Con el culo en la mano

Hay algo a lo que le temo más que a la muerte. Algo que, de sólo pensarlo, se me hiela el alma: temo ir en cana. Fundamentalmente porque el destino de los gorditos burgueses en las prisiones, por más sofisticadas que sean, es que se los culeen.

En la enciclopedia de mi mente, al lado de la palabra “pánico” hay una horda de tipos en camisetas de fútbol y ojotas, turnándose para empujarme los vagones.

No sé si le han puesto nombre de fobia a este miedo paralizante. Hay nombres de fobias para cada pelotudez…

Sucede que de sólo pensar en esa posibilidad, ante la más mínima chance de verme envuelto en una serie de hechos desafortunados que desencadenen en un arresto y en una posterior bajada de pantalones, me cago de miedo.

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Los cielos del centro

Lo mejor era que mi vecina se podía robar la llave de la terraza. Subíamos a ver la tarde suicidándose contra las ventanas de las oficinas del centro, veíamos al sol mordiéndole la silueta a las antenas, a los pilares rematados en bollos de cable.

Y la luz de esos días de otoño le ponía a ella la piel como un durazno, y yo le hubiera dado, con todo gusto, un mordisco.

No hacía falta decir mucho. Uno que otro “mirá allá”, cuando las palomas planeaban sobre la peatonal y se perdían en la sombra de los balcones.

El centro desde arriba era un túnel de hormigas con un techo de telarañas negras.

Nunca me animé a decirle que me gustaba. Nunca atiné a tomarle la mano. Y lo pensaba. Y hasta calculaba el momento en que algo en la forma en que se quebraba el día sirviera para darme valor. Nunca lo hice. Todavía me queman los labios los besos que no atiné a convidarle.

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La década improvisada

Ya no debe quedar un alma en esta ciudad, pero igual tengo que contarlo. Mañana -28 de diciembre- Peinate que viene gente, el proyecto de mi revista monocromática y de humor pavo que usé para aprender a escribir, cumple diez años. Hace diez años, un día como el de mañana, llegué a mi casa con una caja con 500 ejemplares de unas hojas que enseguida me avergonzaron… ¡Pero vieran qué linda!

Lo primero que hice fue llevarla hasta la calle Rondeau, donde empecé a entregarla a diestra y siniestra. En pocos minutos me quedé sin nada. Ha pasado una década desde aquella primera tarde en la que dije:

-Má sí, se van todos a la mierda.

Y desde entonces, Peinate no ha dejado de darme satisfacciones. Con ella aprendí a tantear. Es el único proyecto que he podido sostener en el tiempo, porque nos conocemos y nos respetamos, y porque sabemos que cada uno está ahí para el otro cuando haga falta.

Eso es suficiente.

Un día como el de mañana pero hace una década, empecé a construir una escalerita que, sin darme cuenta, me sacó de un lugar gris y apagado.

Ahora ese tiempo parece lejano, pero no he dejado de pensar en ese día desde entonces. Todo de ahí en adelante, desde que me volví a casa con una caja vacía y hasta hoy, no ha sido más que improvisar. Siempre con miedo a meter la pata. Y metiendo la pata casi siempre.

No hubiera podido soportar ni una sola caída sin ustedes dos, que son mi aliento y mi red: gracias, Peinate que viene gente. Gracias, José Playo.

Estoy para lo que necesiten. Búsquenme en las terrazas de los que están conformes al mirar diez años para atrás.

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(ilustración del enorme Luis Paredes)

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Cortito y al pie

Había una vez en Córdoba tres realizadores de la concha de la lora que agarraron el cuento de un escritor e hicieron de ese texto choto una cosa que al escritor lo dejó sentado de culo. Los tres realizadores se llamaban Juan Trossero, Pablo Bocco y Lua Barchi. Lo que hicieron fue genial y pasó a formar parte de las cosas con las que sonríe el viejo escritor mientras le cambian los pañales en el geriátrico. Era una versión absolutamente libre, intertextual y cómplice de homicidio de aquel cuento, y el señor que hacía del escritor era el ENORME Gonzalo Marull.

“Pónganle punto final a 2013″, dicen que dijo el autor. “No puedo pedir absolutamente nada más; que me aplaste hasta ahogarme el puto futuro”, dicen que agregó.
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Dos ladrones, un escritor y una actriz fracasada son los personajes de esta historia que oscila entre la realidad y la ficción.
El film comienza cuando Capucha y Toni le roban a José Playo el cuento que contiene el relato de lo que está sucediendo en la película. Esta situación permite la aparición de Silvia, una actriz amiga de José que le va a ayudar a recuperar el cuento y que está dispuesta a todo para obtener un papel de cine.
Un film realizado por Juan Trossero, Lucía Barchi y Pablo Bocco
Diciembre 2013 – Córdoba – Argentina

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Sopláme la vela

Hace justo un año empezaba un viaje intenso y lleno de cosas nuevas que había que entender y aprovechar. A la una de la tarde fumé el último cigarro antes de entrar en camilla hacia la cirugía. Tenía un gusano, per0 es una historia larga que está mejor explicada unos links más abajo.

El cuerpo es una maquinaria infernal. La vida también.

Al menos una vez al día, desde hace un año, intento descifrar cuál es el mensaje, cuál es el aprendizaje. Cada vez estoy más cerca. Lo único sobre lo que ya no tengo sospechas es sobre lo que más me gusta hacer. Algo que incluso está más bueno que coger.

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