Un asadito con Richard Stallman

Entre todas las cosas que podría haberme propuesto hacer este año, sentarme a comer un asado con el gurú del software libre no figuraba en la lista. Pero a veces Córdoba se disfraza de cadena de azares y terminás esquivando los semáforos a las apuradas para llegar antes de las nueve a una cena en Villa Allende.

Vas tranquilo; sabés de antemano que es al pedo llevar la cámara de fotos y el grabador, la invitación es estrictamente gastronómica y para las preguntas está la conferencia que dará al día siguiente.

Resulta extraño, luego de repasar tanto material para armar una entrevista, ver a Stallman sin el loguito de Youtube, sentado frente al teclado pequeño de una portátil, armando un mail en indonesio. Está de perfil, enmarcado por el quicio de una puerta, en patas, y con los mismos colores de ropa que devuelven las páginas de consulta cuando tipeás su nombre.

—Por fin he podido escribir un mail en indonisho —anuncia cuando sale al patio.

Entre los presentes hay una camaradería que se sostiene sobre los pilares de la admiración y de la ansiedad. Stallman, indiferente a esas boludeces, anda en medias por la casa y conversa en perfecto español. No sé cuántos idiomas habla este tipo, pero es admirable para los que, como yo, de pedo nos defendemos con el castellano.

Tengo un vino en la mano y un montón de preguntas pavotas en la cabeza. Ensayo formas de encararlo y que no se noten mis estrategias de curiosidad. Me gustaría saber qué piensa sobre trabajar en lugares como Argentina, donde hay que lidiar con tantas cosas que en su país no pasan, con colegas a quienes los sacás de las convenciones y se largan a llorar en tu regazo.

Fumo y pienso, pero no se me ocurre nada así que me callo. Ya habrá tiempo para la entrevista.

Todos ústedes han élehido suicidagrse —nos dice a los que tenemos cigarrillos en la mano.

Decido hacer lo que mejor me sale, que es mirar y no abrir la boca. Lo veo enfrascarse en una discusión mínima sobre cómo serían los números del uno al diez en código binario, lo veo ir a buscar lápiz y papel y anotar después una columna llena de ceros, unos y menos unos. Lo veo rascarse la barba, acomodarse el pelo.

Tiene mucho pelo y me dan ganas de traerle mi computadora para que me formatee un disco.

El tipo se ha pasado un montón de años cascoteando teclados, destripando programas, buscando la forma de torcerles el brazo a las convenciones. Bien o mal, se ha convertido en el padre de una generación de informáticos buena onda, de tipos barbudos y taciturnos que, encorvados frente a un monitor, trabajan hundiendo las manos en las profundidades de un lenguaje que no comprendemos la mayoría de los humanos, para arrancarle los secretos a la mezquindad.

Es un objetivo noble, me dijo un amigo; hay que respetarlo.

Hasta los que no entienden un pomo de programación o software libre saben que hay un chabón que se llama Stallman. Stallman, el hombre del discurso revolucionario, el soñador un poco loco a quien se le atribuye la responsabilidad del dolorón de cabeza de empresas grandes como Microsoft.

Estamos a punto de sentarnos a comer un pedazo de vaca. Lo tengo silla de por medio con el dueño de casa y me cuelgo tomándome unos vinazos, observándolo sin que se note. La cena es un repaso dilatado de temas como la libertad, la educación, los diarios, los gustos culinarios. RS mira a los presentes con sus ojitos pequeños, escucha con atención, se mete un bollo de ensalada y repite a cada rato:

—No, no entiendo, no escucho, habla más fuerte.

Lo dice con un tono metálico que resulta muy simpático.

El asador nos pone frente a las narices una batería de cortes riquísimos que el invitado estudia con atención.

—¿Kidney, Richard? —le preguntan. El gesto de Stallman se completa con un rechazo enfático a cualquier órgano (riñón y mollejas).

—Prefiero músculos jugosos —aclara.

Extraña manera de referirse a un asado.

Media hora y cuatro kilos más tarde, estoy otra vez camino a mi casa. Vengo embondiolado, lleno de vino, pensando en su apretón de manos, en el cholulismo adoctrinado.

Acabo de cenar con Richard Stallman. Happy Hacking, macho.

Esta entrada fue publicada en Relato y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

16 respuestas a Un asadito con Richard Stallman

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Baltazar dijo:

    Y yo sin saberlo!. ¿Vos sabes el abrazo y el «mil gracias, capo» que le hubiera mandado en nombre de tanta gente?.

  3. marina dijo:

    José!!! HDP!!! mi marido casi se mea de la emoción (y la ENVIDIA)… en su Notebook tiene una calco de este tipo!!! lo venera, y es uno de los «apóstoles» del software libre. Le ha armado una PC a mi hijo con Linux… en fin… se vé q te vas para arriba papá! Saludos desde baires… ahora soy una Sra Casada… jajajaj! Bess a vos, Nati y las nenas!

  4. pulpo dijo:

    Envidia total!!!! Hoy iremos a escucharlo!

  5. ¡Qué culiado!
    ¿Sabés hace cuánto que no como un buen asado?

  6. la sil dijo:

    qué suerte la tuya José! algo + para animar el debate:
    Richard Stallman: «Bill Gates está espiándote» http://www.clarin.com/diario/2005/06/16/conexiones/t-996358.htm

    😉

  7. ¡Grosso!! ¿Y qué hacía por Córdoba el chango?
    Me imagino tu cara forzada de «no soy tu fan». Jajajaaaa!!

  8. Dr. CroW dijo:

    Eso es ocote y no giladas.
    Sabés que daría un huevo y el varicocele por haber estado ahí jajajaja

  9. Pingback: Centro Cultural España-Córdoba » Richard Stallman: los pies sobre la tierra:

  10. Juje dijo:

    O sea… ¿no tenés idea de SL pero te morfaste un asado con RMS? No entiendo cuál fue tu mérito para estar ahí. Dios le da asado al que no tiene dientes.

    Por lo menos hiciste esta entrada como para compartir tu experiencia, así que además de envidiarte (¡sanamente obvio!) hay que agradecerte.

  11. gason dijo:

    Me gusto mucho esta frase: «me dan ganas de traerle mi computadora para que me formatee un disco.»

    ajaja

    Que lindo comer con gente barbuda e interesante

  12. Despeinada dijo:

    Me recordaste al porteño que me contaba una charla que tuvo con Woody Allen y la contaba como diciendo…ah! cómo! lo conocés también vos? XD

    De los relatos de famosos el que mas me gusta es el de Quino… porque nunca se mareó cuando se subió a un ladrillo…me parece que a este Richard le pasa algo semejante no?

    XD

  13. quito dijo:

    grandioso…

    no hace falta saber quién este chaval para darse cuenta q la cabeza le camina más adelante…

    un groso este stallman… sus intenciones están buenas y lo mejor q tiene es que no vende fruta sino q va siempre en la misma dirección sin doblegarse…

    está bien playo… te aplaudo… ja! igual yo tmb le hubiera tirado un «gracias!» , pensá q el chaval lucha porque no tengamos q andar garroneando programejos y claves por taringa, y un montonazo de etcéteras…

    je, tengo amigos q te hubiera boicoteado y robado el nombre para estar sentados en tu lugar…

    abrazo.

  14. mmoreno80 dijo:

    wow!
    Eso si es tener suerte y no macana.
    Que envidia que te tengo …

  15. Pingback: Stallman en Córdoba: el Software Libre y la batalla por la libertad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *