Mi amigo, el doctor

En 2003, mi estado físico llegó a un grado de decrepitud tan deplorable que un día, recién levantado, tuve frente al espejo del botiquín del baño una epifanía: me quedaba una única oportunidad para poner mi cuerpo a tono por última vez.

Después de eso, por la ley de la gravedad y por los avatares del crecimiento, lo que me esperaba era una lenta e inexorable cuesta abajo, que sólo podía terminar en una triste papada mórbida o en un piadoso infarto miocardial por correr un colectivo.

Había superado las tres cifras de peso y gran parte del sobrante adiposo se acumulaba en la zona abdominal y en la cintura. Además, por vicios posturales, una giba incipiente me había doblado en dos la espalda.

Pero el principal problema era mi estado anímico. Una ruptura amorosa reciente me había sumido en una profunda depresión, que combatía a duras penas con golosinas y bebidas alcohólicas. Esa era mi dieta básica en aquellos primeros años de la década de 2000.

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 2 comentarios

Mala suerte en el juego y en el amor

La primera vez que lloré por amor fue en un clásico que jugó Belgrano en Alberdi, allá por la década de 1990. En ese momento, mi tío Victorio Nicolás Cocco era director técnico del equipo celeste y Córdoba bramaba ante la expectativa por el resultado.

Mientras a mi alrededor todo eran papelitos y cornetas, yo caminaba por la Colón comiéndome las uñas, sin importarme nada del resultado. A mí me preocupaba el encuentro con quien en ese momento era mi novia.

Era mi primer amor y mi corazón estaba más embargado que el de ella. El amor, se sabe, es una partida en la que uno de los apostadores siempre tiene más fichas en juego que el otro.

–Te amo –le dije después de nuestro primer beso, juntando coraje.

–Callate, ¡qué vas a amar! –me contestó ella.

Me había tocado probar por primera vez un montón de experiencias con ella y todo me indicaba que aquella pequeña mujer de 1,50, que besaba como si quisiera curarme la sinusitis, que me hacía escuchar canciones de Ricardo Montaner hasta darme náuseas, que me llevaba los fines de semana a darle tutucas a los patos en el Parque Sarmiento, era el amor de mi vida.

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 4 comentarios

Desliz

Antes de terminar, no dijo “Mariana”, dijo “Ana”. Ella se lo sacó de encima con un empujón.

–¿Quién es Ana?

–Quise decir Mariana – contestó él enjugándose la frente transpirada.

–Pero dijiste “Ana” –agregó ella mirándolo fijamente a los ojos–. Dijiste “Ana”.

Se quedó pensando. La noche anterior Mariana le había leído un artículo en una revista. En el artículo, una psicóloga decía que a partir del momento en que uno de los integrantes de la pareja empieza a pensar en un tercero para excitarse, la relación está terminada. Se miró entre las piernas, justo para captar el momento en que la erección se le iba al piso.

–El artículo de mierda ese –dijo él mientras se sentaba y buscaba el paquete de Mogul de la mesa de luz.

Ella eligió fumar.

–¿Ana es Anita? ¿Tu compañera de trabajo?

–Sí –reconoció con un tono severo, bastante poco frecuente para dirigirse a Mariana–. Es Anita. Mientras cogíamos, se me cruzó la cara de ella y me confundí. Ahora no me vengás con que nuestra pareja está terminada como dice esa revista pedorra porque me parece una pelotudez.

Mariana se limitó a mirarlo dejando que el cigarrillo humera en su mano.

–Bueno –rotomó él con tono de conferenciante exageradamente paciente–, pero es que ustedes las mujeres no entienden: todos los tipos pensamos en otra mujer cuando estamos cogiendo, no soy sólo yo. Si hacés una encuesta, te aseguro que el 99,9% te dice que piensa en otra mu…

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 8 comentarios

El Señor de los Membrillos

El 31 a la noche se me pasó cagando. Ojalá fuera en sentido figurado, pero el malestar general empezó la mañana del 30 y ya a la noche no daba más. Me inyecté un Reliverán mezclado con Buscapina, pero la última vez que había manipulado una jeringa todavía me funcionaba la diestra, así que en esta vuelta, por falta de práctica, me la clavé más o menos en la cadera.

Me autorreceté mucho líquido y Regulane. Pero cerca de las diez de la noche me prescribí un permitido porque tenía que comer algo, así que me fui a buscar dulce de membrillo y queso con los cachetes del culo fruncidos.

Lo único abierto un 31 a la noche en todo el coñosur es un supermercado chino que está sobre Obispo Salguero, a media cuadra de La Zete. Entré con mucho dolor de panza y de cadera mientras un chino de edad indefinida miraba con atención a un grupito de tres que se paseaban por las góndolas.

–Membrillo –dije.

–Embisho, sí, embisho –dijo–. Espere po favó.

El hombre metió una mano en el bolsillo, sacó un iPhone de última generación y le tocó la pantalla dos veces. Con la mano libre aprovechó para acomodarse los huevos por encima del pantalón. Hacía calor.

Cuando le contestaron la llamada, me repitió:

–Embisho, sí. Espere po favó.

Me puse a ver la mercadería. No había nada de origen chino. Yo sentía que adentro del cuerpo tenía una fiesta rave de líquidos y me dolía cada vez más el culo por la inyección. Me fui hasta una heladera y saqué un Gatorade familiar y una 7Up. Los dejé sobre el mostrador y de la nada apareció una mujer china, también de edad indefinida, con un nene de año y medio en brazos. La miré y le dije:

–Embisho. Y queso.

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 6 comentarios

Carta a Niki

Hola, Cucú. Ya sé. La señora del departamento de abajo está pelada y usa un pañuelo que le cubre la cabeza. Cuando tose, parece un trombón, como si en el pecho arrullara el bebé de un trueno y ustedes se sobresaltan.

No pasa nada.

Ahora te escribo porque es tu cumpleaños. Vas a por las ocho velas. Son un montón. Y me alegra mucho que sigas con entusiasmo sumándole candelitas a las tortas. Me gusta que estés feliz. Pero.

No soy bueno dando consejos. De hecho, odio los consejos, así que no confíes en lo que digo. Sólo los ciegos están preparados para confiar ciegamente.

Parece que fue ayer cuando me enteré que venías y terminé en la guardia de un hospital con un ataque de pánico. Justo a mí, que no podía ni cuidarme solo, le tocaba semejante responsabilidad.

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 13 comentarios