Formas de subir a un escenario

Hace poco tuve oportunidad de presenciar un recital de una banda consagrada y una obra de teatro que comenzó recientemente. En Carnestolendas me sentí Darío Grandinetti en una película de Almodovar; en The Wailers me sentí desolado como China Zorrilla en medio de un pogo. Dos formas distintas de subirse a un escenario.

No me gusta escribir sobre espectáculos porque me siento más cómodo hablando de sensaciones y no de «acting» o «puesta» o «intención performática» (todos términos que me parecen bastante boludos y que desconozco qué significan); me queda tenso el cuero como para hacer críticas, así que me inclino por hablar de Carnestolendas haciendo de cuenta que estamos al pedo en un bar ruidoso chupándonos un café reconstituyente.

En carne propia
De vez en cuando, me decía a mí mismo en la oscuridad de la sala del subsuelo del Teatro Real, esta ciudad brilla. Carnestolendas es la prueba más evidente, me decía. Y ya sabía que cuando tuviera tiempo, me iba a sentar a escribir sobre lo importante que es decir que en Córdoba, por veinticinco pesos, podés ser abducido por un carnaval de crudeza movilizadora.

Sobre nuestras cabezas esa noche, Piñón Fijo hacía gritar a los niños en la sala grande del Teatro Real, mientras ahí abajo nosotros nos repartíamos en un espacio pequeño e íntimo, una sala menor pintada de negro en la que me acomodé en el suelo (como hubiera hecho Grandineti, vamos) para ver qué es ese fenómeno del que está hablando tanta gente: Carnestolendas, una ensoñación doliente, una lluvia de lágrimas, risas y sangre; una reseña agridulce de sentimientos escritos a golpes en el pecho.

Lo primero que salta a la vista cuando Camila gana el escenario es que difícilmente otro artista en esta ciudad pueda tolerar semejante esfuerzo físico sin caer infartado antes del cuarto de hora. Camila es, antes que nada, una potencia arrolladora de ternura y ferocidad desdoblándose frente a una platea asombrada.

Mientras su cuerpo rebota contra las columnas y su cabeza gira en ángulos imposibles para recitar a Lorca o para remedar la voz de su padre, no se puede pestañear. Una actriz que se deja caer al suelo, se arrastra como una septuagenaria, luego salta hacia una pared y queda con el cuerpo apuntalado en diagonal para seguir despachando parlamentos furiosos. El teatro, entiendo ahora de grande, es vitalidad.

A mi fantasía erótica de ponerle un texto a Marcel Arbach en la mano para que le dé vida a los papeles sobre un escenario, ahora se suma una obsesión pequeña y pretenciosa, que es poner a Camila Sosa Villada también sobre las tablas. ¡Cómo me gustaría saber escribir obras para esta gente!

Si algo me gusta de esta ciudad es que a veces irrumpen argumentos indiscutibles para rebatir esa máxima boluda de que «en Córdoba no se puede hacer nada». Los que vivan bajo esa premisa, los que esgriman esa excusa para justificar la paja paralizante, vayan al teatro.

Me da una felicidad enorme saber que estoy viviendo un momento tan alucinante en mi provincia, caminando las mismas calles que Camila, que Marcel, que Marull, que tantos otros grandes artistas emergiendo desde las sombras con semejante fuerza de voluntad.

Es mi deber como espectador bañarlos con aplausos, palmearles los hombros, respetarlos y recomendarlos por el laburo que hacen contra la corriente y contra la mediocridad. Ellos cada noche, con sus vestuarios modestos, con sus vocaciones al palo, están tirando de la punta de un ovillo para desenredar la mentira: es posible hacer cosas de calidad.

Celebro que haya gente como ellos enseñándome que vale la pena apostar. Vayan al teatro los que no crean. Por 25 pesos se puede comprar un cachito de esperanza y un trago balsámico de felicidad.

Esta entrada fue publicada en Relato. Guarda el enlace permanente.

14 respuestas a Formas de subir a un escenario

  1. nene dijo:

    José: «Carnestolendas»??
    Sos un viejo choto, José.
    Abrazo fuerte, chango.

  2. nene dijo:

    (o el que se lo puso a la obra, perdón)

  3. vagina way dijo:

    José, yo también la vi y me gustó mucho. Me emocionó mucho y Lorca me remontó a otras épocas, la verdad es que sí, vale la pena verla.

  4. Neuquino dijo:

    muy bueno, y avalo la idea de que mas que en cordoba no se puede hacer nada, a la vuelta de casa siempre hay opciones!
    saludos

  5. Colo dijo:

    Gracias por creer en nuestro trabajo (hablo en nombre de toda la comunidad de artistas de Córdoba). El reconocimiento y el respeto de los espectadores te hace sentir que todo el esfuerzo valió la pena…

  6. Nano dijo:

    Carnes tolendas es la obra más hermosa que vi, posta. Adhiero a la recomendación.

  7. José Playo dijo:

    @nene: ¿por lo de escribirlo todo junto? O sea, reconozco el viejazo, pero ¿es por eso? Besos brujos…

    @vagina way: hay que destacar la actuación de Camila y el cuelgue bonito de escuchar a la chica del bandoneón. Y también saber cuál es la diferencia entre bandoneón y acordeón, que yo no la tengo clara.

    @Neuquino: siempre, siempre. Suscribo.

    @Colo: nada que agradecer, no estaría mal que tomemos por costumbre reconocer la calidad del que hace contra todos los pronósticos. Hoy subirse a un escenario es embargar un órgano. También cantar, escribir, pintar, fabricar cosas. Creo que todos sabemos qué tan duras son algunas veredas en esta ciudad alucinante. Me encanta la idea de que los artistas tengan de padrinos a sus vecinos y a sus públicos. Se merecen eso.

    @Nano: no sé si te lo han dicho antes, pero tenés muy buen culo.

  8. nene dijo:

    @José: Nah, porque Carnestolendas es una palabra viejaza. Más vieja que nosotros imagináte.
    Abrazo, che culiah.

  9. CeciS dijo:

    Es que… no se de que están hablando!

  10. Pingback: Bitacoras.com

  11. carlos dijo:

    CAMILA,VI TU OBRA MUY BUENA,APRATE SOS REALMENTE UNA HERMOSURA DE MUJER,SLDS

  12. Pingback: Meridia.

  13. Pingback: Viagra.

  14. Norma dijo:

    Che José! Yo vi a la Camila en el Centro Cultral Rojas después de haber visto un documental sobre su vida en el BAFICI, ahí la descubrí… Es una MA SA!! adhiero totalmente a tu comentario. Me emocionó enormemente…. y con unas amigas nos quedamos a saludarlasy a decirles cómo habíamos sentido todo su espectáculo… ¡ESO ES TEATRO!
    Norma (de Huinca Renancó, aunque viviendo en Bs As)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *