Crónica de endrogada matinal

Llegué a la guardia caminando como Frankenstein, saqué número y esperé. Pronto me llamaron, entregué el carné y me fui a buscar el consultorio, perdido en un pasillo atestado de gente hecha mierda. Ubiqué una butaca libre para acomodarme. A mi lado había una chica joven en silla de ruedas. Estaba con el marido, que le sobaba los hombros. La chica sostenía la cabeza con una de sus manos y con la otra se golpeaba el muslo. Le decía a su pareja:

—No te banco, Javier. No te banco.

A mi lado había una señora con olor a naftalina. Intentó dos veces darme conversación, pero después de haber dormido un par de horas con la espalda hecha un nudo, no suelo responder muy bien.

—… usté… un muchacho tan joven… —decía.

Era como si las palabras le salieran a través de un tubo repleto de caramelos babeados. Se ve que llevaba la prótesis dentaria sin pegamento. Le sonreí como pude, me levanté y salí a fumar.

Me llamaron al rato y entré. El consultorio era pequeño y la doctora, jovencita, me pidió que le contara qué me andaba pasando. Resumí el padecimiento cervical, le expliqué cuánto hace que vengo de médico en médico, sin encontrar soluciones. Me pidió que me sacara la camisa y empezó a revisarme.

—¿Te duele si hago así?

—Ay.

—¿Y esto? ¿Esto te duele?

—Ay.

Después me hizo un electro y me preguntó cuánto fumaba. Le dije. Luego, como siempre, quiso saber:

—¿Deporte? ¿Alimentación? ¿Sueño?

—Nada. Porquerías. Yo no duermo.

Salí de ahí camino a la enfermería, con la receta de una inyección. La médica me había dicho que teníamos que quitar el dolor primero para empezar un tratamiento después.

—La fisioterapia no te va a servir, yo me juego el mate a que esto es una hernia o un pinzamiento. Igual, andá, ponete la inyección y después pedí turno con este médico, especialista en columna.

La abracé con los ojos llenos de lágrimas. Tal vez pensó que me había emocionado su atención, la verdad era que al agacharme vi las estrellitas.

La enfermera me esperaba en otro pasillo, me hizo pasar y me clavó la aguja estando de pie.

Me gusta ver qué técnicas utilizan las personas duchas, así aprendo. El día que pueda ponerme yo solo estas cosas, no piso nunca más un hospital. Ella puso primero el alcohol, después me sopló el cachete del culo y, mientras el trasero se me ponía bajo cero, enterró el jeringazo hasta el hueso.

—Ay.

Iástamo, iástamo.

La aguja salió y enseguida me apoyó un algodón bien fuerte en el culo, haciendo movimientos circulares que la parte delantera de mi humanidad replicaba contra el borde de la camilla.

Ahora vai a sentí que se te ablandan lo músculo. Eperá que tiámen de raio, así te hacéi la placa.

Le di las gracias y salí. Había entrado caminando como Frankenstein y me iba dando trancos como la momia.

Me llamaron de rayos a la media hora. Yo estaba en un trance chamánico provocado por el diclo no sé qué y el B12 no sé cuánto. Era como si el mundo se hubiera escondido detrás de una lente gran angular y todos flotaran en un líquido amniótico cálido.

A mi lado pasaban viejos con el elástico de los párpados vencido, dejando escapar lágrimas de resignación. Junto a mí, en una silla, un tipo se quejaba del procedimiento que el médico había usado para limpiarle una herida en la pierna:

—AAAAhhhh, me mató el hijueputa, me arrancó un pedazo…

Yo sonreía como si mil uñitas me estuvieran cosquilleando la espalda. El mundo resbalaba otra vez hacia la nada y se llevaba consigo todas las amarguras de los últimos meses, todos los malos ratos, las angustias.

Ahí, con la espalda rendida sobre la pared de un pasillo medieval donde la gente sangraba, supuraba y esperaba turno para morir en una camilla, todo me chupaba un huevo. Los visitadores médicos hediendo a Carolina Herrera y golpeándome las rodillas con sus portafolios, las embarazadas que iban y venían con las manos en los riñones, todo me chupaba un huevo.

Algo está decididamente mal en este planeta, pensaba.

El pasillo se ensanchaba y se contraía al ritmo de la música ambiental mientras la gente, parapetada en el dolor, sufría removiéndose en las sillas. Un bebé tosía flemas densas, un señor tenía la mitad de la cabeza envuelta en un vendaje amarillento con motas negruzcas, alguien tarareaba una canción de Montaner.

Los bancos, las empresas telefónicas y los hospitales son ejemplos de lo que nos aguarda a los pecadores en el infierno.

Siempre que veo gente hacinada pienso en que todos tenemos una casa, una cama, y cada día nos levantamos, cagamos, meamos, mientras pensamos que hacemos lo correcto. El mundo es una inmensa confusión. Un ensayo desordenado por el que vamos dando tumbos, aturdidos.

—¡Playo! —llamó una voz y yo resbalé por la pared hasta una puerta.

Adentro estaba mucho más fresco. Había aparatos que zumbaban, luces de colores, brazos mecánicos con cables. La chica que me esperaba tenía guardapolvo oscuro y rasgos aborígenes que confluían en una sonrisa llena de esperanza. Me pidió que me sacara la camisa y me hizo poner frente a un cuadro con líneas.

Ahí, de pie, solo en esa habitación con ella detrás de un vidrio grueso, dejé que me bañaran radioactivamente de frente y dorso, de costado, de un lado y del otro. Cada vez que la voz de la muchacha brotaba por un parlante y yo cambiaba de posición, un aparato sonaba con un golpe y me achicharraba un poco más los huevos.

Salí con un montón de papeles firmados, con recetas, con la pierna derecha rígida y adormecida. Afuera el sol era inmenso, pleno, y llenaba de azul el cielo para derramarse en los vidrios y los paragolpes de los autos.

Me senté en una vereda, enceguecido por los destellos y prendí un cigarro.

Hubo un ruido como de cartílagos y huesos cuando probé de mover el cuello hacia un lado y hacia el otro, pero funcionaba.

Rebusqué los cablecitos del mp3 en el bolsillo y me puse a ordenarlos. Al play lo encuentro sin mirar. De pronto brotó dentro de mi cabeza una canción que no recordaba que tenía: Just like heaven.

Camuflado detrás de los anteojos, lloré otra vez.

No me contenía frente a la sensación de que una mano mágica le había robado al mundo, como a mí, los problemas y los huesitos por un rato.

Esta entrada fue publicada en Relato. Guarda el enlace permanente.

33 respuestas a Crónica de endrogada matinal

  1. A lo de los bancos, las empresas telefónicas y los hospitales, agregaría las obras sociales, los velatorios y los casamientos por civil.
    ¡Muy bueno José! Espero que ya estés mejor.
    ¡Abrazos!

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. Eduardo dijo:

    tiene nombre: se llama desilusionismo.

  4. Patricia dijo:

    Hace un rato que vengo leyendo en silencio. Publico mi primer comentario para decir que este es el tipo de escrtos que mas me gustan como los manejas.

    Saludos, seguire visitando, muy buen espacio.

  5. Facundo dijo:

    Me gustó José. El ¡Playó! me hizo acordar a cómo Bukowski utiliza su apellido en sus relatos.

  6. José Playo dijo:

    @Federico Gauffin: no estoy mejor, pero sigo sintiendo que todo me da lo mismo. Comparto plenamente los lugares aportados para ensayo del infierno. Abrazo.

  7. José Playo dijo:

    @Eduardo: lo rebautizo: empatía con la derrota. Pero creo que es igual.

    @Patricia: gracias, espero que te animes más seguido. A mí también me gusta cronicar cosas diarias (es el único nombre que se me ocurre para este “estilo”). ¡Saludos!

  8. José Playo dijo:

    @Facundo: seee, de una; es re bukowskiano. Queremos tanto al viejo…

  9. Despeinada dijo:

    La única ventaja de haber crecido en hospitales (asma desde los 9 meses de edad y contando, para servir a Dios y a Usté) es que lo que tu sientes ahora, uno nunca lo sintió. Si te sirve de consuelo (a mí me sirvió cantidad) es pensar en la cantidad de gente que no la aceptan en el hospital por no tener nada más qué hacerle…

    Ánimo, que siempre vamos a estar mejor que dentro de diez años 🙂 (MI padre odia estas frases pero igual, de repente, consuelan 😉 )

  10. Patorucita dijo:

    “Los bancos, las empresas telefónicas y los hospitales son ejemplos de lo que nos aguarda a los pecadores en el infierno.” Siii! Es asi!!! La ultima vez que estuve en un hospital senti un poco eso! Que horrible!!!

    Me encanto esto: “El mundo es una inmensa confusión. Un ensayo desordenado por el que vamos dando tumbos, aturdidos.”

    Que te mejores!!!

  11. El_Agustín dijo:

    La historia es genial… Te imagino haciendo todo eso y me causa muchísima gracia.

  12. Pancho dijo:

    Me encantaría saber por qué ella se agarra la cabeza. Si por dolor, por cansancio, o si está conteniendo la bronca y armándose de paciencia. Me encantaría saber por qué no banca a Javier. Posta!

    Espero hayas disfrutado el viaje durante mucho mucho rato… no está mal salir a pasear del infierno un rato. Al menos hasta poder salir del infierno definitivamente.

  13. Diego S. dijo:

    Estudio medicina y una vez a la semana hago practicas en un hospital. Francamente me fascina porque creo que en un hospital uno ve la verdadera naturaleza de la gente

  14. sabalero dijo:

    Muy bueno José eso de “Iástamo, iástamo” eselente, me hizo cagar de risa como 10 minutos. Mi sensación con los hospitales es un poquito ambigüa, soy médico asi que hace más o menos 10 años que transito por el otro lado del mostrador. Sin embargo cada vez que tengo que ir yo al médico (últimamente demasiado para mi gusto) siento una sensación de indefensión o vulnerabilidad que (no se si se parece al infierno, no conozco la verdad) bastante particular. En cambio cuando voy al banco, o al registro civil o a la AFIP solamente tengo ganas de romper todo y asesinar a todas las empleadas que esten tomando café.
    Yo también quisiera saber poque esa mujer no lo banca a Javier, pobre, que le esta haciendo el aguante ahí.
    Hace rato que venis jodiendo con tus dolores vas a tener que encarar seriamente que hacer con eso. Abrazo

  15. Gonzalo dijo:

    El texto, como casi todo lo tuyo, es genial. Sólo un detalle: Frankenstein era el doctor (o científico o lo que sea), no el monstruo.

  16. Dave dijo:

    Yo también me quedé colgada pensando por qué la mina no se lo banca a Javier.
    Y además dos cosas: Cómo puede ser que te soplaron el culo después del alcohol! Es lo mismo que una escupida de microbios. Y por otro lado José, que veas un buen traumatólogo para que te estudie a ver por qué esas contracturas horribles.
    Leyendo de tus dolencias me divierto mucho, espero que entiendas 😉
    Que te mejores pronto!

  17. Pingback: BlogESfera.com

  18. José Playo dijo:

    @Despeinada: yo también soy asmático camuflado, y tengo muy presentes las crisis, la sensación de muerte inminente, la pelea interna y desesperada por una bocanada de aire. Quizá por eso me pegó tanto It, de Stephen King, hay un peronsaje que es asmático y relata cómo es el padecimiento y es aterrador. Al último episodio lo tuve cuando me operaron de apéndice, te digo que no es para nada buena la combinación de tripas engrampadas con ahogo. Un médico me dijo que, por más que no haya vuelto a tener una crisis fuerte, soy asmático a tiempo completo, o, como me gusta decir, asmático camuflado. Gran consuelo, la proyección. Sé que siempre se puede estar peor, siempre. Abrazo.

    @Patorucita: gracias, voy por la tercera inyección, y aunque el efecto ha bajado un poco, estoy un poco mejor. Abrazo.

  19. José Playo dijo:

    @El_Agustín: reíte, nomás. Pero qué lugar las guardias hospitalarias, es un mundo que uno no conoce.

    @Pancho: yo también me lo preguntaba, pero no pude obtener más datos. Fue un buen paseo, todo lo que tenga que ver con el alivio me genera recuerdos cariñosos. Gracias, Pancho.

  20. José Playo dijo:

    @Diego S.: estoy completamente de acuerdo, tengo muchos amigos médicos, y parientes también, con todos de vez en cuando hablamos mucho del tema. En eso es interesante, por ejemplo, el libro de Presman, “Letra de médico”, aunque no está explorado con profunidad, en algunos relatos se habla de ese mundo que se despliega. Nunca estamos más indefensos que en bolas, sobre una cama, a la vista de gente con guardapolvos que nos pone cosas por los orificios del cuerpo. Yo quería estudiar medicina pero no me daba la cabeza, aunque me sigue fascinando la materia, y la biología en general, lo que más me atrae es esa evolución lenta de los procesos, que todavía sean, algunos, tan invasivos, tan medievales, y que por otra parte haya tanta pila puesta en mejorar otras cosas, como la relación con los pacientes. Sé que la más de las veces no ayuda ni la infraestructura, ni la política, ni la economía, pero es encomiable lo que algunos profesionales hacen por los pacientes. Tengo muchos relatos escritos sobre el tema, más que nada sobre las veces en que, lamentablemente, hemos tenido que ir con las niñas a los hospitales. Hay muchas cosas para criticar, pero siempre me quedan grabados los gestos de algunas personas (me gusta mucho cuando el médico deja de ser médico y se muestra como persona). Lamento que no todos tomen esa actitud, ponerle humor, cariño, empatía. Son gestos simples y para uno que está debatiéndose entre las dudas y los cables y los sueros, a veces, gestos que marcan una gran diferencia. Abrazo.

  21. José Playo dijo:

    @sabalero: exactamente, eso mismo le comentaba a Diego acá arriba. Claro que son distintas, en una está en juego la vida, la salud, la posibilidad de que volvamos a la calle más o menos igual. En los demás lugares podemos sentir que nos rompen otras cosas, pero sabemos que el daño no estará tan visible como cuando pasamos por cuchillo o nos ponen algo por vena. Qué tema, la medicina. Rescato siempre, como le decía al colega más arriba, la actitud. Es tan significativa, tan significacita. Abrazo. Y ni idea porqué se quejaba tanto esta mujer.

  22. José Playo dijo:

    @Gonzalo: pero que caminaba como el culo, a eso no me lo vas a negar, ja. Gracias por el apunte, es justo y necesario. Ahora, de neófito, el bicho, ¿cómo se llamaba?

    @Dave: lo de la soplada de culo también me dio esa sensación, suerte que cuando estoy dolido, los trastornos obsesivos compulsivos tienden a bajar un cambio, pero ahora que me lo decís, me parece que tengo una colonia de bichos masticándome los cantos por adentro. Gracias. Tengo turno el lunes con un especialista en espalda, le pediré que me enderece, aunque sea a los patadones. Y se entiende, la idea de compartirlo es quitarle el peso, justamente. Abrazo y gracias.

  23. dayana dijo:

    José, te vimos anoche en canal 10!!

  24. Lucas, desde Pest dijo:

    Bravisimo el mundo de las guardias.
    Ni hablar cuando te cosen el mate dos minas que se putean en hungaro o se sacan los puntos sentado en una silla y te mandan asi nomas a casa con el mate abierto.

    Me hiciste reir con el relato, yo creo que Javier la fajaba a la chica y despues le daba miedito que lo mande al frente.
    Y en el infierno, definitivamente debe haber musica funcional que casi siempre es Montaner, y en los momentos realmente malos, Valeria Lynch.
    El infierno no esta encantador.
    Abrazo y que te mejores!

  25. La curiosa dijo:

    Uy…..es terrible el hospital…No voy para nada seguido y la última vez que fui, fue a un lugar en donde te atendían a mil por hora..jeje así que quejarme no puedo pero sé que es tediosa la cosa…
    Muy buen relato…
    Besos..!
    Larita…

  26. Diego L@d@ dijo:

    Muy bien Playo , tu prosa roza el relato fantastico del subte en Córdoba junto al Twitter de Cara con Guiño (Giacomino) para hundirse de lleno en la esquina de Sarmiento esquina San Martin donde se venden con 390° grados de calor bebe’s de loritas por menos de U$S 3.
    En fin siga en esa senda por ahi yo lo alcanzo cuando deje mi auto y lo cambie por un bicicleta con ruedas de papel.
    Abrazo querido ¡

  27. ¡Igualito que yo! Nada. Porquerías. Yo no duermo.
    Y la misma contractura. Probá con quiropraxia, a mí me ayuda bastante. Pero si no largamos la compu, no hay magia que valga.

  28. elrober dijo:

    todo (excepto la inyección) me hice hace un par de meses, pero por suerte no me encontraron nada en la espalda, era sólo muscular la joda, la descripción del infierno hospitalario es Marechaliana (Adan Buenosayres, si señor)

  29. Dorotea dijo:

    hola José!
    del otro lado de tu historia… trabajo en la administración de una clínica y juro que a veces creo que Guillermo Franchela va a pasar haciendo medialunas por el pasillo. Soy la “srta” que en el momento de dolor más insoportable (cualquiera sea) tendría que pedirte fotocopia de carné, primera y segunda del documento, plata y firmas en cuatro casilleros. (“… ha de haber gente pa’ todo…) (o como dicen las chicas de Utilísima: “la vida es un bricolage…”).
    Abrazo!!!

  30. excelente!!!
    si, el infierno se asoma de este lado…
    llorar en lugares públicos… inevitable.
    f
    http://dichaflor.blogspot.com/

  31. Pingback: Peinate que viene gente » Blog Archive » La decrepitud del mueble con rueditas

  32. Missunsh dijo:

    Me estoy comiendo todas las crónicas seguidas en el pasillo de un hospital, me meo de risa y los descosidos y cabeza vendadas me odian. Jajajajaja ovación Don Playo! Feliz año, que se venga mejor la reputamadre!!!

  33. cristian dijo:

    Recuerdo que mi hermana se puso una prótesis en la cadera hace algunos años, el dolor era inmanejable… muchas veces lloraba de dolor sin poder levantarse de su cama.
    Uno de mis sobrinos tenia una planta, que mi hermana y mi vieja regaban felizmente sin saber que era…. cuando el dolor fue insuperable, mi sobrino no aguanto mas y le dijo que fumar la planta podia calmarle el dolor…. se que no es un buen consejo… pero doy fe que a mi hermana le calmo el dolor y durante mucho tiempo hizo que sea mas facil llevar el tiempo con la operación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *