La cofradía de las capuchas

Última entrega de la serie
«La mano benefactora de un desconocido»,
que empezó acá.

Esa noche llovía mucho, los gritos se escuchaban amortiguados por los truenos y las gárgaras de las alcantarillas. Una balacera de gotas gordas y pesadas acribillaba con violencia las calles y dibujaba espejos blandos en las veredas. Con cada relámpago, el interior de la clínica se iluminaba. En la habitación del fondo, la única que tenía la luz encendida, había una camilla sobre la que un hombre se retorcía mientras su amigo le apretaba fuerte la mano.

—No aguanto más —dijo el Turco Junín apretando los puños lustrosos de sangre.

—Tenés que aguantar —lo alentó el Naso—. Falta poco. Aguantá que ya nos vamos a la mierda.

Habían llegado hasta la vieja casona para aporrear la puerta con desesperación. Caporazzo, alias el Naso, pedía a los gritos por el doctor mientras le apretaba con una mano el estómago a su amigo. Ahora ya estaban en el quirófano y el médico, con la cara desfigurada por el sueño, revisaba los cajones y los armarios, desparramando cajas y frascos por todas partes.

—¿Vos estás seguro de que este tipo sabe cómo sacar una bala, Naso? —preguntó el Turco en voz baja.

—Es el mejor, vos no tengás miedo —dijo su amigo.

—Pero es un veterinario, Naso —observó el Turco—. Este de meter cuchillo para buscar plomo no sabe nada.

—Así como lo ves, la tiene mucho más clara que la mayoría de los tordos que hay en los hospitales. Mi perro, ponele, ¿te acordás del Güero? Bueno, jamás se quejó. Y mirá que a cada rato este le metía una aguja —dijo señalando con las cejas al hombre de guardapolvo—. Además, vos no podés pisar un hospital, Turco. Olvidate. En esta clínica estamos mejor.

Su amigo cerró los ojos con una mueca de dolor y asintió. Era una casona antigua y remodelada, que todavía conservaba algunos detalles ominosos de decoración; ventanas con vitró, arañas imponentes, estatuas de querubines regordetes abrazados a las columnas.

—¿Cómo anda el Güero? —preguntó el Turco con la voz entrecortada.

—Mi mujer me lo envenenó.

Junín abrió los ojos para cerciorarse de que no fuera un chiste:

—¿La Martita te lo envenenó?

—En realidad me quería envenenar a mí, pero a la primera empanada se la di al Güero mientras yo me servía un vino. ¿Viste cómo lo quería yo al perro ese? Siempre le daba de morfar lo mismo que lastraba yo. Y no va que a los dos minutos el bicho echaba espuma por la jeta y movía las patas como si fuera una marioneta. Quedó seco, en el acto.

—Quíja de puta, la Martita —dijo el Turco al tiempo que se apretaba con las manos el estómago.

—Así le fue a la muy puta. Terminó más o menos como vos —dijo guiñando un ojo.

Toda la mesa se había poblado de aureolas rojas de sangre que refulgían bajo la luz blanca de los tubos fluorescentes.

El doctor se excusó y salió de la habitación para buscar más gasas. Antes de irse le pidió al Naso que apretara bien fuerte el agujero de la bala.

—¿Qué es de la vida de los muchachos? —preguntó para distraer a su compañero herido.

—Hace mucho que no aparecés, loco. No sabés cómo han cambiado las cosas. No me quiero imaginar lo que va a decir el Tetas cuando te vea con esta cara.

Naso se llevó una mano a la nariz y se frotó suavemente el tabique:

—Cambió la cosa con la cirugía, ¿no?

—Sos otro tipo, Naso. Ya ni el apodo te calza. ¿Te la operaste por…? —dijo el Turco haciendo un ademán con el puño contra la cara.

—Nah. Nada que ver. La trompada que me dio el Tetas fue en la jeta, no en el napio.

—Ah.

—Pegaba fuerte, el Tetas.

—Como un porro en ayunas, sí —acordó el Turco—. Una vez se embocó un cana y lo puso.

—¿Seco?

—Como si le hubieran sacado los huesitos. Lo mató, Naso. De una trompada.

—Qué animal.

—Sep —dijo el Turco mientras intentaba ponerse de costado con dificultad—. Por eso terminó en cana, pobre Tetas.

—No te muevas, loco. Te tenés que quedar quieto.

—¿Sabés por qué le decían “Tetas”?

—Por los pectorales, ¿no?

—No —dijo el Turco entre risas y toses—, porque le gustaba que le mordieran los zonpes cuando curtía.

El Naso advirtió la sangre que había empezado a escurrirse entre los labios de su amigo, pero decidió no prestarle atención:

—No me digás que era masoca.

—A full, Naso. Muy torcido el hijo de puta.

Los hombres guardaron silencio. Sólo se escuchaba el zumbido de los tubos fluorescentes y el silbido de la respiración aguardentosa del herido. Afuera había parado de llover.

“No le queda mucho”, pensó el Naso.

—¿Vas a volver a laburar, Caporazzo? —preguntó el Turco con los dientes enrojecidos.

—Sí, pero ahora cambio de rubro.

El Turco asintió con los ojos cerrados y emitió un gruñido mientras una mueca de dolor le torcía la boca. Entre dientes agregó:

—Todavía no sé de dónde mierda vino la bala.

—Te la puse yo —explicó el Naso, justo cuando el veterinario regresaba.

El Turco abrió los ojos y lo miró fijo. En su cara se dibujó una sorpresa que enseguida dio paso a un gesto de horror cuando advirtió que el médico tenía puesta una capucha negra que le cubría la cabeza. Sólo se veía un par de ojos flotando a través de dos huecos en la tela.

—¿Qué es todo esto, boludo? —alcanzó a decir con la voz quebrada por el miedo—. ¿Qué hace este hijo de puta disfrazado?

El Naso se llevó el índice a la boca y le indicó que hiciera silencio:

—El doctor acá es el jefe, no me hagás quedar mal, Turquito.

—¿El jefe de qué? ¿Qué carajo es todo esto?

El veterinario metió la mano en el bolsillo y sacó un fajo de billetes sin prestarle atención.

—Acá está la plata, Caporazzo. Ahora desaparecé, que estamos por empezar la ceremonia.

El Naso tomó el dinero y se lo guardó en el pantalón. Se disponía a salir cuando el Turco lo agarró del brazo:

—¿Qué ceremonia? ¿Qué mierda pasa acá, Naso?

El hombre de la capucha destrabó las ruedas de la camilla y empezó a moverla en dirección a la puerta que daba a un salón, donde un grupo de seis personas más, todas encapuchadas, aguardaban en círculo sosteniendo velas negras.

—¡Naso! —empezó a gritar el Turco mientras era arrastrado hacia el interior de la casona—. ¡NASO SACÁME DE ACÁ!

Desoyendo el pedido de auxilio, se encaminó hacia la salida y cerró tras de sí la puerta del quirófano. Los gritos rebotaban amortiguados dentro del caserón cuando el Naso puso los pies en la vereda.

Sobre su cabeza una luna llena trotaba entre retazos de nubes claras. Reparó en ella mientras se ponía un cigarrillo en la boca.

Si le pagaban lo que pedía, él seguiría trayéndoles lo que querían. Se había comprometido con una causa siniestra, pero no importaba. En su mano benefactora los billetes crujían con una música perfecta.

Esta entrada fue publicada en Cotidianas, Relato. Guarda el enlace permanente.

27 respuestas a La cofradía de las capuchas

  1. José Playo dijo:

    Ofrezco disculpas por la demora, estaba sin internet.

  2. Maria Tomasini dijo:

    «En su mano benefactora los billetes crujian con una musica perfecta». Inefable toque Playo. Me resulta increible lo que una sola frase le hace a un cuento. Re-RE-Bueno.

  3. Jackie dijo:

    Mis más perversas fantasías me hicieron imaginar que era yo quien entregaba al Turco…

    Qué se yo, nunca falta el que recibe la puñalada por la espalda de quien menos se espera. Nunca lo hice, a pesar de que me lo han hecho varias veces.

    -0-

    El Tetas jajajajajaja, qué apodos por Diosssss

  4. Pingback: Bitacoras.com

  5. Fledermaus dijo:

    José, no me animo a pensar que éste es uno de los verdaderos… ¿esa casona estará en Alta Córdoba o en San Vicente?.
    Muy bueno, Playo… ¡profundo! (cuac).
    Siempre hay un Judas en cualquier grupo. De los judases que conozco, no hay ninguno que se haya ido tan al extremo… se ve que no conozco mucha gente.
    Un abrazo.

  6. Dr. CroW dijo:

    Fantabulósico!!
    A medida que leía intentaba adivinar el desenlace pero no estuve ni cerca de prever lo que escribiste.

  7. El_Agustin dijo:

    muy bien logrado (puntos suspensivos)

  8. José Playo dijo:

    @Maria Tomasini: a mí la que más me gustaba era la de la luna llena trotando, la que está sobre el final, pero gustos son gustos. Gracias, Maria, siempre me hacen mucho bien sus comentarios. Saludos a la familia.

  9. José Playo dijo:

    @Jackie: me gusta pensar en la traición como condición inherente a la raza humana. El Tetas, hago la salvedad, no está inspirado en ningún personaje de la vida real.

    @Fledermaus: parte del pacto de lectura era no decir cuáles son reales y cuáles no. Pero los que lo son, están puestos tal y como ocurrieron; me gusta mantenerme fiel a la versión original.

    @Dr. CroW: lo que significa, a) estoy mejorándome a mí mismo con los giros argumentales, o b) estás cansado cada vez que me leés, pero igual hacés el esfuerzo. Las dos son muy buenas, che 😉

    @El_Agustin: gracias, penacho.

  10. nene dijo:

    aaaahh, la desesperación de estar en esa camilla…!
    me hizo acordar cuando era nene y miraba en la tele ‘Viaje a lo Inesperado’…me cagaba todo.
    Muy bueno, como siempre muy bueno.
    Abrazo, José.

  11. José Playo dijo:

    @nene: gracias, nene. Yo también pensé en Viaje a lo Inesperado cuando el veterinario apareció con la capucha, o en algún Cuento de la Cripta (de esos que tanto le gustan a Walterio, porque el hosteador le recuerda a personajes vernáculos). Abrazo, cabeza.

  12. Dr. CroW dijo:

    José: Lo primero, sin duda que mejorás día a día 😉
    Debe ser que metiste zombies hace poco y eso me compra de una jajajaja

  13. vagina way dijo:

    Buenísimo José, a pesar de lo guacho del Naso y de lo oscuro del grupo de los encapuchados, no puedo dejar de reirme por tantas ocurrencias… jajja y tan desopilantes situaciones, desde la empanada envenenada, la cirujía de nariz y los gustos sexuales del tetas ja ja.
    Me encantó esta serie de relatos, muy buenos los cuatro. Creo que este último es mi favorito, aunque el anterior también se las trajo.
    Me queda una duda, ¿qué tiene de benefactora la mano del traidor?

  14. Gabee dijo:

    Interesante pregunta de Vagina Way jaja.

    ¡Che, José! vos sabes que te leo hace bastante y me dieron ganas de comprarme alguno de tus libros. El tema es que soy de Salta y estuve buscando por todas las librerías y no está ni siquiera en la que pertenece a la cadena de librerías El Ateneo. Me avivé, y llamé al editorial, hablé con Javier. (mm siii, ¿javier era?) y bueeeno, tenemos que arreglar para ver cómo hacemos para enviarlos (:

    Asi que bien consiga platita, junto y me compro unos tres. Qué decis?

    Me gustó bastante esta serie de relatos eh, el de los zombies, increíble. Finaditos metiches.

    Nada, bueno, primera vez que comento. Amo Córdoba, y su gente cada vez me sorprende más!

    un abrazo a la distancia.

  15. Jackie dijo:

    Gabee:

    Yo estoy en México y desde acá compré dos libros de José.

    Javier de la editorial, me hizo el enorme favor de enviarlos a Uruguay (obvio, previo pago más gastos de envío) , así que no es tan complicado el tema. 😉

    Saludos, desde muy lejos 🙂

  16. Walterio dijo:

    Me imagíné un corto en blanco negro y rojo, pero no a lo «Sin City» sino mas bien a lo Torre Nilsson.

    (Que raro resulta identificarse con el Tetas!).

  17. José Playo dijo:

    @Dr. CroW: cómo enamoran los zombies, ¿eh?

    @vagina way: el Naso termina siendo un facilitador de cuerpos sacrificables, por ahí viene la mano, aunque reconozco que como benefactor viene un poco traído de los pelos y de las tetas…

    @Gabee: qué maestro, che. Gracias por hacer semejante gestión, y me quedo tranquilo porque con Javier estás en buenas manos. ¿Tres libros? Qué bueno, loco. Muchísimas gracias y bienvenido. Saludos para Salta, conozco tu provincia y es uno de los lugares más lindos que he visto (he visto pocos, pero eso no quita que sea uno de los más lindos).

    @Jackie: Eso, usted es una pionera en materia de envíos al exterior, la prueba viviente de que los libros no conocen fronteras 🙂

    @Walterio: no sabés lo que me estoy riendo con el paréntesis, Walt.

  18. gachuflina dijo:

    hola josé. Hace mucho no escribía. Leía siempre y seguía a las corridas…la vida del laburante es así.
    Muy buenos estos relatos…todsos me dejaron aplaudiendo. El de los zombies se lleva los aplauzos, pero fue uno de los mas predecibles.
    Este, por el contrario…que desenlace!!!
    Como siemnpre las felicitaciones, la nueva casa está buena eh!!
    Compré uno de tus libros y me encantó, ya lo presté a unos amigos que también comparron y ahora son lectores del blog…me gusta sentir que pongo mi granito de arena.
    Saludos

  19. gachuflina dijo:

    uh…acabo de leer..fueron mis dedos los que escribieron?? cualquier cosa puse… igual creo que se entiende…
    La proxima prometo eliminar los errores de tipeo.
    Mas felicitaciones.

  20. José Playo dijo:

    @gachuflina: qué lindo, che. Muchísimas gracias, esa es la única y más válida promoción. Me alegra saber que disfrutaste los relatos y que estás cómoda en la nueva versión del blog. Beso y gracias.

  21. ismael dijo:

    bien loco.tengo la 1° parte del libro y un par de las revistas,viejas ya.lei el cuento en el diario de peguele hasta dejarlo morado.me gusta lo que escribis.pero este cuento esta perfeto!!!.. que hija e puta la martita,no?

  22. José Playo dijo:

    @ismael: gracias, che. Qué maestro, el isma. Abrazazo.

  23. elrober dijo:

    leí los otros de la serie «mano benefactora», pero éste es el único al que no le veo gauchada alguna por mucho que la busque, a fin de cuentas, el traidor se lleva la guita. Talvez lo que hacía era acabar con la vida de sufrimiento de sus amigos delincuentes, o talvez liberar a la sociedad de ellos?

  24. Pingback: Peinate que viene gente » Blog Archive » Me hago la película

  25. La curiosa dijo:

    Totalmente macabro Playo, totalmente macabro y buenísimo..!Me cagó de gusto(perdón por la palabra), la verdad muy bueno..!Me sorprendiste con el final, totalmente inesperado. Ahora me voy a ver el corto…ji ji quería primero leer el cuento…

  26. Evelin dijo:

    Me encantó el cuento, al que llego después de haber visto el corto, también muy bueno.
    Sobre todo porque respeta bastante los textos escritos por vos originalmente.
    Muy bueno, felicitaciones, y… es verdad que vas a escribir en la primera revista de Orsai????
    Genial!

  27. Pingback: Reseña de los libros Peinate que viene gente, La belleza del escándalo y Peinate Vol. II – Dayana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *