Justicia poética

Era una época en que la fobia me había engrillado fuerte. Hacía una revista con el nombre de este blog por la noche y aprovechaba para vender publicidad en bares y negocios que abrieran preferentemente tarde. O que me dieran de beber, así se me iba la ansiedad y el miedo. Todavía no había empezado tratamiento.

Era 2003 y no había redes sociales, lo que equivale a decir que todo el mundo era anónimo y no sabías quién era amigo de quién. No le conocías el entorno, la gente en común, los gustos, el físico, el interior del baño, los hermanos, los padres. El mundo era una puta jungla.

Y en esa jungla yo había conocido a una chica que tenía una casa en la que me sentía seguro.

Tenía un departamento en una terraza y el sol entraba por todas partes. Yo me la pasaba encerrado fumando y estaba cadavérico y a ella le gustaba tumbarme al sol para verme refulgir. Le entusiasmaba mi salud mental endeble y me daba de tomar vodka con naranja para que me soltara y le contara mis penas. Eso, aparentemente, la excitaba. Por el contrario, cuando me daba cuenta del juego, me sacaba de las casillas. Era como una rutina que teníamos después de coger al sol en su departamentito.

–Tu piel me hace acordar a la de El David –me decía.

–El pito te debe hacer acordar también.

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 17 comentarios

Desliz

Antes de terminar, no dijo “Mariana”, dijo “Ana”. Ella se lo sacó de encima con un empujón.

–¿Quién es Ana?

–Quise decir Mariana – contestó él enjugándose la frente transpirada.

–Pero dijiste “Ana” –agregó ella mirándolo fijamente a los ojos–. Dijiste “Ana”.

Se quedó pensando. La noche anterior Mariana le había leído un artículo en una revista. En el artículo, una psicóloga decía que a partir del momento en que uno de los integrantes de la pareja empieza a pensar en un tercero para excitarse, la relación está terminada. Se miró entre las piernas, justo para captar el momento en que la erección se le iba al piso.

–El artículo de mierda ese –dijo él mientras se sentaba y buscaba el paquete de Mogul de la mesa de luz.

Ella eligió fumar.

–¿Ana es Anita? ¿Tu compañera de trabajo?

–Sí –reconoció con un tono severo, bastante poco frecuente para dirigirse a Mariana–. Es Anita. Mientras cogíamos, se me cruzó la cara de ella y me confundí. Ahora no me vengás con que nuestra pareja está terminada como dice esa revista pedorra porque me parece una pelotudez.

Mariana se limitó a mirarlo dejando que el cigarrillo humera en su mano.

–Bueno –rotomó él con tono de conferenciante exageradamente paciente–, pero es que ustedes las mujeres no entienden: todos los tipos pensamos en otra mujer cuando estamos cogiendo, no soy sólo yo. Si hacés una encuesta, te aseguro que el 99,9% te dice que piensa en otra mu…

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 8 comentarios

El Señor de los Membrillos

El 31 a la noche se me pasó cagando. Ojalá fuera en sentido figurado, pero el malestar general empezó la mañana del 30 y ya a la noche no daba más. Me inyecté un Reliverán mezclado con Buscapina, pero la última vez que había manipulado una jeringa todavía me funcionaba la diestra, así que en esta vuelta, por falta de práctica, me la clavé más o menos en la cadera.

Me autorreceté mucho líquido y Regulane. Pero cerca de las diez de la noche me prescribí un permitido porque tenía que comer algo, así que me fui a buscar dulce de membrillo y queso con los cachetes del culo fruncidos.

Lo único abierto un 31 a la noche en todo el coñosur es un supermercado chino que está sobre Obispo Salguero, a media cuadra de La Zete. Entré con mucho dolor de panza y de cadera mientras un chino de edad indefinida miraba con atención a un grupito de tres que se paseaban por las góndolas.

–Membrillo –dije.

–Embisho, sí, embisho –dijo–. Espere po favó.

El hombre metió una mano en el bolsillo, sacó un iPhone de última generación y le tocó la pantalla dos veces. Con la mano libre aprovechó para acomodarse los huevos por encima del pantalón. Hacía calor.

Cuando le contestaron la llamada, me repitió:

–Embisho, sí. Espere po favó.

Me puse a ver la mercadería. No había nada de origen chino. Yo sentía que adentro del cuerpo tenía una fiesta rave de líquidos y me dolía cada vez más el culo por la inyección. Me fui hasta una heladera y saqué un Gatorade familiar y una 7Up. Los dejé sobre el mostrador y de la nada apareció una mujer china, también de edad indefinida, con un nene de año y medio en brazos. La miré y le dije:

–Embisho. Y queso.

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 6 comentarios

Carta a Niki

Hola, Cucú. Ya sé. La señora del departamento de abajo está pelada y usa un pañuelo que le cubre la cabeza. Cuando tose, parece un trombón, como si en el pecho arrullara el bebé de un trueno y ustedes se sobresaltan.

No pasa nada.

Ahora te escribo porque es tu cumpleaños. Vas a por las ocho velas. Son un montón. Y me alegra mucho que sigas con entusiasmo sumándole candelitas a las tortas. Me gusta que estés feliz. Pero.

No soy bueno dando consejos. De hecho, odio los consejos, así que no confíes en lo que digo. Sólo los ciegos están preparados para confiar ciegamente.

Parece que fue ayer cuando me enteré que venías y terminé en la guardia de un hospital con un ataque de pánico. Justo a mí, que no podía ni cuidarme solo, le tocaba semejante responsabilidad.

Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 13 comentarios

Ocho australes

Los adolescentes tienen la cara como una hoja en blanco. A esa edad el mundo está con los plásticos puestos, y hay tan poca historia personal para contrastarlo, tan poco bagaje previo para acomodar las cosas, que las experiencias son pura anarquía y hedonismo.

Siempre ha sido así a esa edad. Siempre ha habido muchos que la pasan mal.

La diferencia en mi época era que no te podías abrir un tuiter para sacarte la bronca. Cuando mucho, te inscribías en karate y le pegabas patadas a una bolsa. Los chicos de hoy son más propensos a ponerse como unos aros de madera redondos dentro del lóbulo de la oreja, algo que, claramente, ha de ser más incómodo que la mierda pero que les sirve para canalizar.

La adolescencia es ese período de tiempo ideal para dejarse los lóbulos largos. Después no se puede, a no ser que te vuelvas tatuador o algo por el estilo.
Sigue leyendo

Publicado en Breve relato | 13 comentarios