Le evolución del monstruo

Inclusive hoy –que ya soy grande y tengo más herramientas–, la bestia todavía me puede ganar la pulseada.

De todas mis obligaciones es la más agotadora, silenciosa y complicada. Y sin dudas a la que más tiempo le he dedicado toda mi vida.

Calculo que por eso siempre le tuve tanto cariño a la criatura inventada por la dupla Stan Lee-Jack Kirby en mayo de 1962. En realidad descubrí al Increíble Hulk años más tarde, cuando Bill Bixby y Lou Ferrigno (hombre y bestia respectivamente) compartían pantalla a la hora de la merienda para mostrar al único superhéroe que no tiene control sobre sí mismo.

Me identifiqué con el personaje de inmediato; a la pulcritud exasperante de Superman, al humor pícaro del Hombre araña y a la facha arrolladora de Batman, se oponía el descontrol total de ese bicho que hacía bosta todo a su paso.

Ahí donde un Iron-Man se quedaba flotando en los vientos huracanados de la duda sopesando soluciones diplomáticas, ahí donde Thor hablaba del poder de los dioses y los conjuros, Hulk arrasaba sin preámbulos, volteaba paredes y hacía volar por el aire los autos. Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 1 comentario

Van Gogh para niños

Más o menos una vez al mes, mis hijas cambian de profesión. Creo que, salvo por las de astronauta y contador público, pasaron por todas las carreras.

–Cuando sea grande, voy a ser médica de gatos –dicen un día, con la misma convicción que al siguiente pueden asegurar que se dedicarán a ser intendentas honestas.

Lo que es la inocencia de los niños.

Hablamos cada tanto de los goberntantes cuando vemos las pintadas callejeras que califican a los funcionarios con el cordobesismo «culiadazo», y las charlas tratan temas tan disímiles como las ciencias políticas y el uso del aumentativo.

Intento explicarles todo con la mayor claridad que puedo, y a veces peco de bocón al no usar eufemismos.

Será que no quiero subestimarles la maduración, será que me encanta escuchar cómo crujen los engranajes de sus paradigmas infantiles cuando sus cabecitas van ampliando el espectro de entendimiento. Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | Deja un comentario

Galopear la realidad

La velocidad máxima a la que puede correr un ser humano es de 45 kilómetros por hora (eso si hablamos de un deportista entrenado o de un preadolescente al que la madre lo persigue blandiendo en la mano una chancleta).

Por su parte, un león hambreado que se cruza con una gacela puede alcanzar los 80 kilómetros a toda baba. Y esa marca se aproxima bastante a la que puede romper un caballo, que bien espoleado y ligero de peso consigue –sobre superficies propicias– taconear los 90 kilómetros por hora.

–¿Cómo sabés esas cosas? –me pregunta mi hija.

–Porque en mis tiempos libres googleo pavadas –me sincero–. Y porque no me llevo bien con los caballos.

–¿Nunca anduviste a caballo? –quiere saber con la carita embargada por la intriga.

Le explico a mi hija que son animales demasiado altos, musculosos e impredecibles. Y que me siento más cómodo cuando están lejos.

–Monté muy pocas veces en la vida y siempre en verano –le confieso–; y es todo lo que voy a decir al respecto.

Adrede elijo callar una experiencia traumática que tuve, porque no quiero que herede mis miedos. Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | Deja un comentario

No olvido el patio del colegio

Yo sabía que a esa hora de la mañana me esperaban una buena y una mala: primero, el placer de imitar a un tenor cantando el himno mientras izaban la bandera; segundo, la amenaza del Tanque Marini, un compañerito que se afeitaba los bigotes desde segundo grado y que –por alguna razón emparentada con el sadismo– disfrutaba del dolor ajeno casi tanto como de chupar el saché de los juguitos congelados.

Su técnica favorita para infligir castigo era la aplicación trapera de un tincazo en el cartílago de la oreja.

¡Cuánta maestría había en ese golpe salido de la nada!

Recuerdo como si fuera hoy el ruido, el fogonazo de adrenalina y susto, y la brutalidad de la impotencia (sobre todo cuando era invierno) al sentir que se te partía la carne como si fuera una galleta de agua.

El Tanque Marini se había ganado el apodo por el calibre de su humanidad y su peso específico. Pero a pesar de esa anatomía monstruosa se las ingeniaba para hacer movimientos ninjas mientras formábamos fila y –escurriéndose entre la hilera de piernas– daba el tincazo sin hacerse notar, justo en el instante en que la directora carraspeaba para dar los buenos días. Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | Deja un comentario

Modo «invernalia»

El Tato es joven, tiene fuerza y anda sin laburo fijo. Es hijo de uno de los albañiles que construyó la casa de mis viejos y se da maña para hacer de todo.

Así que cada tanto golpea las manos y me pregunta desde la calle si hay alguna changa. A veces hay, a veces no.

–No tengo un mango, Tato –suelo decirle–, pero apenas me gane el Quini te aseguro que se acabaron los problemas.

Me está costando una fortuna ser millonario. Claramente elegí el camino más complicado, que es apostar todas las semanas un billete para embocar una combinación de números azarosa en el Quini y en el Loto. Me tengo una fe infantil, cimentada sobre la idea de que alguna entidad divina me va a recompensar por la insistencia.

–¿Quiere que arreglamos el alambre? –me propone mientras acaricia la perra–. Hacemos la jornada por comida hasta que aparezca la moneda. Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | Deja un comentario