El partenaire

Dicen las estadísticas que en setenta años de vida una persona habrá asistido a un promedio de seis presentaciones de libros, de las cuales no habrá disfrutado de cinco porque lo aburrieron soberanamente. Claro que la cantidad de presentaciones se duplica si uno tiene afinidad con la materia, o se triplica si trabaja, por caso, en una editorial. Yo, que de literatura no entiendo un sorete, he asistido a más de treinta. Unas veces movido por el compromiso ineludible, otras por la curiosidad, las menos para reivindicar el placer doloroso del masoquismo. Lo cierto es que nunca, hasta ahora, me había tocado asistir como presentador; siempre he sido de los que se camuflan de espectador muy cerca de la puerta.

Podría decir que algo aprendí después de publicar tres libros, pero estaría mintiendo: cada situación es única, cada lugar tiene su magia particular, cada convocatoria hace eco en un número distinto de gente. Ergo: no hay manera de medir ni prever nada, a excepción del hambre voraz y la sed inmortal de los asistentes. Los mismos organizadores lo saben, de ahí que una presentación sin bocaditos y bebidas esté destinada al fracaso rotundo, porque muchos dan el presente con la esperanza de atiborrarse de sánguches de miga y vasitos de vino tinto. Al común de los mortales le gusta chuparse, hablar boludeces y sonreír con migas entre los dientes.

Casos.

Tengo grabados en la cabeza algunos encuentros memorables. El lanzamiento de un libro en el interior, por ejemplo. La autora, cuyo nombre no daré para no herir susceptibilidades, se había empeñado en lanzar la obra con un grupo de gauchos que zapateaban bastante mal sobre el improvisado escenario. Adujo que la impronta musical y telúrica de sus versos así lo demandaba. Los presentes observamos con estupor, luego de veinte minutos de bostezos disimulados, la polvareda que iba levantándose desde las tablas y que cubrió a los bailarines hasta las rodillas. No quedaban más opciones que estornudar o cagarse de risa. Era obvio que a los danzantes los habían arreglado con damajuanas, porque de otra manera no se explicaba la coordinación lamentable y el uso irrestricto de boleadoras que en un momento sacaron a relucir para agitar compulsivamente. Cosa de chupados (no sé si no habrá nacido ahí mismo la idea de la publicidad de fernet). La mujer, estoica, permaneció con los papeles entre las manos y los anteojos clavados en la mitad del puente de la nariz, observando la escena con ojos acuosos por encima de los bifocales. El libro costaba doce mangos y si vendió más de tres, es mucho.

Otro lanzamiento memorable fue el de un amigo novelista que decidió salir de la clandestinidad haciendo pública su ópera prima. Por esos días era marxista (ahora trabaja en Telecom) y decía que había que pasarse por las bolas al capitalismo y a los sellos editoriales porque eran la misma bosta. Así fue que invirtió unos mangos, fotocopió doscientos ejemplares, y los cosió y encuadernó con sus propias manos. Los libros eran tristísimos y perdían hojas cuando los abrías. Si los cerrabas quedaban desparejos, mal acomodados. La tapa, que por exceso de cola se llevaba consigo las primeras páginas, tenía la foto del culo peludo del autor  asomando por fuera de un pantalón de gimnasia Adidas. Tengo en la cabeza la imagen de mi amigo sentado en aquel enorme salón de Luz y Fuerza, solo como no ha estado ningún otro autor jamás, rodeado de pilas deformes de sus libros, esperando inútilmente que alguien asistiera. Fui el primero y el único. Ya estaba borracho cuando llegué y me invitó a sentarme. Lo último que me dijo antes de empezar a armar el bolso fue: “la próxima vez mando gacetillas a la radio y se van todos a la mierda”.

Hubo, claro está, otros casos menos desagradables. De hecho, he presenciado verdaderos milagros editoriales. Tengo en mente el del tío S. y el de mi amiga, B., por citar algunos. El primero, el de mi tío proctólogo, fue un libro construido en silencio y sin que nadie supiera. A lo largo de una década se encargó de compilar anécdotas sobre la profesión que terminaron convirtiéndose en un cuadernillo fabuloso que firmó con seudónimo y que ya va por la decimoquinta edición. Muchos de sus pacientes son personalidades reconocidas del espectáculo y de la política, así que no pudo jamás saborear las mieles del reconocimiento, y cada vez que hay una presentación fuera de Mendoza, donde vive, manda a un enfermero amigo a que ponga la cara (por lo general, el mismo que está inmortalizado en la solapa de las seis últimas ediciones).

El caso de mi amiga B. también es extraño. Su habilidad para escribir historias es indiscutible, pero es una chica insegura que ha canalizado su necesidad y su talento poniéndose al servicio de otros escritores: es lo que en la juerga se conoce como “negro literario”. Lo curioso del caso de B. es que las seis novelas que lleva publicadas con el nombre de otra persona son un éxito editorial, y que le ha tocado hacer de presentadora de cada una de ellas: es la única escritora que presenta sus propios libros sin que el público lo sepa. B. se rompe el culo y pasa nervios para que a los créditos se los lleve otra persona.

Escribo estos casos porque creo que de todas las experiencias se aprende: el mundo editorial está plagado de autores reconocidos y exitosos, o de talentos inéditos a quienes se atribuyen textos increíbles. Pero nadie habla de la encomiable tarea de los presentadores, esos tipos ojerosos y angustiados sobre los que carga la enorme responsabilidad de que las cosas no se vayan al carajo.

A mí me toca el jueves dos de octubre y a las 19.30 hs. hacer lo que ya hicieron por mí dos buenos amigos en tres oportunidades.
Les dejo pegada a continuación la invitación y espero que si van, vayan con ganas de pasarla bien y con un nivel de hambre, digamos, moderado.

Cariños,

José.

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19 respuestas a El partenaire

  1. Liliana dijo:

    El tema da para mucho, José, pero por ahora y escribiendo con una mano porque la otra está enyesada y a la espera de su pronta recuperación junto a la pierna del mismo lado, pues … sólo me cabe desearte felices bocaditos y chin chin para vós y el autor!

  2. Martín dijo:

    Ya lo dije en agosto, insisto, ¡Qué lindo el logo de abajo a la derechaaaaa!!!!!!!

  3. Elvio dijo:

    Che José! Espero q mi hermanito se juegue con los totines y los chegusanes… solo alejenselos un poco y van a poder probarlos.

    Mis mejores deseos para este EVENTAZO

    Elvio… el hermano del librero “mas grande” de la Docta

  4. Martín dijo:

    Yo asistí a una presentación de un libro, que era, al mismo tiempo, una premiación. La editorial había organizado un concurso que tenía como fin la publicación de los ganadores y un pariente había recibido tal distinción.

    Lo curioso es que los presentadores, en lugar de alabar a los escritores, los retaban. Los mandaban a estudiar, a leer. Les explicaban que en nuestros tiempos la lectura ya no era un hábito y que sin ella no era posible dedicarse a la literatura.

    Yo pensé que el clima se iba a caldear, que los ganadores no iban a tolerar esa afrenta y que iban a subir al escenario a repartir golpes. Pero eso no ocurrió. Ahora que lo pienso, qué lástima.

  5. Dayana dijo:

    @ Martín, por qué será que los mejores eventos son los que se arma lío?
    Al mejor casamiento que fui en mi vida fue al de mi primo, que terminó con mi tío gritando a las 6 am “esta torta se la tiro a los chanchos” mientras miraba a su flamante nuera.

    José, trataré de estar allí para los sánguches y la gaseosa y voy a llevar impreso el pdf para que me lo firme Zanoni.

  6. Pingback: Bitacoras.com

  7. Martín dijo:

    @Dayana: En el evento habrá una mesita con libros, detrás de ella un bello muchacho de 1.90 m de altura y unos encantadores ojos verdes, que gustoso de la vida te venderá un ejemplar, así no tenés que gastar papel y tinta en imprimir el pdf.
    Con cariño,

    Martín – Aquende Libros

  8. Martín dijo:

    Perdón José, quiero probar algo/b

  9. Martín dijo:

    ver si puedo escribir en negrita

  10. Martín dijo:

    Sí, puedo.
    Ahora en itálica

  11. Martín dijo:

    Gracias José

  12. Ufa… Otra vez estoy lejos.

  13. Karmakiller dijo:

    me queda lejos ir a apoyarlo, o trasmano, o a horario incompatible…
    pero siempre sepa que lo acompaño en sus actividades, como una especie de inesperado fantasma rompepelotas, que va a las reuniones sólo por los canapés.

    un abrazo fraterno!

  14. La Chumi dijo:

    Hola ¿Qué tal? Tranquilidad , por favor .No te muevas . Continua con lo que estabas haciendo como si yo no estuviera.Imagina que soy invisible ¡Uy , perdón! Soy una maleducada . Todavía no me he presentado . Mi nombre es Chumi Jinjoles. Te estarás preguntado el porqué de mi inesperada visita. Verás dentro de muy poquito tiempo se inician las votaciones en los Premios 20 Blogs y me gusta votar en conciencia. Así que me ha pasado por aquí para echar un vistazo.(De nuevo tranquilidad , yo me presento en la categoría de Humor , así que no puedo quitarte el Premio) Es como cuando entras a una tienda sin intención de comprar nada , solo para echar un vistazo. Es por eso que al princioio te rogaba por favor tranquilidad y que siguieras con tus labores como si yo no estuvuera. Odio que las dependientas me sigan y se abalancen sobre mi preguntandome si buscaba algo en particular o si pueden ayudarme en algo.No Gracias Señorita , me gusta comprar tranquila y recrearme con lo que veo.Parece que te ven como a una sospechosa y que en cualquier momento vas a coger algun producto y a meterlo disimulafdamente dentro de tu bolso.(“¿Qué culpa tengo yo si ese C.D. de Georgie Dann tomó conciencia de sí mismo y saltó desde su expositor hasta mi bolso?” Fue lo que le dije a aquel tipo de seguridad que se acercó velozmente a retenerme, tras el sonoro pitido de las alarmas situadas a las puertas del Alcampo , en el momento en que me disponía a abandonar el centro).Pero no me veas como a esa vecina cotilla y entrometida que se cuela en tu casa para pedirte un poco de sal y aprovecha para ver si tienes limpia la casa. No , yo no soy así. Simplemente quiero tomar la mejor decisión con mi voto ya que hoy en día elegir no es nada facil . Todos los días nos vemos obligados a elegir :

    ¿Con Leche o sin Leche?

    ¿Ázucar o Sacarina?

    ¿Falda o Pantalón?

    ¿Edición Especial o Sencilla?

    ¿Doblada o Versión Original?

    ¿Obama o Mccain?

    ¿Salgo de Marcha o me quedo viendo otro insufrible programa de “La Noria”?

    En los aseos públicos ¿secador de manos eléctrico o papel del vater?

    ¿BlueSky o Ecron?

    ¿Toallita o Bidé?

    ¿Piedra Pomez o Lija?

    ¡¡¡Qué dilema!!!

    En fin , no quiero que pienses que soy una pesada , así que ya me voy . Ha sido un placer.Un blog muy acogedor.Perdón por darte la espalda al salir. ¡¡¡Mucha Suerte en el Concurso!!!

    Recibe un Cordial Saludo :

    La Chumi

    http://yosoylachumi.wordpress.com

  15. Viejo dijo:

    Yo la pasé siempre bomba en tus presentaciones. Aparte en un lugar donde hay vino y sanguchitos, siempre es bueno estar. Bah, ahora que lo pienso si estuviera en la cárcel… pero hay vino y sanguchitos… pero es la cárcel… bueno, no sé. Ahora sí que tengo una duda más en la vida. Gracias José.

    jaja, saludos!

  16. Ani dijo:

    José:

    Muy interesante tu reseña sobre las presentaciones de libros; la verdad es que cada libro es un mundo, y ni hablar de sus presentadores…

    Yo tuve la oportunidad de ir con una amiga a la presentación de “El imperio digital” este jueves, y la verdad que la pasé bárbaro! No sólo que me resultó entretenida, sino que también picoteé pizza y bebí cerveza (que en realidad no me gusta mucho pero tomé porque el envase tenía linda pinta).

    Y es, a partir de ese día, que visito “Peinate…”

    Saludos!

  17. uno de los Gauchos dijo:

    Che gordito, te quiero ver a vos con un par de botas viejas, unas bombachas ajustadas y un par de boleadores… a ver cómo te defendés…

    Je

  18. Juno dijo:

    Dios! Esa vieja tiene que haber tenido algún tipo de fetichismo con los gauchos, sino no se explica semejante barrabasada.

    Y a tu amigo, el “llanero solitario”, el auténtico “solito mi alma”, el “rebelde maaal”, el “che guevara de las letras”, mi más profundos cariños. Me hubiera gustado estar ahí para reírme horas y horas con él.

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