Dos historias verdaderas y una que no lo es

Alguien empezó a gritar pidiendo un médico. Eso despabiló a Carlos, que estaba medio dormido sobre la reposera. Unos segundos antes restregaba sus pies cubiertos de arena, contento de hallarse bajo la sombra de los sauces en aquella parte del río. Tras meses de guardias asesinas y sueños interrumpidos por el alboroto de las ambulancias, ese descanso serrano le venía muy bien.

A su lado, en el suelo, había un libro de histología abierto en carpa junto a un termo con agua caliente. Tuvo que incorporarse cuando entre las voces de algarabía veraniega se coló el pedido de auxilio.

Él era médico. Recién recibido, pero médico al fin.

Se rascó la cabeza y miró hacia la orilla, donde unos muchachos traían a la rastra el cuerpo de un joven. Lo dejaron tendido sobre la arena.

—¡Un médico, que alguien busque un médico! —pedían con insistencia.

Los improvisados socorristas salieron en distintas direcciones a buscar ayuda y la gente comenzó a formar un círculo en torno al herido. Carlos sabía que cuando los pulmones se llenan de agua, hay un período en el que la resucitación surte efecto, luego ya no tiene sentido.

Se puso de pie, se limpió las manos en su traje de baño y se encaminó hacia el grupo de gente.

—¡Hagan lugar, dejen espacio! —ordenó.

Una vez arrodillado junto al muchacho, pidió que le alcanzaran algunas toallas e improvisó con ellas una almohada que acomodó debajo de la nuca. Después inició las maniobras de resucitación, soplando intensamente una vez por cada cinco apretones que descargaba sobre el pecho quieto.

—¡No respira! —gritó una mujer gorda—. ¡Haga algo, no respira!

Carlos le pidió ayuda a un señor de bigotes. Juntos incorporaron al muchacho mientras un pelado le sostenía la cabeza.

—Hay que hacer que escupa el agua —explicó Carlos—. Voy a necesitar que vos le golpees la espalda con la palma de la mano mientras yo le aprieto la panza. Y vos —le dijo al pelado— andá moviéndole hacia adelante y hacia atrás la cabeza, así sale más fácil.

La maniobra no dio resultado y al cabo de tres intentos decidieron voltearlo de costado. Estuvieron así unos cinco minutos, hasta que Carlos determinó que la respiración se había estabilizado.

—Listo —dijo mientras tomaba el pulso con los dedos—. Ahora hay que esperar la ambulancia.

La sirena se escuchó un momento después y por fin aparecieron dos enfermeros escoltados por los amigos del accidentado. Entre todos ayudaron a subir el cuerpo inconsciente a la camilla.

Uno de los muchachos, antes de irse, llegó hasta donde estaba Carlos para agradecerle.

—Menos mal que estabas vos acá, no sabíamos qué hacer, vos no sabés el golpazo que se pegó —explicó el chico.

—¿Qué golpazo? —preguntó Carlos—. Pensé que se había ahogado.

—No, ahogado no. Estábamos parados sobre una piedra y se resbaló. Cayó como cuatro metros de cabeza sobre la arena. Para mí que se hizo mierda las vértebras del cuello —dijo antes de trepar con prisa a la ambulancia.

***

Era una de las noches más frías de ese año y la llovizna rebotaba como agujas sobre los vidrios. En el interior, sentado junto a una estufa eléctrica, Ramiro repasaba las dos últimas bolillas. Lo habían bochado en el turno anterior por no saberlas y quería evitar riesgos.

Por la ventana de su departamento vio pasar otro grupito de invitados al cumpleaños de su vecino. Después de la segunda vez que le tocaron el timbre, decidió pegar un cartelito junto al portero: “EL CUMPLE ES EN EL DPTO 2”.

La materia era difícil, demandaba concentración, y el bullicio de media docena de personas festejando no ayudaba para nada. Sopesó la posibilidad de ir a hablar con su vecino, pero le pareció un despropósito, así que optó por salir a dar una caminata para despejarse. “Total puedo estudiar cuando termine la fiesta, tengo tanto café en la sangre que siento que me estoy volviendo negro”, se dijo.

Se puso el abrigo, recogió las llaves del escritorio y salió. Le dedicó una mirada a la puerta del vecino. La música se mezclaba con los gritos y las risotadas detrás de la madera.

Volvió un par de horas más tarde, con los pies helados y los dientes castañeteando. Le dedicó una mirada a la nota que había pegado en el portero, alguien había escrito debajo, con caligrafía despareja, un «BUENO» en mayúsculas.

Notó, a medida que se acercaba a su casa, que el bullicio del vecino había desaparecido. Sin embargo, la música seguía sonando alta. Una vez adentro se quitó el gamulán y ocupó la silla frente a la estufita, esperanzado en que su nariz recuperara la temperatura.

Revisó los apuntes, pero la música seguía molestando, así que decidió ir hasta el departamento a pedir que la bajaran.

Después de golpear varias veces la puerta, probó suerte asomándose por la ventana del living. Desparramados en los sillones había algunas personas. Con la frente pegada a la mesa, otras. Uno de ellos estaba tirado en el piso.

El cumpleañeros estaba de espaldas a la pared, junto al calefactor encendido. Todos parecían haberse dormido antes de cortar la torta.

***

Una señora cedió a dos abogados la administración de su casa. Le pareció buena idea no tener que preocuparse por garantías y boletas. Los abogados pusieron un aviso en el diario y a los pocos días ya estaban firmando contrato con un matrimonio joven.

Todo fue bien hasta un mes más tarde, cuando sonó el teléfono en la casa de uno de los letrados, el doctor Sabarots. La policía le avisaba que tenía que apersonarse en el inmueble alquilado cuanto antes.

—¿Qué pasó? —quiso saber.

—Esperamos que usted nos explique eso, doctor —respondió la voz del otro lado de la línea.

Cuando Sabarots llegó, acompañado de Maguirre, su socio, la sangre se les heló dentro de las venas. Había camiones militares estacionados en la vereda, también ambulancias y muchos patrulleros. Toda la cuadra se había poblado de camisones y pantuflas curiosas.

Los recibió el comisario y les hizo varias preguntas. Por fin se enteraron de los detalles.

—La gente que estaba ahí adentro fabricaba bombas en el living. Una de esas cosas explotó —explicó el uniformado.

—¿Bombas? —repitió, como en trance, Sabarots.

—Bombas —afirmó con aire severo el comisario—. Ahora mismo estamos tratando de entender cuánta gente había en el living al momento de la deflagración, pero calculamos, por los torsos y los pares de piernas, que eran cinco.

Los doctores se miraron. Ambos estaban lívidos. El comisario, acercándose a ellos con una sonrisa sardónica en la cara, agregó:

—Hay una mano pegada en el techo. Y otra sobre el dintel de la puerta que da al patio. Están como remachadas, imagínese con la fuerza que explotó la cosa.

Los abogados esa noche tuvieron que firmar muchos papeles. Pasaron varios días hasta que el último patrullero despejó la zona. Cuando por fin el asunto se calmó, se armaron de paciencia, contrataron a una empresa de limpieza y dejaron la casa en condiciones.

La dueña les había pedido expresamente que no le contaran detalles. Lo único que pretendía era seguir recibiendo la mensualidad, no problemas.

La historia se repitió y a los dos meses pusieron otro aviso. Otro matrimonio joven se presentó a pagar la seña para ocupar el inmueble.

Maguirre llevó aparte al hombre y le contó lo ocurrido:

—No me gustaría que se entere después y piense que lo estafamos, o algo así.

El hombre lo pensó un rato y por fin le dijo:

—No hay problema. Lo único que le pido es que no se lo cuente a mi mujer, no quisiera tener que ponerme a exorcizar fantasmas de manos pegadas en los techos, no sé si me comprende.

Acordaron con un apretón de manos y no volvieron a verse hasta quince días después, cuando, otra vez, el teléfono sonó en la casa del doctor Sabarots.

—¿Qué pasó? —quiso saber el letrado.

—Será mejor que vengan, doctor —le dijo el comisario—. Hubo otro problemita con su propiedad.

La escena era preocupantemente similar; otra vez los patrulleros, otra vez los curiosos, otra vez los militares. Esta vez, el comisario sonreía con crueldad y les palmeó el hombro con gesto condescendiente.

—Qué casa problemática, doctores.

Sabarots y Maguirre escucharon el relato. El nuevo inquilino, aprovechando el tamaño del patio, había comprado un arbolito de ciruelas. Conforme a la declaración que le tomaron los primeros oficiales que llegaron al lugar, el denunciante manifestó haber comenzado a cavar un pozo para plantar el frutal, cuando, a pocos centímetros de la primera palada, dio con una superficie dura.

Pensando que se trataba de una piedra, buscó un pico y descargó varios golpes, hasta que la superficie se rompió y debajo del denunciante se abrió un pozo que lo tragó.

El inquilno de Sabarots y Maguirre había ido a parar a un colchón de rifles, escopetas, pistolas y ametralladoras. Lo que confundió con una piedra era en realidad una bóveda que servía de almacén para un montón de armas.

Atribulado por el descubrimiento, corrió al teléfono y llamó a la policía.

Los abogados se miraban con incredulidad. El comisario agregó:

—Y agradezca que a la primera palada la dio ahí y no unos centímetros a la derecha. Había una trampa bobo, de esas que se usaban en la guerra. Si hubiera golpeado con la pala el mecanismo, ahora tendrían otra manito decorándoles la casa.

Al día siguiente los abogados renunciaron a la administración de la propiedad. La dueña insistió, pero no consiguió persuadirlos de que siguieran.

Unos meses más tarde, Sabarots abrió el diario. En primera plana estaba la foto de la dueña de la casa. Había ingresado corriendo a una comisaría con el torso repleto de cartuchos de dinamita en una ciudad vecina.

Supo que no tardaría en escuchar otra vez la voz del comisario.

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30 respuestas a Dos historias verdaderas y una que no lo es

  1. Baltazar dijo:

    Buenísimos , José.
    El del examen y el departamente me aterrorizó. Por posible. Por probable. Por ¿cierto?

  2. belula dijo:

    muy buenos!!! pero con el del departemento se me helo la sangre como a Sabarots y Maguirre !!!!!

  3. José Playo dijo:

    Las historias se llaman Vacaciones con accidente, La fiesta silenciada y Divergencias contractuales.

    Dos de ellas, con algunas variaciones para evitar comprometer a nadie, son verdaderas, la otra no lo es.

    Obviamente, no diré cuál es cuál. Que la imaginación determine lo que le plazca.

  4. Seba dijo:

    Con la primera, instintivamente me masajée la nuca con una mano para sacarme la sensación.
    Con la segunda, me fui a ver cómo estaba la llama de los calefactores (y eso que son tiro balanceado).
    O estoy sugestionable, o están muy bien escritos, o el huevo, o la gallina. Bien ahí José «Truculento» Playo!

  5. Poulette dijo:

    Muy buenas, José.
    Pero por favor, que la primera sea la de ficción…

  6. Alemamá dijo:

    la de los «escombros biológicos» es inventada. Las otras deben ser ciertas, y lo del chico resucitado, ¡tristísimo! tetrapléjico de todos modos.
    Saludos

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  9. La última es bastante improbable, la segunda es muy probable (estas cosas pasan en cada invierno) y la tercera es ¡¡rrrrrecontracierta!! (¡¡estos médicos, cometen cada atrocidad!!)

  10. @Federico Gauffin: Fe de erratas: cuando dije tercera, quise decir PRIMERA.

  11. novalettres dijo:

    mmm, miedito da, pero la primera no me parece, no se, no me termina de encajar, y la de los abogados me dio no se que pero me parecieron como muchas «coincidencias» juntas, bueno saludetes

  12. alacran dijo:

    Excelente. Una sorpresa renovada en cada encuentro. Beso

  13. Claudia dijo:

    Muy BUENAS!!! la primera, cierta, la segunda cierta (si me habrán pasado similares…), la tercera ficción pura…o no?. No importa, muy bueno Playo. Saludos!

  14. NANDO dijo:

    Al medico de la primera, aunque no estoy seguro, creo que lo conozco.
    La de la fiesta, no sè, eran varios, te das cuenta de los sintomas.
    La tercera jajaja, la vieja se inmolo es buenisimaaaaa.
    peinate playo y entregale las gafas al viejo no seas forro.
    abrazo

  15. quito dijo:

    me la juego q las verdaderas son las dos primeras…

    durísimo lo del médico, y muy probable…

    la de la fiesta es heavy ehh… pero imagino q una banda de borrachos la puede flashear y no darse cuenta q no es pedo sino gas con olor a pedo…

    y la de artillería, está buena, muy gráfica… pero no sé, muy garca la vieja dejando semejante arsenal para q exploten los pobres inquilinos, se hubiera inmolado antes y listo…

    es bueno recibirte de nuevo playo!!!

    slts.

  16. Daniel dijo:

    Las tes historias son muy buenas. Pero mi imaginación me dicta que la tercera no es verdadera, salvo que por no comprometer a nadie, protegas terroristas…je o sí?

  17. José Playo dijo:

    No estaría mal, ahora que lo pienso, después de cierto número de votantes, decir cuál es verdad y explicar el caso. Hasta ahora está muy peleado el resultado.

  18. Despeinada dijo:

    El primero puede ser verdad si no hubiera tanto detalle suelto:

    Si el tío se cayó de cabeza en la arena su aspecto (pelo sucio) debía ser muy diferente a un ahogado (pelo mojado o seco pero sin arena), y si pensamos que igual y el aspecto no te dice nada, igual los que lo movieron del lugar del accidente fueron los que le dieron el remate, no el Dr…. Así que sólo por estos datos voto por el primero

    El seg, si todos andaban pasados de copas ni manera de sentir los síntomas… sólo te da sueño y listo… lo macabro sería si el vecino se le hubiera ocurrido encender un cigarro para estudiar

    Y el tercero….suena a muy improbable…. sólo por eso creo que pueda ser verdad…. 😉

    Muy buenos los 3.

  19. Loreto dijo:

    Qué excelentes historias… con el primero me quedé helada, que horror… y los otros dos… noooo, excelentes, muy buenos

  20. Lucas, desde Pest dijo:

    Carajo, carajo, carajo…
    Casi comienzo a reirme con la primera, hasta que cai que puede ser cierta. Igual coincido en que si lo trajeron al tipo colgando ya no le quedaba nada sano. Y si, capaz que estaba sequito y el medico no se percato.

    La segunda es dramatica, pasa todos los inviernos. No quisiera estar en los zapatos del flaco que preparaba el examen. Tambien un mero repaso de los diarios podria sacarla de la probabilidad y convertirla en un hecho.

    La tercera me parecio poco creible, no tengo noticias de que al menos en Argentina hayan habido ese tipo de atentados suicidas, aunque si existen los abogados Sabarots y Maguirre. Si ocurrio en otro lado, puede ser en el Pais Vasco talvez.

    Estupendas historias Playo, abrazo desde las lluvias de Budapest!

  21. Paz dijo:

    Geniales las tres! La de la fiesta me puso la piel de gallina. La última es la ficcional??
    Saludos!

  22. gabriela dijo:

    estoy de acuerdo con «despeinada», de todos modos la primera historia es bastante creíble como real, de las otras dos, porque la realidad supera la ficción, la tercera es posiblemente la real, aunque la segunda es posible. era un acertijo?? porque todo es posible en la dimensión descocidaaaaaa!

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  24. Lilith dijo:

    Las tres son verosímiles -que es lo que literariamente importa-, pero para decidir cuál la falsa, me decanto por lo obvio: ningún recién recibido se lleva un libro de la facultad a sus vacaciones. Ergo, la primera es la falsa.
    Además, me parece que histología se cursa en los primeros años de la facultad de Medicina…
    Buenas historias, Playo.

  25. sirenita dijo:

    Muy buenas las tres historias. Creo que la tercera es falsa, de no ser así, aguardaré la explicación.

  26. Lolo dijo:

    Me parece que el relato encajaría muy bien en el Encuentro de Literatura de viajes y de vacaciones que hoy comienza en Santiago de Compostela.

    http://www.radiofusion.eu/manager.php?p=FichaNova&ID=6683

  27. elrober dijo:

    ya entiendo porque el Dr. se equivocó, tenía previa desde primer año Histología, confundió una célula epitelial con una cardíaca…

  28. La lectora dijo:

    A mí el que más me inquietó fue el primero… por mostrar lo condicionados que estamos cuando tenemos una idea previa de algo en la cabeza y actuamos sin confirmar nada.
    Saludos!

  29. juan pablo dijo:

    Te cuento lo que pienso que la mas simple es la trucha y la mas intrincada es la verdadera. Uso esta deduccion por el simple motivo que mientras mas increible que sea una historia nos negamos a creer que fue verdad pero ahi esta el chiste. me juego que la historia falsa es la de la fiesta de cumpleaños

  30. La curiosa dijo:

    @juan pablo: Jejeje yo me baso en el mismo sistema para determinar este tipo de cosas jeje pero para mi la que no es cierta es la del doctor…obvio que cometen errores, pero me tiro con que esa no es real.
    Saludos Playo y a ver si decis cual es la cierta…!
    Larita…

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