Charlas con Gandhi

Ahora estoy en una camilla esperando que haga efecto la inyección. Es una mezcla de drogas y corticoides que me ha dejado un cachete del culo duro como una piedra.

—En diez minutos vas a sentir que estás jugando al TEG con Gandhi —me dijo el enfermero con una sonrisa bobalicona.

Tengo la desagradable sospecha de que la jeringa pasó la carne y el hueso para clavarse en la tabla. Fue una colocación desganada y rutinaria, un pinchazo al voleo, como si la intramuscular fuera un dardo arrojado al pasar sobre la pared sucia de un bar. Han dejado la puerta de la salita abierta y la gente que espera en el pasillo me mira los cachetes del culo, donde un bollito de algodón hace equilibrio mientras yo estoy remachado a una tabla. Le pedí al enfermero que me diera vuelta, pero no me hizo caso. Estar boca abajo es como tener la médula espinal exhibida en un telgopor para mariposas, engrampada con agujas.

A esto se ha resumido mi última semana, a mirar estrellitas de dolor y a escaparme de la cama por la madrugada para intentar acomodar los huesos de otra manera.

—No hace falta una placa —dijo el médico la primera vez que me vio—. Es una contractura que no se trató a tiempo. Tome esto y haga reposo.

Desde hace una semana trago antiinflamatorios como si fueran caramelos. La primera caja era de unos gordos verdes y brillantes, después me pasé a unos naranjitas medio dulzones, y por último arremetí contra unos azules muy pequeños. Estos últimos me dejaron el hígado hecho puré. Además de andar por la vida como Frankenstein, me la paso vomitando como un cosaco en una despedida de solteros:

—¿Fuma?

—Sí.

—¿Bebe?

—Ocasionalmente.

—¿Hace gimnasia?

—No.

Me derivaron primero a fisioterapia. Una señora con dedos brujos me ponía bajo una lámpara y después me encremaba excesivamente. Me sentía un bovino oriental, uno de esos animales que los chinos preparan para faenar en los documentales. De las sesiones salía con los pelos de la nuca engrasados y en punta, llenos de crema, pero igual de dolorido. Por alguna razón, los médicos se decidieron a probar con las inyecciones (una por día) que te hacen jugar al TEG con Ghandi como última instancia, y acá estoy.

Mientras espero babeando la sábana, una niña me mira desde el pasillo, asomando la cabeza por la puerta. Intento sonreírle pero sólo consigo mostrar una mueca que la espanta. Pasa otro médico, levanta el papel que tengo sobre la espalda y lee en voz alta mi historia clínica antes de preguntarme otra vez:

—¿Fuma? ¿Bebe? ¿Hace gimnasia?

—Ñsé; chionalmen; ñnó.

—¿Frecuencia sexual?

—Cuatro veces —me oigo decir.

—¿Por semana?

—Al año.

Llevo un lustro intentando meter ese chiste boludo en alguna conversación. El alivio que siento ahora que lo dije sólo se compara con el efecto de lo que me inyectaron. El médico se ríe, me palmea el hombro y me hace ver un carnaval de estrellitas de dolores. Antes de irse me corre un brazo y pone junto a mi cadera la bandeja con las inyecciones y las ampollas. Después levanta un teléfono y llama a un enfermero, le da instrucciones y desaparece dejando la puerta abierta. Nadie se ha dignado a cubrirme el culo ni a sacarme el algodón. Sigo ahí, estacionado en una sala estrecha que huele a desinfectante, apretando los ojos cada vez que respiro, pensando en cosas muy raras. Asumo por el calibre de mis devaneos que estoy más drogado que Elvis Presley. El corticoide va trotando por las venas, calentando los motores, rebotando contra los neurotransmisores y disparándose hacia donde sólo los corticoides saben llegar. Empiezo a preguntarme cómo carajo saben los remedios adónde tienen que ir a trabajar, cómo hacen para no confundir una rodilla inflamada con un ojo que supura. La farmacopea es un viaje de ida y yo nunca supe jugar al TEG; ninguna de las dos cosas me preocupa en ese mundito efímero que se levanta a mi alrededor con semejante drogada.

El efecto de tantas noches con el sueño minado empieza a cobrar factura. Es como si cada dos segundos el piso se desplomara y toda la ciudad cayera en un abismo antes de volver a emerger. No deja de ser una sensación placentera. He dado muchos cabezazos de sueño, pero esto es mucho más intenso. Otro enfermero aparece por la puerta, me cubre el culo con una sábana, me pone mi bolsito entre las piernas y empieza a empujar la camilla. Intento mirarlo, pero no puedo, sólo alcanzo a distinguir sobre mi espalda una silueta renegrida que va cabeceando las luces del techo.

—Wuá jugá TEG gon Gandhi —alcanzo a decir.

El lugar parece haberse convertido en un ramal de pasillos interminables. En todos hay mostradores con gente que le habla a los micrófonos, y la música de los parlantes se tiñe de intervenciones metálicas que dicen un apellido y el número de un consultorio. Veo piernas, muchas piernas. No quiero pensar en esa metáfora porque me da claustrofobia, pero es inevitable: estoy ahogándome en un mar de gente que flota con indiferencia. El enfermero empieza a empujar puertas batientes con la camilla. Cada golpe es un relámpago de realidad que me estremece.

—Despacio por las piedras —me oigo decir antes de entrar a un ascensor donde me vuelve el alma al cuerpo.

Subimos. Creo que subimos. Podrían ser dos o cien pisos y el enfermero tiene ahora un cigarrillo apagado en la boca:

—Antes se podía fumar acá. Fumábamos en los pasillos, en los consultorios, en el quirófano. Desde que sacaron esa ley de mierda me tengo que esconder en la terraza, como los choros.

—El fumar es perjudicial para la salud, ley 23.344 —recito.

—Lo único que falta, que nos digan cómo fumar. Dejensé de joder —dice cuando llegamos a destino. Otra vez hago de ariete para este pelotudo que quiere ganar el pasillo.

“Haya paz”, pienso. Ese era el mensaje de Mahatma. Y que había que adelgazar hasta los huevos si era necesario. Ahora vamos por un pasillo menos concurrido y con luces tenues. Hay ruidos de máquinas en algún lado. La camilla se detiene en medio de una habitación de color verde y el enfermero se va. Hay un afiche en la pared que habla de los rayos x y las embarazadas. También hay un perchero con unos trajes gruesos. El tiempo empieza a resbalar por las paredes dentro de esa habitación pequeña, los minutos caen al piso como moscas muertas que luego desaparecen. Cada segundo es un sacudón de lagañas desgarrándose. ¿Tengo calor? Empiezo a recordar el cuento de Stephen King, Sala de autopsias número 4 y me río involuntariamente. Atrás ha quedado la noción de las noches desveladas, las imposturas, los mareos. Muevo un brazo y toco la bandeja con las inyecciones. Muevo el otro y me acomodo. Me lleva un buen tiempo incorporarme, mi cabeza es una baraja de imágenes graciosas. Pienso en caídas, en papelones, en discusiones divertidas. Imagino a la gente grande bailando al ritmo de la música que sale por los parlantes.

¿Qué saldrá en la placa? ¿Cuál será el tratamiento definitivo para terminar con esta tortura medieval? Época jodida, el mediohuevo. Ahí te morías a los treinta, sin dientes y con el pito lleno de moscas. O te metían un piedrazo en la cabeza cuando te hacías el boludo en el mercado.

Estoy sentado sobre la camilla y el dolor casi ha desaparecido. Me pregunto cuánto tardaré en salir de ese lugar, si podré sortear el laberinto de pasillos con éxito en este estado. Siempre puede uno preguntar. Algo que caracteriza al 90% de los hospitales y clínicas en este país es que la señalética no resuelve un carajo; imposible ubicarse con “segunda puerta al final del pasillo”; en estos edificios parchados y posmodernizados sólo se puede transitar preguntando a cada rato. Las inyecciones son muy buenas. Me acuerdo muy bien en qué heladera las guardan estos hijos de puta.

Y si no consigo taxi, me vuelvo caminando.

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55 respuestas a Charlas con Gandhi

  1. lulilu dijo:

    Que lindo encontrate a esta hora! Ya leo y luego comento

  2. lulilu dijo:

    No sabes que divertido me resultan las anécdotas que contas, como la insuperable de “Recibirse de boludo”, cada tanto paso y la leo. Un garrón lo del dolor, pero por lo menos la capitalizas!!!! Un beso y cuidate! (capitalizas es con z ??me atacó una duda, que bolu!

  3. José Playo dijo:

    @lulilu: comentaste justo cuando terminé de publicarlo. ¡Qué sincro! Me alegra mucho que lo hayas disfrutado, a mí me están empezando a brotar agujitas entre los hombros de nuevo, así que cambio y fuera. Buen fin de semana,

    José.

  4. Pingback: Bitacoras.com

  5. El Rafa dijo:

    Che al final me hiciste desear unos corticoides…

  6. José Playo dijo:

    @El Rafa: ahorita mismo estoy pensando lo mismo. Quedó muy apológico, pero nadie es perfecto.

  7. PRIMERO: buenísmo el texto

    SEGUNDO: Viste lo que se siente cuando por fin podés meter ese chiste que tanto querías? sólo se compara con lo que te inyectaron

    TERCERO: José, pasate por el chiquero – es la última vez que te lo digo, no me hagás calentar.

  8. OLANDO MARTINEZ dijo:

    Este es otro que cae.

    Mira lo que me dice:

    elchago // Febrero 27, 2009 a 11:48 pm

    OLANDO
    Donde puedo encontrar lo que usted en otro post puso sobre los zoombies y el banco???

  9. José Playo dijo:

    Hay que mirarle el lado positivo, por lo menos el dolor de culo te hace olvidar el dolor de la espalda.

    @CERDOS Y CERDAS: he pasado por su espacio, no se enoje si no comento, soy discreto cuando ando contracturado. Muchas gracias y abrazo.

    @OLANDO MARTINEZ: me gusta porque sos uno de los pocos que se encariñó con ese texto, por el que siento mucha simpatía. Te dejo acá el link a las tres partes, voy a ver si puedo ponerlo como recomendado en la barra de navegación. Fuerte abrazo.

    Irrupción de los finaditos vol 1
    Irrupción de los finaditos vol 2
    Irrupción de los finaditos vol 3

  10. jajajaja, ahora rompete la tibia y el peroné para que no te duela el culo y la espalda!!!

  11. Martín - Aquende Libros dijo:

    José, buscá en youtube la lesión de Eduardo Da Silva (jugador del Arsenal inglés), fue a principios del 2008, para que veas lo que te está deseando Cerdos y Cerdas…

  12. Martín - Aquende Libros dijo:

    http://www.youtube.com/watch?v=UgyWaOhopBE
    acá está, fijate y sobate.

  13. José Playo dijo:

    @CERDOS Y CERDAS: voy a probar.

    @Martín – Aquende Libros: me imagino cuál debe ser, una en la que al tipo le queda la gamba como una media vacía. No, ni en pedo me pongo a ver eso en YouTube.

  14. José Playo dijo:

    @Martín – Aquende Libros: entramos juntos con el comentario. Reitero: ni en pedo.

  15. Martín - Aquende Libros dijo:

    cagón

  16. José Playo dijo:

    @Martín – Aquende Libros: no se dice “cagón”, se dice “indispuesto”.

  17. Martín - Aquende Libros dijo:

    Te desafío al TEG… ¿o te “indisponés?

  18. sabalero dijo:

    Que dolor, que dolor, que pena!! que te recuperes pronto,y muy bueno el post. Yo me quisiera tomar un vinito con Gandhi ¿habra que aumentar la dosis o agregarle canabis?

  19. Lucas, desde la Republica dijo:

    Bueno, yo estoy todavia esperando para decir que alguien tiene sonrisa de mingtorio…
    Me rei mucho Playo, espero que esa espalda mejore.
    Abrazos.

    L

  20. Realmente te agradezco que me hagas reir con tus relatos José. muchísimas gracias.
    Un abrazo sincero.
    Mario

  21. xavier dijo:

    Lo que más me llamó la atención de este texto es que un tipo como vos no sepa jugar al TEG. No te das una idea de lo que te pierdes.

  22. Aldana dijo:

    Mi reflexion final de este fantastico texto es que quiero un corticoide urgente!!!!!!!!!
    Playo lo suyo como siempre impecable, ahora viste que es cierto lasd enfermeras se piensan que uno no tiene ningun tipo de pudor y que le encanta andar mostrando en un hospital. Saludos y nuevas felicitaciones

  23. Asterion dijo:

    Está bueno el crescendo que le das a la sensación lisérgica (no creo que sea apologética).
    Che, chequeaste antes de ir al consultorio que el calzoncillo no tuviera más de los agujeros que son estrictamente necesarios? Aunque, si no tenés miedo al ridículo, puede ser divertido ver cómo los médicos forman una junta médica alrededor tuyo para verlos y hacer comentarios por lo bajo.

  24. Fabiana dijo:

    Ya de entrada me impresioné con lo de la inyección.
    Después me trajiste recuerdos con el TEG.
    Y me hiciste reír con tu viejo chiste.
    El relatos estuvo 10 puntos. Como siempre.
    Feliz domingo.

  25. Ayyyy qué dolor. Antes de soportar una intramuscular, prefiero que mi estómago le declare la guerra al hígado y se insulten trabajando al revés por muchos muchos días.

    Habría que declarar a las inyecciones intramusculares, inconstitucionales. O al menos, que esté penado por la ley aplicarlas.

    (¿Sirve si te mando un besote monumental para que te olvides del dolor de espalda, de tujes y del olor a desinfectante???)

    Bué, ahí vá. ( Atajalo)

  26. Matías dijo:

    Parece que los médicos disfrutaran el dejar culos al aire ante la imposibilidad que tiene el paciente de cubrirlos. Se sienten poderosos con el culo ajeno, asi cualquiera tiene poder…
    Primera vez por aqui. Seguiré visitando.
    Saludos,

  27. sei dijo:

    jaja. Buenísimo.

    A mi en las vacaciones (mientras vacacionaba, valga la redundancia) me pusieron una penisilina porque tenía anginas y placas y bla bla. SUPUESTAMENTE la enfermera le agregó el suero “indoloro”, pero comprobé que cómo tantos otros aditivos medicinales, es más un intento de placebo y mentira para el paciente que un artículo que cumpla con lo que su nombre indica.
    Una amiga que vivía pichicateada me contó que el viejo le anestesiaba la nalga con palmaditas, entoncs cuando te llegaba el pinchazo parecía una palmada más. Y como la gorda que me iba a pinchar a mi no tenía cara de tener paciencia para palmaditas anestésicas, me empecé a palmear la nalga yo sólo mientras ella preparaba el aceitoso brebage.
    “Que nalguita me das?” me dijo, mientras yo le señalaba mi blanco culito a medio auto-anesteciar y por la cortina del cubículo aparecía el Policía que cuidaba la Guardia, que con una sonrisa de oreja a oreja me preguntó “Duele?”.
    No sabía que la penisilina era tan parecido a sopa paraguaya licuada e inyectada, así que salí arrastrando la pierna flagelada, más que rengueando. A lo que el vivo del cana acotó: “Y con las chicas esta noche? Cómo hacemos para bailar?”.

    Un pelotudo importante que me fui a encontrar en una situación para nada feliz.

    Sabés que..voy a postear mi firma en mi blog de tan larga.jaja. Perdón por el espacio robado. Es domingo a la noche, no molesta, no?

  28. José Playo dijo:

    @Martín – Aquende Libros: me indispongo.

    @sabalero: yo creo que si optás por los vinos que no vienen con corcho, todo está bien también 😉 En el Club de la Pelea, Edward Norton se lo quería comer a trompadas, al pobre Gandhi, lo nuestro es mucho más sano.

    @Lucas, desde la Republica: qué bueno verte de nuevo por acá. Los otros días se me pasó un comentario tuyo para saludarte, después no lo ubiqué. Abrazo grande.

    @elojocondientes: de nada, che. Qué bueno que te sirvan para pasar el rato. Muy estimulante, muchas gracias.

    @xavier: no entendí “un tipo como vos”, ¿tan lúdico? Jugué dos veces y me tragué todas las fichitas a bostezos. Son muchas cosas para tener en cuenta, no me da la cabeza, prefiero el Boggle (te lo recomiendo, si no lo conocés).

    @Aldana: los hospitales para mí son el colmo de la dignidad que se pierde para recuperar un poco de salud tuneada. Es lo más parecido a un mercado persa.

    @Asterion: creo que dos de cada tres personas tienen una madre que insiste con lo de los calzones “dignos” por si algo te pasa en la calle. Yo compré siete (uno por cada día de la semana) hace unos meses, además, tengo uno “de salir”. Mi mujer odia que clasifique así la ropa, pero me re-cabe. Iba protegido 😉

    @Fabiana: gracias y aguante Soldán. Beso 🙂

    @Arlequincita con fiaca: es impresionante el número de prácticas y procedimientos médicos que todavía no han evolucionado. No puedo entender cómo no inventaron todavía la pistolita que tenían en Viaje a las Estrellas y que te ponían la inyección que se notaba que ni dolía. Gracias por el deseo de recuperación, recibido y funcionando.

    @Matías: cuando guste, el espacio es suyo, puede con él vengarse de lo que tanto nos mortifican los médicos con nuestros culos.

    @sei: comentario y post al precio de uno. Negoción. Qué bueno. Abrazo.

  29. Cafe dijo:

    jajaja precisamente hoy estuve en un hospital y me perdí en él, son imposibles

    muy bueno el cuentito

  30. El Flaco dijo:

    No sabes como te entiendo a demas se complica cuando te ponen ese liquido macabro en frente de tu hijo y es ese momento en el que tenes que mostrar que el Papi no llora, por fuera ! jejeje.
    Aguante Jose y preparese para la proxima.

  31. Fledermaus dijo:

    A mí me pusieron Penicilina y Novalgina, uno en cada cachete. Como yogur de vainilla y frutilla. Muy zarpado.
    Obviamente me fui rengueando como un gil y, la que era mi novia en ese momento, andaba buscando un taxi.
    Todo eso un jueves a la noche… hermoso fin de semana.
    Ah, y el final casi que me trajo recuerdos a Requiem for a Dream. No sé por qué pensé en heroína y no en los corticoides de los que estabas hablando.
    Cosas de la vida…
    Abrazo, José.

  32. Asterion dijo:

    @José Playo: Uno para cada día de la semana! no está nada mal! conozco gente que tiene uno para los días pares y otro para los impares, siendo lavados ambos los domingos (día en el cual se ponen los shorts para hacer un picadito).

  33. vagina way dijo:

    … el problema es si se te escapa algo y te queda una frenada… jajajja tendrías que tener un sustituto por frenada!

  34. lourdes dijo:

    Me sobe interiormente con tu relato, José.
    Pero dejame salir a la feminista dentro mio que dice: Nunca sabrás lo que es el verdadero dolor, cuando mensualmente, a tus ovarios, vagina y demases chiches ginecologicos, se les ocurra menstruar. Nunca sabrás la verguenza, cuando te levantes de un silla dejando una mancha roja en el asiento y en tu pantalon. Nunca sabrás de incomodidad hasta que te den con una bala de algodon, también conocido como tampón.

    Las muchachas presentes, te acompañamos en tu dolor.

  35. Uf! Como te entiendo josé.

    Mas aun cuando tus hijos te ven como a un heroe.

    Mi vida es como vos decis, por desgracia.

  36. Jackie dijo:

    Odio los corticoides y sus derivados, y a los médicos hijos de puta que por fiaca los recetan como si fueran aspirinas sin dar otra opción menos agresiva para el organismo. Gracias a los corticoides, literalmente, me estoy muriendo (cosa que seguro les alegrará a mis enemigos, lo cual me chupa un huevo, ya regresaré del otro mundo a meterles unos cagazos de antología, incluyendo a la puta otorrino.

  37. Pau dijo:

    Sabía que algo de bueno iba a tener las “super Confeciones de Publicitarios de Anoche”. Srivió cagarse de calor y aguantarse las ganas de irse cuando algun que otro pasaba a definir Su Creatividad.

    – “Jose Playo, Peinate que viene gente… puta, me suena mucho este tipo. Me hablaron alguna vez de él en el bar.”

    Fue un gusto, ahora leo tus relatos y más gusto me da. Cuando contabas lo de “recibirse de boludo” miraba mi dedo vendado, y pensé por un momento en dejar de estudiar, total tengo un título que me cae simpático, jaja. Te cuento… La semana pasada en la entrada de casa, me tragué un escalón, me raspé con la pared y caí sobre la puerta. Un escalón que hace más de diez años que lo veo. Fractura del dedo gordo del pie izquierdo. Muy boluda, somos dos, en verdad varios.

    Seguiré leyendo. Estaría muy bueno que hagas un post con todas esas cosas lindas que decías que tenias para leer anoche y por falta de tiempo (supongo) no las compartiste.

    ¡¡¡Saludos!!!

  38. vagina way dijo:

    Uh Jackie qué bajón! Cuanto lo siento…
    Yo también odio los corticoides, los odio, me dan miedo… Pero lo que me han dicho muchos médicos es que administrados ocasionalmente en ciertos episodios no son para nada nocivos, que se yo…
    Mi hija tiene bronco-espásmos y sinusitis. Los tiene que usar a diario.
    Un bajón!!
    Como contrapuesto: hace unos años tuve un episodio de edema de glotis y me inyectaron decadrón en vena. Fue un viaje!! La sensación que sentí en los genitales… ni te cuento.

  39. Martín - Aquende Libros dijo:

    @vagina way: ¿Y se volvió adictivo? ¿Conocés algún dealer de eso?

  40. vagina way dijo:

    @Martín – Aquende Libros: me impresionan las agujas, si no…
    ECO, EMI o alguno de esos. Eso sí, la cara de Stallone diciendo “cortame el párpado”, no sé cómo la conseguí.

  41. Seba Cantoni dijo:

    José, no sé por qué, pero me imaginé el hospital de urgencias una vez que me hice cagar la clavícula jugando fútbol, deporte de mierda si lo hay.
    Lo peor del caso, es que mientras estaba hecho mierda en la camilla y antes de la placa, donde nadia sabía aún que no era la clavícula sino el ligamento acromioclavicular, que sale de la alita de la clavicula al hombro y baja por el brazo, apareció mi vieja, médica, con dos amigas, médicas ambas, que venían de un doasa totalmente ebrias, y dijo: “dónde está mi bebé”-obviamente mi madre. Risas generales en la sala. A lo que sus amigas respondieron: “nadie lo toca sin mi autorización”, cuando ya me había acomodado el hombro el médico de guardia y sus 32 ayudantes. A lo que respondí: “Salvenme de la vergüenza y ayudenme a huir”. Salí del hospital como si se tratara de casa, doblando pasillos clonados que podián llevar al centro o a la nada, mientas las tres ebrias me hacen la finta distrayendo a los médicos y enfermeros.
    En fin, salut, y bon apetit, aguante la medicina pública y gratuita.
    Abrazo
    Sebas

  42. lulilu dijo:

    Carajo Playo!! Te borraste otra vez…

  43. eli dijo:

    José, no sabés los recuerdos que me trajo este cuento.
    Hace mucho, mucho tiempo, cuando era apenas una adolescente, pasé SEIS MESES bajo tratamiento de penicilina. Un cachete cada semana. Recuerdo que salía arrastrando la pierna y secando las lágrimas. Después me pasaba medio limón en la zona entumecida, no se si hacía efecto pero todo valía para aliviar ese insoportable dolor.
    Después de seis meses y litros de corticoides en mi cuerpo terminé el tratamiento más doloroso de mi vida, me recuperé y de rebote curaron mi sinusitis. Maté dos enfermedades de un tiro al módico precio de engordar 10 kilos y dejar mi culito como un colador! igual no estuvo tan mal la ecuación.
    Por suerte físicamente venimos preparados y no tenemos recuerdo del dolor, podés recordar la situación pero no revivir el dolor, así que fuerza hombre y que se le pase pronto!

  44. h dijo:

    Tu contractura me dolió a mí también… tengo la suerte de no sufrir esos problemas, supongo que porque nunca me tomo nada en serio… O porque hago respiración y aprendí a relajar mis músculos mientras trabajo.

  45. paulina dijo:

    Hola, me gustó mucho este relato ( son cosas que te pasan pero parecen cuentos…digo, ficción, ficción). La verdad, sos una persona accidentada. Es que me acuerdo de “recibirse de boludo”, me hizo reír mucho. Pero este relato no fue para risa, no. Éste más bien, me hizo pensar como muchas veces, las convicciones nos sirven para reafirmar nuestras inseguridades. Eso me pasó a mí, capaz que estoy lejos de lo que vos estás mostrando. Igual, así me suele pasar. Estoy segura que casi siempre me quedo con lo que me pasó mientras leo un escrito, y no con lo que el escrito dice…

    Paulina

  46. sander saynomore dijo:

    Y las pepas que combinan Diclofenac con miorrelajantes?
    Y cuando lees el prospecto, y lo que menos te va a dar es daño cerebral irreversible como reacciones adversas?
    Y tu sentido de la responsabilidad, que te dice que NO DEBES TOMAR ALCOHOL durante el tratamiento, pero se te pasa a la media hora?
    Y toda esta merda para que la maldita contractura siga ahi?
    Y la culeada de la fisioterapeuta que te dice que si seguis alzando a tus hijos no se te va a pasar nunca?
    Y vos que preferis morirte de dolor y vomitar a lo Linda Blair por el vertigo, pero seguir alzandolos?
    En fin… me duele mas que a vos
    No. En serio me duele mas que a vos.

  47. il Santi dijo:

    A mí me operaron del … eso… me cortaron el frenillo… Fue un garrón, cuando entré al quirófano, previa espera mirando el techo como quien busca coraje entre las telas de araña y manchas de humedad, había 5 personas, todas mujeres, una me agarró la gamba y le ató una lata.

    – Es para descarga a tierra dijo
    – Glup! Pensé yo mientras ponía sonrisa de macho que se la banca

    Me destaparon y entre las cinco yo sentí que algo miraban… Seguramente se hartaron de ver pitos, pero éste era el mío, y no es tan lindo como uno se imagina, cinco mujeres… Una tenía más años que el hospital, otra era la que limpiaba, otra era joven y parecía que estaba buena, otra era grandota con lentes y estaba potable, y la otra no me acuerdo. Luego entraron los dos doctores, haciendo chistes:

    – Já, cómo se te ocurre venir con tu novia, dice uno mirándome desde arriba. Y mientras giraba para mirarlo al otro que estaba de frente, dice: Apenas salga de acá, la novia le da un beso y se le saltan los puntos.
    – Je je, dije yo, con la sonrisa macha y el pito chiquito de miedo y frio

    Me echaron pervinox, creo, una cosa que me heló los huevos y me chorreó hasta el culo, haciéndome estremecer. Estaba frío el coso ese le digo.

    – ¿Le damos con éste? Dijo el otro.

    En ese momento accionó algo en el “éste” y sentí como una afeitadora eléctrica.

    – Vamos a usar un bisturí eléctrico, me dice.
    – Muahá, dije yo mientras sonaba la trituradora de bolas en sus manos.

    – Vas a sentir un pinchacito, me dice el otro con una jabalina entre los dedos. Y me clavó eso en tres profundidades diferentes del coso.
    – ¿Pinchacito? Le dije yo, mientras caía una invisible lágrima por mi cara y seguía sonriendo a lo machazo.

    Al final, después de eso sentí que cortaban, injertaban, agrandaban, restauraban, aserraban, cosían, cacheteaban, pero no me dolió… Eso sí, el “pinchacito” lo sentí como siete días, sobre todo cuando meaba.

    Me pusieron una “bufandita” después de coserme tres puntos, y me dijeron que vuelva la semana siguiente. Esa noche tuve dos inútiles erecciones, al pedo, y dormí hecho un bollo, no había forma, me sentía Tom Hanks en “The Green Mile” cuando mea navajas.

    En fin, al mes ya estaba todo en orden, y me dijo el dotor que podía usarlo despacito y con preservativo… AH! dije yo, y no le dí un tronco de bola. Lo usé a lo machazo, y con una invisible lágrima cayendo por mi cachete…

    Santi

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  49. José Playo, me preocupa tu salud. Cortala con los corticoides, te bajan muchísimo las defensas. ¿Probaste con miorrelajantes en lugar de antiinflamatorios? ¿Y si hacés aqua-gym? Dale, hacé aqua-gym, que con la descripción de la clase te va a salir un post genial.
    Eso podrías hacer, probar pilates, yoga, tai chi chuan, bio danza y esas cosas que sirven para la espalda, y de paso las usás para inspirarte y escribir.

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