noche me sodomizarían con una baraja de cartas.

La pizzería es un lugar hermoso, los chicos no están armando una revista con pizzería, están plantando árboles de amor en un oasis de lejanías. Chupamos, comimos, fumamos al póker y terminé endeudado. Una noche alucinante.

Hoy dormí hasta tarde y clavé un pollo ibérico con papas y cebollas. Ya recuperado, me encuentro ahora de colado en una reunión de Orsai, donde el Chiri, el Hernando y Korochi, discuten cosas sobre una minipantallita que parece un libro de cuero.

Estoy muy contento, había pensado en la posibilidad de este encuentro sólo como una fantasía, y escribo esto junto a un montón de amigos que no sabía que tenía, muy bueno.

Antes de dejar Barcelona, me crucé por la calle con Albert Sánchez Piñol, pero no atiné a pedirle una foto ni un autógrafo. Pero luego supe algo que me tranquilizó.

Mañana parto a París, me siento un agente especial pero excedido de peso. Y vestido como un mochilero.

Tengo una misión. Lo que viene es una aventura de las más raras de mi vida.

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11 respuestas a Adiós Barcelona y aquí tienes Sant Celoni

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  2. Maxi dijo:

    La envidia sana no existe. Así que simplemente, te envidio.
    Por otro lado, ¿podemos soñar con un Playo en la Orsai 2? Aunque supongo que no lo adelantarías.
    Un abrazo.

  3. Manuel dijo:

    Exactamente eso, envidia nada sana. Y exacatamente lo otro, no podes ir hasta allá, pasarla del carajo, y no estar en la 2.

  4. Javier dijo:

    Hola José, lo de Sánchez Piñol. Desembuchá!

  5. la eli dijo:

    Jose, tengo la primer ORSAI gracias a vos, a tus comentarios y aunque esta buenisima… para mi faltabas vos! y le escribí a Hernan y al Chiri para decirselos (por supuesto que no saben quien carajo soy y no le deben haber dado importancia a mi comentario. Y por supuesto que vos estas ahí por mérito propio) pero en este mundo virtual donde se han roto las estructuras piramidales (o como se diga) puedo llegar a pensar que mi humilde aporte sumado al de todos los que hemos reclamado por tu ausencia, fue valioso. Ahora la ORSAI tendrá un VALOR AGREGADO.

  6. sabalero dijo:

    Me alegro que estes haciendo ese viajazo, tambien me gustaria que estes en alguna orsai, por el goteo de hoy parece que no va a ser en la 2 pero será más adelante. Un abrazo y pasala lindo.

  7. Jejeee. Tenés que contarnos más del encuentro con Hernán y Chiri.

  8. ¿Vas a escribir para alguna ORSAI?

  9. Marcos Dione dijo:

    eeeeeeeesa, josecito, te animaste a París! disfrutala, y no te olvides de subir al sacré cór para verla de arribita… o a la eiffel, si te sobran los morlacos. enjoy the wine and the minitas!

  10. Claudina dijo:

    Despues de leerte es que me pregunto ¿a que hora «cogiste» ese tren para sant celoni? es el tren que tomo cada dia a las 13.30 para ir a «currar» pero me bajo antes en motcada i reixac.
    podriamos haber compartido el tren, tal vez el asiento de al lado, te pregunto esto no por ser una seguidora tuya llevada al extremo del fanatismo pero cada dia que hago ese religioso trayecto voy pensando siempre lo mismo, ¿con cuantas de estas personas tendre alguna coincidencia ahora o en el futuro, mas alla del mismo horario de tren?…que loco, dos argentinos, dos cordobeses y un mismo trayecto…alguna vez lei algo sobre la teoria de «los 6 grados de separacion»…tal vez es cierta…
    Saludos y bon viatje

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