Caminata con auriculares

Martín salió a caminar mientras desenredaba los cables del auricular. La siesta calurosa y la huella del sendero entre las vides eran una invitación irresistible. Sacó la cuenta: tenía por delante unas cuatro canciones de tres minutos antes de que las uvas dejaran de rozarle los hombros.

Después podía cruzar el alambrado y salir al camino de tierra más grande, donde los eucaliptus lo escoltarían hasta la lomada desde donde se podía ver el río.

Julia había dicho que la vista era linda. «De puta madre».

Le dio play a su plan, saboreándolo interesante.

Julia se había encargado de hacerle una selección musical, argumentando su afinadísima intuición para encadenar compilaciones que tenía un significado especial cuando estaban ordenadas de manera correcta.

La tormenta que se desenrollaba en el cielo parecía lejana.

Nigel Kennedy empezó a masturbar con frenesí el Invierno de Vivaldi y la tormenta parecía responderle retorciéndose detrás de las hojas que le daban dentelladas al sol.

Julia le había contado sobre el violinista, un hombre ligado a generaciones de parientes que cagaron genes virtuosos desde la copa del árbol genealógico hasta llenarle las venas al joven inglés. En sus manos, las Estaciones de Vivaldi se convirtieron en record de ventas, poniendo otra vez de moda la música barroca.

Había en ella una voluntad inquebrantable para romperle las pelotas con las diferencias entre «clásico», «romántico» y «barroco». Nunca le dio importancia, el secreto era disfrutar de los pajones que le metía Kennedy a las partituras de las estaciones. El resto eran tecnicismos que no importaban.

La segunda canción irrumpió en los auriculares justo a tiempo para acallar el ruido molesto que salía del garguero de un pájaro que se coló entre tema y tema.

Esta vez fue el turno de Natacha Atlas, una mujer a medio camino entre una odalisca y una gitana belga. Como solista, a Martín le parecía una cagada, pero aguantó el track hasta el final, sabiendo que la posición número dos que le correspondía era la justa y necesaria.

Lo que seguía era la promesa.

Ya había salido de entre las uvas cuando otra vez Nigel Kennedy tomó las riendas del asunto acompañado por la banda de Cracovia (The Kroke band). La canción era la número 6 de un disco que le gustaba mucho: East meat west. Julia le había explicado que se trataba de una alianza estratégica, puesto que «los Kroke eran un grupo de amigos más talentosos que la mierda que no necesitaban unirse al forrito de Nigel», pero que «lo hicieron porque los tipos talentosos a veces se mandan cagadas». A él le parecía un discazo, mientras que a ella sólo le gustaban dos interpretaciones.

La canción le llenó la cabeza de pensamientos vagos mientras los eucaliptus desfilaban a los costados desnudándose las cortezas.

Bajo aquellos árboles la sombra era más abundante, y el sol había remitido su brillo a un destello discreto que poco a poco fue opacándose detrás de las nubes. Martín observó entre las ramas altas el compacto grumoso de la tormenta, la mezcla azarosa de copos blancos y cintas grises que presagiaban el chaparrón inminente.

Vientos fríos y cálidos chocaban a cientos de metros sobre su cabeza cuando llegó la pieza estrella del disco, la canción tradicional Ajde Jano, versionada por Natacha, Nigel y la Kroke:

Tincho, escuchá, es una caricia para el alma.

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—Los polacos son talentosos —había dicho Julia—. La fuerza de Ajde Jano trasciende cualquier barrera, es una canción cuya arquitectura echa por tierra cualquier intento de mejorarla, son el tipo de canciones que llegan, después de un larguísimo recorrido, a su versión definitiva, a la interpretación que le hace honor a la materia de la que están compuestas.

Martín siempre escuchaba estos desvaríos mirándose las uñas. Aunque prestaba atención, se quedaba en bolas, sin entender nada. Según Julia, el mérito en Ajde Jano era de la banda y no de Natacha ni de Nigel:

—Los que se están reventando la sangre ahí son los Kroke, los otros dos seguro que se la pasaban haciéndose ojitos y después terminaron echándose un polvo de parados junto a un amplificador.

Martín, claro, se limitaba a sonreír y a tomar tragos de limonada.

Músicas tradicionales, estilo judío, inglés, árabe o polaco —baños cortos: pata, bola y sobaco—. Nada tenía mucho sentido, lo importante era colgarse las canciones de las orejas y no pensar, pasar la tarde.

Siguió pateando piedras, embriagado por la densidad del aire, animado por el color intenso del follaje, en paz con el recorrido, con los instrumentos soplándole ideas.

Bien por Julia.

A Martín siempre le habían gustado las personas inteligentes como ella, las que tienen historias para contar. Ese lugar del mapa que ella elegía una vez al año para vacacionar también era en sí mismo una historia. Entre esos caminos también se perdían los orígenes de ella, sus conexiones mágicas.

Le había contado muchas veces sobre sus abuelos y sobre su madre, le había explicado que las pasiones —la musical, en este caso— son hereditarias.

—Mi vieja, para que te des una idea —contó en una sobremesa—, viajó a Serbia para tomar clases con Boris Kovac. El tipo se enamoró perdidamente y ella no le dio pelota. Finalmente, para exorcizar los demonios, el músico despechado lanzó, junto a Ladaaba Orchestra, el set balcánico Tango Apocalypso, en el que hay unas piezas para “Julia». Así se despidió él de mi madre.

De alguna manera, Martín supo que esa era la canción siguiente. Ending for Julia empezó a sonar al tiempo que cayeron las primeras gotas.

[DDET (escuchar)][/DDET]

Se sentía conmovido por la cantidad de sentimientos que latían en esas composiciones, y paladeaba al caminar la promesa del chaparrón de verano que bramaba sobre su cabeza; el tipo de chaparrón bien tupido que convierte el cielo en regadera, las banquinas en lagos y el asfalto en humareda.

Pero el ruido.

Eso que se parecía más a un motor regulando que a los truenos, le hizo quitarse los auriculares. La ambientación de sus evocaciones parecía ahora disuelta en un aire denso y pegajoso. Entonces volteó la cabeza.

Detrás, detenido en medio del camino, el puma le clavaba la mirada. La cabeza imponente ladeada a un costado, los ojos vivaces, la fiereza agazapada en una engañosa indiferencia.

¿Cuánto llevaba semejante bestia pisándole las huellas? Reparó en sus patas poderosas, en sus piernas robustas y en su mandíbula implacable. De pronto el dilema ya no era adónde poner el reproductor de mp3 si llovía, ahora lo que importaba era cómo salir de ese camino con las venas enteras.

Martín recordó el video donde Boris baila su propio tango sobre el escenario, chupando el clarinete, como si al soplar se quitara de adentro el sabor amargo de la angustia. Le gustó esa metáfora. Y el sonido de la música que brotaba del aparatito ahora que no lo tenía colocado en la cabeza.

Tal vez fuera una locura, pero era mejor idea que correr.

Estiró los brazos hacia el animal con un auricular en cada mano, confiando en la selección musical, en la capacidad de una melodía para calmar a las fieras.

El animal se reclinó sobre sus patas y gruñó.

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26 respuestas a Caminata con auriculares

  1. Leaff dijo:

    Muy bueno he, me gustó la lectura musical.

    «empezó a masturbar con frenesí el invierno de Vivaldi» jaja, estuvo buena esa.

  2. José Playo dijo:

    @Leaff: fue absolutamente involuntaria, pero si ves el video, es tal cual. Me alegro que te haya gustado. Abrazo.

  3. Mely dijo:

    En esta lectura no puedo evitar las siguientes preguntas? : En verdad José sabe tanto de toda esa musica? Es acaso un buen escrito lleno de verso (entiendase chamuyo) ?…..Luego llego a una verdad casi dolorosa, la envidia que me causa no expresarme tan bien en mis escritos…..y la realidad de ser tan ignorante como para no haber sentido nombrar más que a Vivaldi.
    Aún asi esto no me evita disfrutar tus magnificos relatos………….

  4. Caminos dijo:

    Muy bueno José.

    Yo soy como Martín, disfruto de muchas cosas aunque no tenga la más pálida idea de que tratan. Es un placer raro, como ver una obra de teatro en alemán y no saber aquel idioma.

    Personas como Julia son necesarias, ya que te dicen que condimentos llevan esos placeres que saboreamos sin siquiera saber de que están hechos…

    Saludos José.

  5. elrober dijo:

    cuando mi señora escucha a la Sol Gabetta me dan muchísimas ganas de prenderme en esa de la música clásica porque en realidad me moviliza cosas escuchar semejante interpretacion de un instrumento tan bello como el cello, pero termino aburriéndome de puro bruto. De una que el puma se lo morfa al boludo, que en realidad es Julia dándole su merecido por bruto

  6. Suelo hacer eso… Calcular cuantos temas musicales me llevará el recorrido.
    Saludos

  7. Alicia Naief dijo:

    Muy lindo este relato multimedia, la elecciòn musical de Julia es excelente y muy novedosa para mì. Soy mùsica y me quedè en babia con la relaciòn entre el invierno de vivaldi y la masturbaciòn, algùn otro onanista que me lo explique? Y yo, como Totus, lo que hago es cantar mientras manejo largas distancias, calculando 3 minutos por canciòn. Entre mi laburo y mi casa entran 10 canciones. Saludos

  8. Camilo dijo:

    Tas hecho bosta,Playo.
    Que bueno!
    Es un pacer leerte, y ahora escuchar… te.

  9. Frnnd dijo:

    Una vez estaba sentado mirando el paisaje en una granja de Nono escuchando Plush de los Stone Temple Pilots y un ganso me picoteó el auricular derecho… Cuack!!!
    Muy hondo lo suyo Playo… un abrazo.

  10. Martín dijo:

    @Frnnd: En qué granja de Nono?

  11. Despeinada dijo:

    Clap clap clap

    En lugar de presentir a un puma detrás, casi que intuía que divisaría por delante a un conejo blanco apurado—claro… es que no eres Acuario 😉

    Bravisimo con tono Inglés pa que suene mejor

    🙂

  12. Impecable, José. Como siempre.
    Y aprovecho para contarte que hace un tiempo me hice parte de la familia blogueril…

    Te mando un abrazo de poncho hasta dondequiera que estés.

    Y a ver cuándo te relatás uno en vivo…

    Salud.

    Andrela.

  13. Un Mediocre dijo:

    La musica es salud. O al menos algun estado de animo!

    Cheers

  14. roberto fantasy dijo:

    todo lo elitista me fastidia, por pretencioso y aburrido, Mozart no, que a pesar de haber sido obligado por un padre muy exigente a estudiar música de niño, logró infiltrar belleza superior en cortes, donde el Rey lo trataba casi como a un bufón.
    y? se lo morfó el puma? o Martin puso un tema de Ministry le vació las cavidades oculares con los pulgares y se lo comió a la parrilla, mientras torturaba a Julia con Nirvana a volúmenes desquiciantes?
    muy buena la imagen de las vides, siempre refrescante.

  15. Rob dijo:

    como siempre manteniendo el nivel de genialidad y un poco mas, Pepe. En lo personal nunca llevo el ipod a la naturaleza por una especie de sexto sentido, ahora ya entiendo por qué no se debe hacer, jaja… curiosamente el garguero del pájaro debió haberle advertido.

  16. Es la primera vez que leo algo así, tan «multimedia», viniendo de vos José. ¡Muy bueno! Me encantó. Yo una vez quise hacer algo así en mi blog con «Nada» pero no me sale tan bien como a vos. ¡Felicitaciones!

  17. José Playo dijo:

    @Mely: no te pierdas esas discografías, son muy bonitas. Creo que nunca es tarde para ponerse al día con las expresiones artísticas, lo interesante es seguir explorando.

    @Caminos: me parece que por eso dicen que la música es un idioma universal, y por eso tarareamos en alemán, inglés y polaco. Me alegro que haya gustado.

  18. José Playo dijo:

    @elrober: tuve la suerte de escuchar mucha música desde muy chico, así que clásico-barroco-romántico me predisponen muy bien, me relajan y me traen un toco de recuerdos. La onda es encontrarles el cuelgue, me parece. Te aseguro que si te ponés los auriculares y te sentás con un buen vino y la Novena de Beethoven al palo, a la media hora estás en otro planeta. O chupado. Abrazo.

  19. elrober dijo:

    @José Playo: el Cabernet Sauvignon ha sabido obrar milagros en mi predisposición, una vez me colgué con no-se-que-sinfonía y juro que sentí estar en Venecia arriba de una góndola con un tano de calzas blancas (lo de las calzas talvez lo agregue después)

  20. José Playo dijo:

    @Alicia Naief: lo explico yo, que de Vivaldi con tocaciones sé bastante. A mí me gusta popularizar esos lugares sacrosantos. Creo que para un neófito será mucho más atractivo un video de alguien interpretando a Vivaldi si se lo recomiendan porque por los movimientos del brazo, parece como si se estuviera apuñalando.

    Estas cosas tan burdas, me gusta pensar, acercan mucho más que los análisis profundos o serios. Y sé que soy medio bestia para las metáforas, pero la verdad es que no suelo llevarme bien con los discursos formales sobre ciertas manifestaciones artísticas: todo parece aburridísmo cuando se lo recomienda de manera seriota.

    Creo que así muchos quedamos afuera, no conectamos, no pegamos onda con cosas que son muy disfrutables. La gente que me enseñó a amar la música lo hizo desde un lugar muy simple: «escuchá Tchaikovsky, chabón; fue el Rolling Stone del clásico», me dijo una vez un conocido. Y por recomendaciones como esa, quiero creer, terminé amigándome con un montón de artistas que pensaba que eran inalcanzables, incomprensibles, más aburridos que chupar un clavo.

    Me gusta cuando alguien me tira una mano. Hablar de un Vivaldi masturbado me parece más playo que decir «tenés que escucharlo y te tiene que gustar porque es bárbaro».

    De mi casa al centro hay siete canciones. Siempre activo la opción «random».

    Abrazo.

  21. José Playo dijo:

    @Camilo: muak. Ninguna novedad eso de mi estado…

    @Frnnd: la música es un viaje de ida, no me cabe duda con su comentario.

    @Despeinada: en la primera versión había perros rabiosos, pero me pareció mejor si se trataba de un solo animal. Lo que puede hacer un puma con un ser humano es algo espeluznante. Abrazos.

  22. José Playo dijo:

    @Norwegian Wood: un placer, che. Siempre es bienvenida la gente por estos lados. Recibido el abrazo, ya veré si se da la oportunidad de hacer algún textito con micrófono, hace mucho que no leo de parado.

    @Un Mediocre: totalmenta.

    @roberto fantasy: creo que algo así quería decirle a Alicia, pero no sé si se habrá entendido. Ahora que leo tu comentario, era mucho más claro poner «lo elitista me da por los huevos». Lo escribí demasiado largo.

  23. José Playo dijo:

    @Rob: no hay peor sordo que el no quiere sacarse los auriculares cuando va caminando. Abrazo y gracias, Rob.

    @Federico Gauffin: creo que es la primera vez que lo hago, aunque siempre estuve tentado. No sé si el resultado es bueno o malo, a mí me funciona, pero porque lo tenía de antemano muy musicalizado. En Facebook surgió una mini discusión al respecto, fue un buen intercambio. Abrazo.

    @elrober: cómo extraño mis épocas de bebedor, esto de ser abstemio me priva del milagro de los tanos vestidos de blanco… Abrazo.

  24. elrober dijo:

    jajaja claro, y del apestoso olor que debe largar el Po cuando recibe toda las cloacas cargadas con tuco que se deben mandar los tanitos

  25. @José Playo: Difícil haber estado al tanto de la discusión. Estaba estudiando, por eso ando tan atrasado con tus posts. ¡Un abrazo grande desde La Linda!

  26. Alicia Naief dijo:

    Mirá cuando vengo a leer tu respuesta… No sé si hace falta para acercarse a la música tanta vuelta, por ahí basta con escuchar sin prejuicios. Yo me dedico a la música llamada «culta» pero amo todo lo que me parece que tiene detrás un esfuerzo por hacer algo valioso. Eso incluye, rock, folclore, jazz, música étnica, en fin. Todo. menos el chaqueño palavecino y Los nocheros. Un beso

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