Peterodáctilo

“Para la mierda mejor Córdoba que Berlín”, piensa el pelado Morga. Ha ido hasta Alemania a recibir un premio literario por su libro Peterodáctilo, una nouvelle erótica protagonizada por un grupo de la tercera edad que quiere producir una película condicionada. Por insistencia de un amigo periodista imprimió tres copias, las anilló y las mandó a cruzar el océano. Un mes después está tomándose un cortado espumoso en Europa, esperando impaciente la ceremonia de premiación.

Isidro Morga, “cabeza de rodilla afuera del agua” para los amigos, es la promesa foránea. Un sudamericano dando el batacazo en tierras teutonas.

Todavía no ha terminado de redactar los agradecimientos. Está en el bar frente a una hoja en blanco, mordiéndole el capuchón a una lapicera, intentando decidir qué hacer. Su profesora del taller literario solía decirle que cuando la falta de ideas empieza a ahogarnos, no hay mejor salvavidas que la ironía.

Aunque desconfía de lo que podrán hacer con sus palabras los traductores, garabatea algunos chistes pavotes para romper el hielo. Piensa que tal vez pueda arrancar diciendo:

—Quiero compartir este premio con mis viejos: yo trabajo de enfermero en un geriátrico y vivo rodeado de gente querida de la tercera edad.

El pelado golpea la mesa con la birome y se muerde el labio. El chiste es muy boludo, pero no se le ocurre nada más. La culpa, entiende ahora, es de la moza, una alemana de gran porte con un escote violentamente pronunciado que se pasea por las mesas bamboleando sus dotes sobre las tazas mientras limpia las miguitas y levanta los pocillos. El capitalismo salvaje al servicio del comercio con el vil metal, una jovencita condenada a exhibirse en una cafetería.

El pelado vuelve a la hoja y anota:

—Quiero compartir este premio con mis padres, que ya no están… partieron a un viaje que tenían programado desde hace dos meses.

La moza llega hasta su mesa y le hace señas para saber si está todo bien, si le hace falta algo.

Another coffe —responde el pelado sonriendo nervioso.

Ok —dice ella

El pelado piensa en una frase de su amigo cordobés, el gordo Bocio, que decía que cuando te encontrabas con escotes como esos, te daban ganas de estacionar la bicicleta. Haciendo un esfuerzo y obviando su respiración entrecortada, Morga vuelve sobre sus papeles:

—Y no puedo olvidarme de agradecer a mis compañeros de trabajo, los muchachos de la fábrica de recarga de matafuegos, que siempre hacen su laburo bajo presión.

Vuelve la moza. Deja la taza con un bizcochito y aprovecha para pasar el trapito enérgicamente por la mesa, produciendo una marea cárnica descontrolada debajo de su mentón. Es como presenciar una batalla entre dos planetas de gelatina. Al pelado le pesa la culpa y el instinto. Con asombro se oye a sí mismo decir:

—Agradecé que no tengo bicicleta.

La moza levanta la vista y le dedica una sonrisa. El pelado se ha puesto colorado como un semáforo en la madrugada. El subconsciente obra de maneras misteriosas.

—Yo hablo un poco de español —dice ella—. Espera que dejo estas cosas y vuelvo, amigo.

El pelado ve al mujerón alejarse hacia la barra. Su frente perlada de sudor es un indicio claro de que en este momento, el premio, el libro, los agradecimientos, todo importa tres carajos. Debajo de su calva lasciva bulle el eco de un español robótico que dice una y otra vez:

Espera que dejo estas cosas y vuelvo, amigo.

Rápidamente el pelado ensaya posibles temas de conversación. De Alemania sólo sabe que en una época estaba llena de nazis, pero pará de contar. Es como si le preguntaran por España, que para él es una fábrica de chistes de gallegos, o por África, el lugar al que siempre van de viaje los fotógrafos de la National Geographic.

La conversación con la alemana viene medio complicada. ¿Y si le cuenta que está acá para recibir un importante premio literario? El pelado está confundido, aturdido, Alemania adolece, entre otras cosas, de una ausencia de fauna cordobesa en los bares. No hay vendedores ambulantes, no hay floristas, no hay muchos temas de conversación. Los desayunos son una ceremonia plástica y fugaz en la que los parroquianos buscan el calor de locales minimalistas para sacarse los abrigos y empinar unas tazas de café con gusto metálico para salir corriendo de vuelta a la calle. A nadie se le ocurre entablar conversación con un desconocido.

El pelado lamenta que esta oportunidad no se le dé en su provincia natal, donde a cada rato un vendedor ambulante encalla en la mesa. A veces son los pendejitos que andan repartiendo boludeces del día de los enamorados; tarjetitas llenas de ositos, frases melosas y citas… Y otras son unos flacos de traje que venden perfumes. El Coco Barzola solía decir que los perfumistas esos eran todos de la secta Moon y que los mandaban a vender perfumes al centro para que aprendan el difícil arte de la argumentación:

—Te vas a cansar de decirles que no y a los flacos no se les va a mover un pelo —decía el Coco—: se están entrenando para aprender a no aflojar con la herramienta de venta. Vendiendo perfumes aprenden a no desmoralizarse cuando tengan que reclutar más gente para la secta. Son de fierro y tienen una voluntad inquebrantable.

Pero acá no había perfumistas, no había tarjetitas para enamorados y no abundaban los argumentos boludos que abonan la charla casual. Qué podía decir, ¿qué loco el tiempo? El pelado estaba solo en un país con carteles escritos con sobreabundancia de consonantes, un lugar en el que a cada rato le preguntaban si era cierto que en su país lavaban los autos con agua potable.

El capuchón de la lapicera estaba prácticamente destruido, mellado por todas partes bajo el peso de los dientes que lo roían con nerviosismo. Tenía las patas en suelo germano por el dinero, esa era la cruda verdad.

El reflejo del gran espejo que domina una de las paredes del bar le devuelve una versión suya encorvada, abatida y ojerosa. Desde su interior reverbera una descompostura de vientre producida por la ingesta de una cantidad industrial de chucrut que le han hecho tragar en las últimas doce horas.

—Estos alemanes le ponen chucrut a lo que se les cruza —le relató el pelado a su amigo periodista en una conversación telefónica—, es más raro que la mierda estar acá —dijo antes de colgar.

La visión del mujerón acercándose a su mesa interrumpe sus cavilaciones y lo trae a la realidad. Ahora se encuentra ante una disyuntiva, porque toda la energía que está poniéndole a la redacción de esos agradecimientos se ve redireccionada hacia la posibilidad de echarse un polvo como dios manda.

En su cabeza rebota otra máxima del Coco:

—Las alemanas culean sin problemas. Eso pasa con la mayoría de las minas en los países fríos, se cagan tanto del embole que se dedican a garchar. Con la misma naturalidad con la que vos te prendés un faso, ellas le pegan al perro. Si vas a Alemania y no la ponés, sos un trastornado mental.

Así que ahí está el pelado con la cabeza como una moto, cuando la moza llega junto a él y lo invita a que vayan a pasear.

Todo empieza con una caminata por una calle aburridísima, él desenrrollando los hilos de una argumentación clara y coherente que le garantice una encamada decente, ella riéndose desfachatadamente y enroscándole un brazo con el suyo.

Todo va bien. Morga empieza a fanfarronear:

—Y entonces me presenté al premio y me lo gané y acá vine a cobrar.

Dos cuadras más adelante ella lo arrincona contra una vidriera donde se exhiben carteras y botas como de montar y le come la boca. Es un beso que empieza frío a medida que los labios se frotan y se humedecen. La lengua del pelado busca el pliegue que hay entre el labio y la encía, donde la baba está fresca y da la sensación de lamer un metal. Ella lo muerde apenas y lo abolla con el peso de sus tetas. El pelado deja caer las carpetas y busca los cachetes del culo debajo del anorak.

—Main escriturcito —dice la grandota y el pelado le trae la cintura hacia adelante, para que lo sienta palpitar.

Como dos siameses borrachos y calientes, entran en un hotel discreto y se desvisten con prisa, tironeando de las prendas. Camisa, buzo, musculosa: todo parece resistirse a dejar la piel hirviente que se busca explorar. Las botas se convierten en un breve dilema que resuelve ella, más por instinto de conservación de los miembros que por mostrarse servicial. El pelado bufa, muerde, araña y cachetea sin piedad. Ella le corresponde los besos con la punta de una lengua rígida que sabe a vicios permitidos y a necesidad.

Van por más. Se giran uno al otro en la cama, se cambian de lugar, sus cabezas van buscando curvas, lugares para lamer y succionar.

Media hora después, fuman. En la mesa de luz los papeles del pelado brillan con la intensidad del compromiso que apremia.

—Te voy a contar una cosa, corazón —dice el pelado en tono de confidencia.

La alemana, concentrada en sacarse una cascarita de la rodilla, murmura un desinteresado ya, pero no le da mucha bola.

—A la novela no la escribí yo —dice Morga.

—Mein escriturcito —responde ella con una sonrisa tonta y sin voltearse para mirar.

El pelado se ríe por lo bajo y trae las hojas hasta su pecho. Se da vuelta para admirar el cuerpo que tiene a su lado, la piel blanca, los pezones turgentes, las caderas anchas y tentadoras, rematadas por un culazo monumental.

—Vos no entendés un sorete de lo que yo hablo, ¿verdad?

—Dónde queda la baño, ¿por favor? —responde ella con gesto pícaro, como anticipado un tercer round.

—Se la afané a un viejito del geriátrico —agrega el pelado antes de acomodarse el pito, que le arde como si lo tuviera metido en sal—. Vos no sabés ese pobre viejo con Alzheimer lo que la va a buscar .

—¿Pinchila? —pregunta la alemana.

—… pobrecito el viejo, lo que la va a buscar.

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24 respuestas a Peterodáctilo

  1. José Playo dijo:

    Este cuento tiene para mí algo de especial. No me ha pasado hasta ahora tener una idea en la cabeza tanto tiempo dando vueltas. Y no es muy frecuente que se me ocurra primero el título y después (mucho después) lo que va detrás.

    Primero supe que quería escribir algo que se llamara Peterodáctilo, pero no más. En un acto desesperado, propuse como ejercicio a los chicos de la escuela Game Over, donde fui a dar una charla, que me ayudaran a inventar una historia para el título, y a pesar de que surgieron posibilidades muy bonitas, ninguna prosperó, no las supe trabajar.

    Pasé mucho tiempo con una parte del cerebro puesto en este título casi obsesivamente(*), pero sin material para trabajar.

    Hace unas semanas, en la Feria del Libro, la gente de la revista Diccionario me invitó a participar de un ciclo radial que se llamó Europa (si no conocen la revista, de paso, aprovechen y háganse de algún ejemplar, es el proyecto editorial más bonito que he visto en los últimos años en esta ciudad). Me tocó en el programa, decía, una letra para trabajar, la A de Alemania. La historia del pelado Morga se me ocurrió conjugando la visita de los vendedores a las mesas de café y el encuentro con una moza tetona en el bar donde solía ir a tipear.

    Peterodáctilo salió en dos partes. La primera, hasta que la mina vuelve a la mesa y lo invita a pasear, fue la que leí en la radio. Ese día volví a casa sospechando que en la reputísima vida le iba a poder poner un final.

    Hoy, después de muchos meses, conseguí sacarme Peterodáctilo de encima. Esto dicho con mucho cariño. No sé si el resultado es bueno o malo, a mí me divierte y me da mucha paz.

    Me liberé. Bien o mal. Quería aprovechar el priii-mer comentario para contextualizar.

    Saludos,

    José.

    (*) casi obsesivamente es: yendo a cagar con eso en la cabeza, preparándome el desayuno con eso en la cabeza, diciéndole que sí a mi mujer sin entender de qué me hablaba porque tenía eso entre las cejas.

  2. ElFede dijo:

    Che! Yo quería poner Pri…
    Buenísimo el cuento, playo! Lo que le pasó al pelado es el sueño del pibe.

  3. Lale dijo:

    El cuento me produjo una mezcla de:

    Repentina tristeza de percatarme de algo que uno sabe pero no, hasta que lo dicen en voz alta: «..un lugar en el que a cada rato le preguntaban si era cierto que en su país lavaban los autos con agua potable»…

    Bronca y desprecio por la hijaputez del pelado: «Se la afané a un viejito del geriátrico. Vos no sabés ese pobre viejo con Alzheimer lo que la va a buscar»…

    – Por fin, risa física en general, pero especialmente por el: «¿Pinchila?»

  4. Lucas, dese Pest dijo:

    Ma-gis-tral Playo!!!
    Que grande el pelado Morga!
    No sabes lo que me cague de risa con este cuento. Mis companeros miran de costado, sin entender mis carcajadas ni el significado de ‘pegarle al perro’ ni la gloria cordobesa de leer “¿Pinchila?” en una compu aseptica en la sala de estudios de PhD… No hay forma de que traduzca nada de eso.
    Estupendo comenzar la jornada asi, un abrazo!

    L

    N: che, las hungaras no son como las alemanas, me cagaron…

  5. Sabalero dijo:

    Coincido con Lucas, ¡QUE GRANDE EL PELADO!. Playo, no sabes que emociòn me dió ver escrita la frase «pegarle al perro» (que yo uso mucho, la frase). Parece que tus obsesiones funcionan.

  6. - Redwolf - dijo:

    José, te leo hace rato y nunca comenté, pero la verdad que ésto me gustó mucho mucho mucho.

    Me encanta cómo materializás personajes de los que dejás ver apenas una puntita y que por ahí tirarían para hacer una novela entera… pero vos elegís dejarnos con la intriga de qué más esconden.

    Ah, única crítica… «intencidad» va con «S» 😛

    Te felicito por el buen trabajo.

    Un abrazo!

  7. Chipako dijo:

    Muy bueno Jose, el pelado es un grosso, le afana el libro al viejito y con eso gana un premio en euros, un viaje a Europa y de yapa una alemana tetona!!!

    Donde dice «Es como presenciar una batalla entre dos planteas de gelatina.» no deberia decir «Es como presenciar una batalla entre dos planetas de gelatina.»?

    Abrazo grande.

  8. vagina way dijo:

    jjajjajaj buenísimo Playo. El título Genial, la historia buenísima, el final mejor aún. ¿Pinchila? jajaja todavía me estoy riendo.

  9. EFB dijo:

    Muy bueno José!

    En Quito hay un Hostel que se llama»La Casona de Mario».
    Mario Pautasso es cordobés y bautizó Pinchila a uno de sus perros.
    Soy testigo de varias tetonas teutonas invocando, jocosas, al famoso pichicho.

  10. naty dijo:

    Muy bueno Playo! Pocas personas tienen esa facilidad (más allá del tiempo que te llevó darle forma) de transportarnos tan mágicamente al interior de una historia… hasta permitirte visualizarla como si estuvieras ahí mismo, en una lejana Alemania… brindo por eso! un don que has logrado canalizar estupendamente… seguí escribiendo!!!

  11. José Playo dijo:

    Muchas gracias por las correcciones, la verdad es que los errores estaban para la mierda.

    Otra salvedad que no hice en el primer comentario es que el nombre de este post se le ocurrió a mi mujer en una charla que teníamos sobre dinosaurios.

    Créditos a quien corresponda.

    Saludos,

    José.

    PD: ando cortina de tiempo, respondo uno por uno pronto.

  12. nana dijo:

    El título es ¡monumental! Adoro los juegos de palabras, y este me encantó.

    ¿Viste la película El Artista? El final del cuento me hizo acordar mucho a esa peli. Que, de paso, está buenísima.

  13. ¡Qué obsesión con las tetas, boló!
    Hcía mucho que no te leía un cuento tan bien escrito. Yo, personalmetne, pondría algo más acerca de las tetas cuando están en la cama, sólo para usar todos los elementos de la narración.
    Ah, es intenSidad, así, con esa ese.
    Abrazo.

  14. Escapín dijo:

    Lindo, bien lindo el cuentete.
    Ojalá se me hubiese ocurido a mi la historia de un par de viejitos que quieren hacer una pornográfica.

  15. La Jo dijo:

    (siguiendo con el lenguaje cordobes….) jajajaj que culiaaaaá!…..
    muy bueno!! no se si a alguien mas le pasa…. cuando leo algo que esta bueno lo leo recagando para llegar rapido al final jajajaj
    me gustan esos personajes cotidianos….me colgué con lo de los perfumistas, tal cual jajjaa! igual que los vendedores de colectivos, mi mayor respeto para ellos…
    saludos José

  16. Diego dijo:

    Muy bueno, el pelado un garca sin perdón!!!
    Creo que la idea de los viejitos en un geriátrico que quieren hacer una porno es un desperdicio que quede sólo como el argumento de la nouvelle del pelado… haga algo con eso don Playo; digo y expongo ante la tentación de afanártela.

    Un abrazo

  17. José Playo dijo:

    @ElFede: lamento haberme hecho del primer lugar de manera tan trapera, pero alguna vez también me tenía que tocar. Gracias, Fede. Abrazo.

    @Lale: el dato de los autos lavados con agua potable es cierto, y tirado (posta) por un alemán. Cuando lo escuché me produjo una mezcla de sensaciones parecidas a las que listás. «Pinchila» es una palabra graciosa, no hay nada que hacer. Abrazo.

    @Lucas, dese Pest: lo tradujiste de una manera genial. No sabés lo contento que me pone llevarte una pinchila digital hasta lugares tan lejanos. Me alegró mucho tu comentario. Abrazo grande y gracias.

  18. José Playo dijo:

    @Sabalero: vos sabés que a esa frase la suelen usar mucho algunos amigos y siempre me ha parecido graciosa porque por mucho que la pienso, no le encuentro la lógica para hacer una analogía sexual. Lo único que se me ocurre es que un perro aullaría y uno cuando tiene sexo con entusiasmo, quizá también. Pero eso no quita que me parezca graciosa y certera igual. Parece, parece.

    @– Redwolf –: qué bueno que te hayas animado con éste. Buenísimo y bienvenid@. A mí también me gustan ese tipo de personajes que uno podría seguir desgajando para ver qué más pueden dar. El pelado, al principio, me parecía un perdedor total, pero a medida que iban dándose las cosas el tipo empezaba a mostrar un lado oscurito que me sedujo de inmediato. Es el tipo de personajes que me gusta trabajar, esos que a simple vista parecen una cosa y que cuando los apurás un poco se sacan la careta y salen para cualquier lado. Muchas gracias por lo de la intensidad, eso me encanta de esta instancia, que se puede pulir siempre un cachito más. Abrazo.

    @Chipako: me da mucha ternura pensar en el viejito con sus problemas de memoria revolviendo cajones y abriendo maletas, repitiéndose «toy seguro que estaba acá», ja. Gracias por la corrección de los planetas, no me saltó en ninguna de las tres lecturas que hice del texto en voz alta. Lo que es la mente humana empecinada. Abrazo.

  19. José Playo dijo:

    @vagina way: el título es muy bueno, sí. Y me encanta imaginar por qué la alemana dice «pinchila», me hace pensar en la cantidad de veces que el pelado repitió la palabra en los primeros rounds, ja. Abrazo y gracias.

    @EFB: qué maestro el Mario. Muy buena. Yo siempre imagino que si alguna vez voy a un país cuyo idioma no entienda, cambiaría mis «gracias» por alguna palabra al estilo, como para no abandonar la viveza criolla (conozco algunas anécdotas de argentinos en Brasil que hicieron esto mismo y la terminaron pasando muy mal).

    @naty: ¡Gracias! Toda la idea de Alemania que tengo es de una mina tetona que una vez alguien me señaló diciendo «es alemana», y algunas imágenes frías y grises que vi en un documental, por eso es tan vaga la panorámica. La trampa está, en este caso, en ver las cosas a través de los ojos de un personaje que no se va a fijar mucho en datos históricos ni geográficos (de hecho el pelado mismo lo dice cuando habla de lo poco que sabe de Alemania, y con eso le sacamos un yunque de encima al relato, para que no haga agua al pedo y a la mitad); es mérito del pelado que no haya sobreabundancia de información que pongan en juego la coherencia, un grande, el pelado. Abrazo.

  20. José Playo dijo:

    @nana: es buenísimo. Mi mujer es especialista en inventar palabras así, admiro mucho esa habilidad. No vi la peli, la voy a tener que buscar porque me deja la intriga. Gracias y abrazo.

    @Martín – Aquende Libros: ¿No te pica el lomo? Como hombre, digo. Aunque debo reconocer que estoy atravesando una etapa mamárea y no sé por qué. Me ha hecho emocionar tu piropo. Le puse freno a las loas tetísticas para no empachar, pero veo que estoy en lo cierto sobre nuestro género y los apéndices del sexo opuesto. Gracias, Martín. Corregido. Abrazo.

    @Escapín: es interesante, da para un plot secundario dentro de una historia más grande. La dejo de backup. Gracias y abrazo.

    @La Jo: la teoría de los perfumistas me la contó una amiga y le pedí permiso para usarla alguna vez; por fin salió acá. Me encanta como idea paranoica. Abrazo, Jo.

    @Diego: lo mismo que le decía a Escapín, estoy de acuerdo. Tomo la sugerencia, ya veremos por dónde aparece otra vez esa onda triple x tercera edad. Abrazo y gracias.

  21. Gonz@lo dijo:

    Main escriturcito Playo, ¡qué buen cuento!

    Lástima lo del viejito, pero ahora el mundo podrá disfrutar de una buena novela.

    Ah, y felicitaciones a tu señora esposa por el título.

  22. Caminos dijo:

    Excelente José!!

    Al pelado Morga Alemania lo favoreció por partida triple. El mal del «Alemán» Alzheimer preparó un campo fértil para un hurto vil, pero sin rastros. La misma Alemania lo consagra como un distinguido escritor al reconocerlo con sus galardones. Por ultimo una generosa nativa de aquellas tierras europeas, rebalsa el vaso del deseo y las fantasías para saciar la sed de pasión y lujuria del pelado villano.

    Un gusto leerte!!

    Saludos.

  23. Alumno Game Over. dijo:

    GENIAL PLAYO !! Valió la pena la espera…

    Pero… y Pedro el dáctilografo???

    Saludos.

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